Me he quedado observando lo que
mis pinceles, impregnados de óleo, han sido capaces de hacer; han bailado, como
lo suelen hacer las danzarinas de ballet, he dado unos pasos en allegro,
con
movimientos rápidos de mis cerdámenes, a veces con ligereza, otras con
suavidad, quedando el pincel en el aire, por momentos, antes de entrar de nuevo
a resbalar sobre la superficie del lienzo, se han deslizado, como el mejor
patinador en la pista de hielo dando saltos,
con giros como el ángel, manteniéndose sobre un patín mientras la
otra pierna permanece elevada sobre la cabeza; en este caso el patín era el
pincel, la pista el lienzo y el ángel el variopinto color.
Cuando el gran
literato, Pedro Antonio de Alarcón, llegó a la puerta de entrada a Las
Alpujarras, sabiendo el paraíso que iba a contemplar, dijo: “soltemos ya la
pluma y cojamos los pinceles. Dejemos a los hombres, y contemplemos la Madre
Naturaleza.
Castillo de Lanjarón, a las puertas de Las Alpujarras.
Olvidemos las enfermedades físicas y morales que recuerde esa villa, y digamos todas las excelencias del cuadro que acaba de aparecer ante nuestros ojos”.
Monumento dedicado a la puerta de entrada a las Alpujarras: Lanjarón.
Castillo de Lanjarón, a las puertas de Las Alpujarras.
Olvidemos las enfermedades físicas y morales que recuerde esa villa, y digamos todas las excelencias del cuadro que acaba de aparecer ante nuestros ojos”.
Monumento dedicado a la puerta de entrada a las Alpujarras: Lanjarón.
Así que, mis querido lectores,
si queréis uniros a este esotétido sueño que en estos momentos me invade, mientras observo el óleo recién terminado,
coged las alforjas y os venís conmigo a recorrer estos parajes encantadores, porque estamos invitados a la boda de Almanzora.
coged las alforjas y os venís conmigo a recorrer estos parajes encantadores, porque estamos invitados a la boda de Almanzora.
Tomad los caballos que os tengo
preparados, porque tenemos que recorrer sesenta leguas hasta llegar al lugar del
destino.
Los jaramagos del camino.
Los jaramagos del camino.
Era muy de mañana, cuando
partimos en perfecta formación; estaba hermosa, refulgente, el cielo nos
sonreía, y la primavera con su perfume de amarillentos jaramagos, a la vera del
camino, perfumaban el ambiente, y recreaban la visión.
El silencio era el único
lenguaje que se percibía, solamente el trote extendido del grupo, y el sonido
al chocar los herrados cascos de la caballería que, en algún momento, hacían
saltar chispas al chocar con algún pedrusco del camino.
Los llanos de Armilla
Los llanos de Armilla
Para aquellos que no hayan
querido unirse a la expedición, y estén tranquilamente sentados en la butaca o
el sofá de la casa, que no se extrañen que vayamos en el único medio que en estos momentos existe, porque estamos en el año 1567.
Desde el Suspiro del Moro contemplamos la feraz planicie de la Vega...
Desde el Suspiro del Moro contemplamos la feraz planicie de la Vega...
Después de recorrer los extensos
llanos de Armilla, donde Dios quiso poner algo del desierto, llegamos al
Suspiro del Moro desde donde contemplamos la feraz planicie de la Vega, las moradas rocas
de Sierra Elvira, las blancas casitas de la Granada mora, el verdor de los
jardines, el río Genil fluyendo entre las alamedas, el Darro bramando entre las
rocas después de un día de tormenta, cerca el despeñado Dílar, el río Monachil
y el Beiro, formando un entramado de plata.
Los capitanes de los tres mil metros
Los capitanes de los tres mil metros
Allá en la lejanía el
bermejo del castillo rojo, que con lágrimas en ojos dejó Boabdil, y en lo alto
como queriendo aplastarnos con la esbeltez de su cuerpo la gigantesca Sierra
Nevada, con sus cuatro capitanes de los tres mil metros: Alcazaba, Mulhacén,
Veleta y Caballo, vestidos de blanco y dejando el resuello de su existencia con
una helada brisa que cortaba el cutis en esas primeras horas de la mañana.
El bermejo del castillo que dejó Boabdil
El bermejo del castillo que dejó Boabdil
Granada, se veía
blanquear a lo lejos, tendida en las colinas de la Alhambra y el Albayzín, como
una esclava envuelta en cándida capa morisca, echada sobre oscuros almohadones.
Ya no se divisaban los más mínimos detalles, sino una ráfaga de blancura,
intensamente alumbrada por un sol naciente, bajo un purísimo azul del cielo.
El mejestuosos Valle de Lecrín
El mejestuosos Valle de Lecrín
Entramos en el mayestático Valle de Lecrín, el panorama cambió de aspecto, porque el Valle no es una
concavidad lisa como suelen ser todos los valles, sino que contiene fértiles
colinas donde se abrigan diferentes pueblos. Allí abunda el exquisito aceite,
excelentes cereales, y variada fruta.
El perfume del azahar aromatiza la zona
El perfume del azahar aromatiza la zona
El perfume del azahar, de la inmensidad de
naranjos con los que se viste este sitio, aromatiza la zona, al mismo tiempo que ofrecen una panorámica que se sale de
lo normal.
-Xoooo!!
Detuve el caballo, tú, que nos acompañas y los demás hicieron los mismo, era el momento de sacar de las alforjas algo para desayunar, algunos prefirieron acercarse a los naranjos y deleitarse con el rico sabor que allí se dejaba coger.
De mis alforjas saqué un buen chorizo y una hogaza de pan de Alfacar
Detuve el caballo, tú, que nos acompañas y los demás hicieron los mismo, era el momento de sacar de las alforjas algo para desayunar, algunos prefirieron acercarse a los naranjos y deleitarse con el rico sabor que allí se dejaba coger.
De mis alforjas saque un buen
chorizo, lo coloqué sobre una hogaza de Alfacar y, navaja de muelles en mano,
lo fui troceando y engullendo.
La Naturaleza, inmortal
artista, seguía complaciéndonos ofreciéndonos contrastes de paisaje
inigualables.
Escaramuzas de cristianos y agarenos
Escaramuzas de cristianos y agarenos
Sin embargo la imaginación se nos
llena de tristeza al evocar en aquellas tierras que chorrean sangre de
cristianos y agarenos en contiendas y escaramuzas.
Humedales y turberas del Padul
Humedales y turberas del Padul
Seguimos hacia Dúrcal distante
una legua y nos sorprendió la inmensa laguna del mismo nombre donde radica,
Laguna del Padul, con sus turberas, flora, y fauna enriquecedoras.
La rica Vega de Dúrcal
La rica Vega de Dúrcal
La bella y rica Vega
de Dúrcal, al pie mismo de la Sierra, arropada por las circunstancias orográficas
que la rodean son la causa principal de su existencia, sin ellas no existiría y
quizás tampoco este pueblo, con lo que habría un pueblo menos en el mundo.
Divisábamos a poca distancia la torre de la mezquita
Divisábamos a poca distