domingo, 22 de enero de 2017

SOÑAR EN LAS ALPUJARRAS. LA BODA DE ALMANZORA


                                                                        Por las Alpujarras. Óleo sobre lienzo. 46x34. José Medina Villalba

                Hoy me ha pasado algo parecido a lo que siempre me ocurre cuando termino de pintar un cuadro.


              Me he quedado observando lo que mis pinceles, impregnados de óleo, han sido capaces de hacer; han bailado, como lo suelen hacer las danzarinas de ballet, he dado unos pasos en allegro, 


     con movimientos rápidos de mis cerdámenes, a veces con ligereza, otras con suavidad, quedando el pincel en el aire, por momentos, antes de entrar de nuevo a resbalar sobre la superficie del lienzo, se han deslizado, como el mejor patinador en la pista de hielo dando saltos, 


      con giros como el ángel, manteniéndose sobre un patín mientras la otra pierna permanece elevada sobre la cabeza; en este caso el patín era el pincel, la pista el lienzo y el ángel el variopinto color.


             Cuando el gran literato, Pedro Antonio de Alarcón, llegó a la puerta de entrada a Las Alpujarras, sabiendo el paraíso que iba a contemplar, dijo: “soltemos ya la pluma y cojamos los pinceles. Dejemos a los hombres, y contemplemos la Madre Naturaleza. 


                           Castillo de Lanjarón, a las puertas de Las Alpujarras.

     Olvidemos las enfermedades físicas y morales que recuerde esa villa, y digamos todas las excelencias del cuadro que acaba de aparecer ante nuestros ojos”.

                            Monumento dedicado a la puerta de entrada a las Alpujarras: Lanjarón.

                 Así que, mis querido lectores, si queréis uniros a este esotétido sueño que en estos momentos me invade, mientras observo el óleo recién terminado,


       coged las alforjas y os venís conmigo a recorrer estos parajes encantadores, porque estamos invitados a la boda de Almanzora.
                Tomad los caballos que os tengo preparados, porque tenemos que recorrer sesenta leguas hasta llegar al lugar del destino.

                                          Los jaramagos del camino.

               Era muy de mañana, cuando partimos en perfecta formación; estaba hermosa, refulgente, el cielo nos sonreía, y la primavera con su perfume de amarillentos jaramagos, a la vera del camino, perfumaban el ambiente, y recreaban la visión.



                El silencio era el único lenguaje que se percibía, solamente el trote extendido del grupo, y el sonido al chocar los herrados cascos de la caballería que, en algún momento, hacían saltar chispas al chocar con algún pedrusco del camino.

                                         Los llanos de Armilla

         Para aquellos que no hayan querido unirse a la expedición, y estén tranquilamente sentados en la butaca o el sofá de la casa, que no se extrañen que vayamos en el único medio que en estos momentos existe, porque estamos en el año 1567.

                   Desde el Suspiro del Moro contemplamos la feraz planicie de la Vega...

              Después de recorrer los extensos llanos de Armilla, donde Dios quiso poner algo del desierto, llegamos al Suspiro del Moro desde donde contemplamos la feraz planicie de la Vega, las moradas rocas de Sierra Elvira, las blancas casitas de la Granada mora, el verdor de los jardines, el río Genil fluyendo entre las alamedas, el Darro bramando entre las rocas después de un día de tormenta, cerca el despeñado Dílar, el río Monachil y el Beiro, formando un entramado de plata.



                                      Los capitanes de los tres mil metros

                   Allá en la lejanía el bermejo del castillo rojo, que con lágrimas en ojos dejó Boabdil, y en lo alto como queriendo aplastarnos con la esbeltez de su cuerpo la gigantesca Sierra Nevada, con sus cuatro capitanes de los tres mil metros: Alcazaba, Mulhacén, Veleta y Caballo, vestidos de blanco y dejando el resuello de su existencia con una helada brisa que cortaba el cutis en esas primeras horas de la mañana.

                                       El bermejo del castillo que dejó Boabdil

                   Granada, se veía blanquear a lo lejos, tendida en las colinas de la Alhambra y el Albayzín, como una esclava envuelta en cándida capa morisca, echada sobre oscuros almohadones. Ya no se divisaban los más mínimos detalles, sino una ráfaga de blancura, intensamente alumbrada por un sol naciente, bajo un purísimo azul del cielo.

                                  El mejestuosos Valle de Lecrín

                 Entramos en el mayestático Valle de Lecrín, el panorama cambió de aspecto, porque el Valle no es una concavidad lisa como suelen ser todos los valles, sino que contiene fértiles colinas donde se abrigan diferentes pueblos. Allí abunda el exquisito aceite, excelentes cereales, y variada fruta.


                                         El perfume del azahar aromatiza la zona

              El perfume del azahar, de la inmensidad de naranjos con los que se viste este sitio, aromatiza la zona, al mismo tiempo que ofrecen una panorámica que se sale de lo normal.
                  -Xoooo!! 
          Detuve el caballo, tú, que nos acompañas y los demás hicieron los mismo, era el momento de sacar de las alforjas algo para desayunar, algunos prefirieron acercarse a los naranjos y deleitarse con el rico sabor que allí se dejaba coger.
   Las alforjas

            De mis alforjas saqué un buen chorizo y una hogaza de pan de Alfacar

               De mis alforjas saque un buen chorizo, lo coloqué sobre una hogaza de Alfacar y, navaja de muelles en mano, lo fui troceando y engullendo.
             La Naturaleza, inmortal artista, seguía complaciéndonos ofreciéndonos contrastes de paisaje inigualables.

                                   Escaramuzas de cristianos y agarenos

             Sin embargo la imaginación se nos llena de tristeza al evocar en aquellas tierras que chorrean sangre de cristianos y agarenos en contiendas y escaramuzas.

                                     Humedales y turberas  del Padul

               Seguimos hacia Dúrcal distante una legua y nos sorprendió la inmensa laguna del mismo nombre donde radica, Laguna del Padul, con sus turberas, flora, y fauna enriquecedoras.

                                        La rica Vega de Dúrcal

                     La bella y rica Vega de Dúrcal, al pie mismo de la Sierra, arropada por las circunstancias orográficas que la rodean son la causa principal de su existencia, sin ellas no existiría y quizás tampoco este pueblo, con lo que habría un pueblo menos en el mundo.

                              Divisábamos a poca distancia la torre de la mezquita

                 Pero Dúrcal existe donde lo colocó, en los remotos designios de los tiempos, la Naturaleza, y nosotros íbamos a entrar en él pues ya divisábamos, a poca distancia, la torre de su mezquita y los ecos musicales, a modo de liturgia, del almuédano que, llamaba a la segunda oración del día a sus habitantes.
               Padul nos había ofrecido la serena placidez de la montaña, Dúrcal nos ofrecía el gracioso júbilo del llano.


                            La caballería algo cansada se puso a abrevar
              La caballería algo cansada del largo caminar se detuvo a abrevar en la límpidas aguas del río Torrente, y Talará nos dejó vía libre para seguir nuestro camino, escuchando el vibrante martilleo del herrador y el cacareo alborotado de las gallinas en los corrales.

                                                      Pinos del Rey o Pinos del Valle

                 Seguimos cabalgando, a lo lejos una aldea, con el minarete a modo de espadaña clavada en el centro, tapada por un bosque de frutales en flor y de naranjos y limoneros cargados de fruto, más que una aldea parecía, un nido paradisíaco, un vergel mitológico, el sitio de recreo de un príncipe de las Mil y una Noches, o la isla sagrada de una diosa del Olimpo, era Pinos del Rey o Pinos del Valle.



                                                Mondújar

                   Mondújar se nos quedó a la izquierda, el lugar donde pasó sus últimos años amargado, el viejo Muley Hacen.
                  Llegamos a ¡Béznar!, todo sonriente, cuya espléndida lozanía verdeguea al final de todas sus arábicas callejuelas.

                                                   Puente de Tablate
                    Aún suena en el aire el sonido de los aceros de las cimitarras y de las espadas...

                   El Puente de Tablate nos esperaba, donde aún suena el sonido de los aceros de las cimitarras y las espadas cristinas, para comenzar el ascenso al lugar de nuestro destino, Las Alpujarras.
                 ¡Alto y parada! Lanjarón célebre en el mundo por La fecundidad y riqueza del edén y por la virtud de sus aguas medicinales.


                    Quise tomar uno de esos ricos y gigantescos buñuelos que allí se hacen, en enorme sartén repleta de aceite, e invitar a toda la troupe, pero me di cuenta al instante, que no estaba en el 2017, sino en el 1567, 



 por lo que opté por beber agua en una de las múltiples fuentes que allí hay, para comenzar la subida ascendente hasta llegar al lugar de nuestro destino, después de dejar atrás Lanjarón y Órgiva.


                                        El Barranco de Poqueira

               El Barranco de Poqueira estaba ya a nuestro alcance, especie de sima puesta de pie que parte de arriba abajo la Taha de Órgiva. Allí se encuentran haciendo equilibro, colgados,  a modo de  grandes balconadas blancas, como si quisieran rodar para abajo y precipitarse en el fondo del barranco, las tahas de Pampaneira, Bubión y Capilerira.

                  Bubión . Óleo sobre lienzo. 54x44. José Medina Villalba

         Posiblemente, querido lector, que en estos momentos te encuentras tranquilamente leyendo este relato en tu butaca, no te has percatado lo que nos horrorizó el final de esta boda a la que vamos a asistir. Los esponsales y toda la fiesta que se montó, sensacionales, pero las funestas consecuencias con las que se dio fin, ¡horribles!

                     Una calle de Bubión. Óleo sobre lienzo. 44x32. José Medina Villalba
                 
             -¡¡Pero bueno!!, ¡¡ya está bien de viaje!!, que aunque no me he movido de mi aposento, estoy más cansado que los que vais a caballo.
           ¿Me cuentas, de una vez por todas, la boda?
            -Tranquilo amigo lector.
            -Vamos a narrarlo todo, tal como sucedió.

                                                   La Taha de Bubión
                               Las fachadas engalanadas con vistosos colores.

             La Plaza principal de la Taha de Bubión, se encontraba engalanada con las mejores ostentaciones: vistosas colgaduras pendían de las balconadas y terrazas, las fachadas engalanadas con vistosos colores de los geráneos, chadores multicolores cubrían el cuerpo de las agarenas y bellas capas y chilabas la de los hombres.

                                       Las mejores vestimentas para la boda

                  Nos colocamos, después de dejar las cabalgaduras en las afueras del pueblo, en primera fila, no molestábamos ni quitábamos visión a nadie, nuestro estado incorpóreo lo permitía.

                                                D. Fernando de Valor, Aben Humeya.

                  La Taha de Bubión fue elegido por D.  Fernando de Valor, cuando tomó el nombre de Aben Humeya, por corte de sus pequeños estados, al capitanear en son de rebelión a los insurrectos de las Alpujarras.

                       Se celebraban fiestas con motivo de algún fausto.

                Lo mismo administraba justicia en dicha pueblo, que distribuía las fuerzas de su pequeño ejército, que celebraba en él fiestas con motivo de algún fausto suceso. De todas ellas ninguna tan notable como las que en él tuvieron lugar el día primero de septiembre de 1567, con motivo de efectuarse las bodas de Almozabar, favorito del rey, primer capitán de sus ejércitos, con la hermosa Almanzora, la más bella entre las doncellas del país.

                           Almanzora, la más bella de las doncellas del país.

                                    Ejercicios de fuerza entre los capitanes moros.

               Habíanse anunciado juegos de valor y ejercicios de fuerza entre los capitanes moros, en presencia del rey, y en efecto, estos tuvieron lugar, quedando vencedor el capitán Maleh, que derrotó en buena lid al jefe turco que le disputaba el triunfo.

                                   Los esponsales de Almanzora y Almozabar.

                Cuando todos estaban embelesados con la alegría de la fiesta, y los esposos ansiaban llegase el momento de no separarse más, un espía penetró en la plaza y anunció que la guarnición de Tíjola había sido sorprendida por los cristianos. Entonces a los gritos de alegría sucedieron los de combate y el rey sin vacilar llamó a Almozabar, y le encargó la defensa de la plaza acometida, aunque le fuese dolorosísimo separarse en tan críticos momentos de su adorada Almanzora.
             
                                     Almozabar camino de Tíjola. 

            El vasallo leal, no puso objeciones al mandato del rey. Dejó atribulada a su querida esposa, y decidido marchó a Tíjola a defenderla de las acometidas de los cristianos.


                                    Castillo donde estuvo secuestrada Almanzora.

              -¿Qué fue entre tanto de Almanzora?
           Su imagen había trastornado el alma de Aben Humeya, desde que la vio en la plaza. Y enardecido su espíritu ante la idea de que otro hombre iba a poseer mujer tan singular, ideó la estratagema de que anunciaran el peligro en que estaba la población de Tíjola, encargando a Almozabar su defensa, y de esta manera poder poseer a Almanzora, trasladándola a un castillo cercano.

                                    El  espectáculo festivo se suspendió.

              Nosotros expectantes, disfrutando de la fiesta, no salíamos de nuestro asombro al contemplar lo que estaba sucediendo, el espectáculo festivo se suspendió, y nos quedamos dando una vuelta por el pueblo, atentos y vigilantes, a ver que sucedía, porque algo extraño, teniendo, “la mosca detrás de la oreja”, nos daba la impresión que iba a ocurrir.

                                            Almanzora repudió los  halagos a Aben Humeya.

                 Así sucedió. Aquella noche fue sorprendida la infeliz doncella. Se le hizo creer que la llamaba su esposo, herido en el combate, y al abrir la puerta de su jardín, cuatro enmascarados la condujeron al castillo de Caniles, donde la aguardaba Aben Humeya.

                                        Empleó todas las seduciones...

                 Éste empleó todas las seduciones para atraerla a su cariño, pero nada pudo conseguir; herido su amor propio, ideó otra infamia para concluir con aquella mujer que tan altaneramente le despreciaba como hombre y como rey.
                 
                                          Bubión
              Huyó de Caniles volvió a Bubión, allí estaba Almozabar buscando a su Almanzora.
                Por encargo del rey, el esclavo Aldin le descubrió el retiro oculto de la hermosa, y volando volvió en su busca, acompañado de aquel que creía un fiel servidor.
                


              Por fin los amantes se encontraron nuevamente y próximos a ser felices. Pero el peligro arreciaba. Podían ser descubiertos, y entonces no había posible salvación.

                                       En la fuente encontraron la muerte

              Salieron raudos. Atravesaron aquellos montes, y vencidos por la fatiga, al tomar un poco de descanso, fueron a beber del agua clarísima de un manantial que les apagase la sed que les atormentaba.

Murieron con las manos entrelazadas

                  Presurosos se dirigieron a la fuente, y en ella encontraron la muerte. Aquella agua contenía el activo veneno derramado por Aldín en un momento de descuido.  Los amantes murieron en medio de aquel campo, con sus manos entrelazadas, y víctimas de atroces sufrimientos.


                 El mandato del rey se había cumplido. Su venganza estaba realizada. Almanzora y Almozabar no gozaron la dicha de sus amores, con lo que quedó satisfecho el feroz Aben Humeya, que recompensó con largueza las infames hazañas del esclavo, y aparentó ante su pueblo llorar entristecido la traidora muerte del mejor de sus capitanes.


                     Gritamos desesperados en medio de la plaza, nadie nos oyó. 

                    La muerte de los amantes corrió, como el fuego por toda la taha del Barranco de Poqueira, nadie supo la realidad de lo ocurrido, salvo nosotros, que, desesperados gritamos, a voz en cuello, en medio de la plaza, la vil traición, pero nuestros clamores volaron hacia las altas cumbres de Sierra Nevada, sin que nadie se percatara.

                                    Una mano invisible me despertó.

              Una mano invisible me tocó en el hombro, y me desperté contemplando el cuadro recién pintado, que me había hecho entrar en este sopor.
              ¡Todo había sido un bonito sueño, con un triste final!
                                                          
                                              José Medina Villalba

            
                

domingo, 15 de enero de 2017

L A MAGIA DE UNA AVENTURA: AIXA



                    
                                  La Alhambra y el Albayzín. Óleo. 46x33. José Medina Villalba 
             
                  Mientras observaba mi último cuadro al óleo recién “parido”, pasando una visual de abajo hacia arriba, saliendo de una de las casas que hay en primer plano, mi vista se detiene en la maravilla que jamás pudo soñar el pensamiento de cualquier nacido. La maravillosa, y extraordinaria Sultana que enarbolando su belleza en lo alto de la Sabika, toda orgullosa, se proclama la reina de Granada: la Alhambra.
                                    Una especie de sopor especial me traslada a épocas del pasado

             En un momento, sin darme apenas cuenta, como el que pasa de la vigilia lentamente al sueño, una especie de sopor especial me invade, un halo luminoso me rodea y entro en una especie de éxtasis, yo diría, del que mucho se habla en la literatura de los iluminados místicos y ascéticos.


                                 Plataforfa de Ambrosio de Vico. La ciudad de Granada en el siglo XVI 




          El sonido de fanfarrias y timbales llegan a mis oídos, de pronto sin ser consciente de lo que está pasando observo que la ciudad se ha transformado, que los grandes edificios de las principales columnas vertebrales de la ciudad, de éste 2017 no existen, Gran Vía, y Reyes Católicos, han sido sustituidas por una serie de callejas entrelazadas que constituyen la Medina, donde el trasiego de chilabas, babuchas, y velos cubriendo los bellos rostros femeninos abundan por toda partes.



                 Me mezclo con la masa de gente enfervorizada, me da la impresión que es un día de júbilo en la Medina. No quiero que alguien me vaya a descubrir como un intruso y me encierren en las mazmorras donde numerosos paisanos cristianos, prisioneros de las correrías moriscas, están padeciendo.


                                                     Mazmorras 

               Me doy cuenta que mi estado no es corporal, sino que es mi espíritu que vaga por el quinto día del mes del Ramadán del año 864 de la Égira, que corresponde al 1460 de la era cristiana. Liberado de la angustia que en un principio me oprimía, me mezclo con la muchedumbre e intento descubrir que está pasando en Granada.
                   

           Son los primeros albores de la mañana, las antorchas que durante la noche han apartado las tinieblas, para dar vida al empedrado del entramado de las callejas, se ahogan con la fuerza de la luz del sol naciente.


              De la Mezquita Mayor situada en el centro de la Medina, sale una gran muchedumbre, acaban de cumplir con el primer rito de la oración, por los azucaques emergen de los rincones más recónditos bellas moras bien ataviadas.


                                            La Madraza. La Universidad árabe
               
                Las puertas de la Madraza, donde asisten los estudiosos para realizar los cursos Hafiz y Ulema para conseguir el título de imán, permanecen cerradas.




                                                       La Alcaicería
                      
            En el Zacatín, una de las vías principales, no cabe un alfiler, hasta los cerramientos que dan entrada al mayor mercado: “La Alcaicería”, con los pequeños talleres de baratijas, marroquinería, sedas, verdulería, alfarería, orfebrería…, permanecen con el mutismo de un lugar abandonado.



                                                    La guardia mora 
                
                La gente apretujada, la guardia vestida de gala con turbante blanco con adornos dorados, rematando la parte superior del gorro con media luna en metal dorado; el frontal del blanco  turbante  con jirones  de color rojo, al borde del tocado que ajusta en la cabeza galón o pasamanería dorada que cuelga por detrás rematado con borla dorada, camisa blanca, con adornos en forma de corazón, en la bocamangas de la camisa, 



puñetas de terciopelo negro, portando dagas y alfanjes como armas, para mantener el orden de la muchedumbre que no se quiere perder nada de lo que en este día está ocurriendo.
               Sigilosamente me acerco a una bella y encantadora mora, intento conectar con ella, para que me explique lo que está ocurriendo, pero me doy cuenta que dos épocas lejanas en el tiempo, no pueden tener ningún laxo de conexión, que el presente no se puede fundir con el lejano pasado.


                   Presto atención a una madre que rodeada de sus jóvenes mancebos les está explicando la solemnidad del día.
               La belleza de esta sarracena es tal, que en aquel momento hubiera querido cambiar mi transformación mística, pero el tiempo era el mayor de los candados que me lo impedía, terminé simplemente  por escuchar.


                                                           Aixa


               Todo lo que está ocurriendo, mis queridos hijos, es obra de nuestro rey Muley  Abul Hacem, que hace, como sabéis, tres años se casó con su hermosa prima Aixa y quiere ofrecerle el poderío de su reino, revestido de los más encantadores atractivos, que ha podido soñar la imaginación.
              Ha querido presentarla como reina al pueblo granadino, y para ello ha escogido el día de su natalicio, que todos los años se ha celebrado con grandes festejos.


                                                     Aixa y Muley Hacen 
                    
                 El rey ha mandado emisarios a los reinos vecinos y a los gobernadores de las provincias cercanas, para que asistan a la fiesta que se va a celebrar, todos juntos en la gran mezquita, por el alfaquí mayor del reino; se ha pedido a Alá, protección para los reyes y el Valí, que se reconozca como reina a la afortunada esposa de Muley.



               Mientras escucho las explicaciones que la mora da a sus hijos sobre el acontecimiento, otra musulmana sin atreverse a elevar la voz, para no ser reconocida, de sus entrañas surgen gritos aterradores sobre el devenir de la reina, a media voz dijo: “¡Ay de Granada bajo el reinado de Aixa; el destino se cumplirá, la felicidad anidará poco en su lecho conyugal; una cristiana le robará el corazón de su esposo, y estas disensiones prepararán más tarde la pérdida de la ciudad querida del Profeta, en el reinado de su hijo!”.
               Esta espontánea lamentación se vio bien pronto perdida en el confuso alboroto de la muchedumbre.
                   En breve plazo se había de ver cumplido aquel fatal augurio, y conquistada para siempre la perla de Occidente.



             Concluida la ceremonia, celebrada en la Mezquita Mayor, salió toda la comitiva hacia la Alhambra, mientras el populacho aplaudía, yo, sin quererme perder ripio, continué Zacatín arriba, como uno más, Cuesta de Gomerez, penetrando en el bosque que rodea el Alcázar por la puerta de Laujar, que da entrada al mágico recinto.


                                              La reina con su angelical sonrisa
                  
             Radiante de gracia y hermosura, iba la reina por las calles de Granada, infundiendo gratas esperanzas a todos, con su angelical sonrisa; el pueblo en masa les acompañó hasta la fortaleza, despidiendo a sus monarcas con atronadores vivas, que llenaban de alegría el corazón de los reyes.

                                           Solo entraron en palacio los comisionados...
                       
             El embarullado alboroto de la gente a la entrada del palacio, de una muchedumbre que hubiese querido acceder, siendo imposible, solamente penetraron los comisionados y yo, con mi imagen invisible, que no se podía perder nada de lo que estaba sucediendo.



                 Se reunieron en el Salón de Comares, ricamente engalanado con las mejores alfombras, cortinas de seda de diversos colores, jarrones con flores que destilaban olores que trasminaban los sentidos, pebeteros quemando perfumes aromatizando el ambiente, y la música de diversos instrumentos:

                                             El cimbreo de las caderas de las danzarinas
        
        laúd, rabel, guitarra, dulzaina, añafil, ajabeba, perfectamente armonizados, dieron rienda suelta al cimbreo de las caderas de las danzarinas, en  la danza del vientre.





               Mientras las bandejas repletas de ricos: dátiles, cacahuetes, coco, almendras, avellanas, miel, chocolate…., daban cuerpo al bugat, fekkas, bakalaua, troncos de amor, que deleitaban el paladar de los allí presentes.
               El rey, su galante esposo, quiso enseñar las modificaciones que se había hecho en el palacio para ella, y salió con la reina.


                                                 El Tocador de la Reina
                 
                 La llevó primero al Tocador, perfumado asilo de la belleza, y recinto sagrado del amor, donde pudo admirar el refinamiento del buen gusto, en los objetos destinados a su uso, y en el adorno de la habitación.



                                            Mirador de Lindaraja
              
              De allí pasaron al Mirador de Lindaraja, desde donde pudieron observar el delicioso panorama de la cañada del Darro, toda sembrada de cármenes y de arboleda encantadora. Se veían las mil torres de Granada, minaretes y mezquitas, y cuando extasiada contemplaba Aixa toda la grandeza, le dijo Muley: “todo esto es tuyo; todo te pertenece; pero tu conducta será la norma de la mía”. ¡Vano ofrecimiento que más tarde le hizo olvidar su segunda mujer, Zoraya, la hermosa hija de la castellana de Martos!

                                           Muley Hacen y Aixa en el Patio de la Alberca
                     
               Recorrieron después el Patio de la Alberca, donde los coloreados pececillos parecían alborozados saludar a su nueva señora, y el de los Leones, cuya magnífica fuente saltando en forma de cascada, despierta en aquel sitio la melancolía más sublime.


                                                 Patio de los Leones
             
                   Los dos templetes laterales estaban ocupados por las músicas llevadas para la fiesta, y a las puertas de la Sala de las Dos Hermanas, una comisión de hermosísimas jóvenes, esperaban a su soberana, en nombre de las bellas granadinas.

                                    Hermosas jóvenes a las puertas de la Sala de las Dos Hermanas


                                               Mi espíritu se cernía por los jardines del Partal

               Gozaron de la luminosidad en los jardines del Partal, contemplando los naranjos y la riquísima vegetación de aquel paraje; mi espíritu se cernía entre la mágica atmósfera que los rodeaba, visitaron la pequeña mezquita y el mihrab, la rauda, y los perfumados baños.


                                         La pequeña mezquita del Partal
                 
                 La guardia vigilante, pendiente de todo lo que pudiera ocasionar algún daño a los soberanos.
                  Un soldado dio la voz de alarma.
                ¡Alto al enemigo!
               - Alá con nosotros. ¿Qué enemigo ha osado entrar en palacio?


                                         La matanza de los Abencerrajes
                 
                 Por momentos quise volver al presente y una sombra misteriosa se desplazó por la cúpula de mocárabes de la Sala de los Abencerrajes, siendo el motivo para que uno de los soldados me descubriera, pero pronto recapacité y apareció de nuevo mi espíritu, despareciendo la improvisada sombra.

                                        Cúpula de mocárabes de la Sala de los Abencerrajes
                
           Aquello originó un pequeño revuelo cubriendo la guardia a los reyes, pero pronto se disipó todo al comprobar que había sido un acto imaginativo de uno de los guardianes que recibió su castigo.

                                          Fuente de la Sala de los Abencerrajes
             
                     Aquella sala, más tarde había de llamarse de los Abencerrajes, y en cuya limpia fuente se habían de sellar con sangre inocente el crimen del más celoso decreto, y contentos volvieron otra vez al gran salón de la Justicia donde la corte, y demás dignidades, les esperaban con impaciencia.


                                                    Salón de Comares
                     
            Se recitaron por los juglares las más bellas poesías y los epitalamios más tiernos. Los reyes escuchaban y se deleitaban recostados en ricos almohadones, y embriagados con los más ricos perfumes, mientras se desarrollaba la fiesta más sorprendente que presenciara Granada.


                 La reina se hallaba medio extasiada en brazos de su esposo, y con frecuencia repetía: “Qué Alá arrebate mi vida, si me falta tu enamorado cariño”.
                 Todo el día duró la fiesta, y por la noche cuando las comisiones volvieron a la ciudad, quedando en el palacio solo los reyes y sus guardias, la  hermosa Aixa, presa del más celoso presentimiento, dijo a Muley: “¡Por Alá, que vela nuestro amor, te juro, esposo de mi alma, que sabré ser siempre honrada y pura, aunque faltes a mi cariño; pero que si otra mujer logra arrancar mi imagen de tu corazón, sabré dar a conocer al mundo, la vengativa sangre que corre por mis venas!”



               Un cariño de su esposo fue la contestación que obtuvo. Las sombras de la noche velaron el sueño de los reyes de Granada, formando mil ilusorios proyectos, sin presumir siquiera, que bien pronto se iba a cumplir el horóscopo del atrevido alfaquí, con la declaración de la guerra a los cristianos, y con los amores del rey, y la hermosa nazarena, que por su belleza había obtenido el significativo título de Estrella de la mañana.

                                              Isabel de Solís, sería después Zoraya              
                   
                    Esta sería Isabel de Solís que tomaría el nombre de Zoraya.

                                                       Cuesta de Aixa
                                                      Cuarto Real 
              
           Por la Cuesta de Aixa donde se encuentra el Cuarto Real, mi sombra va volviendo a la realidad, a mi morada, a mi estudio en la Plaza de Santo Domingo, donde sigo contemplando mi último óleo.
                ¡Todo ha sido un maravilloso éxtasis, un bello sueño!

                                         José Medina Villalba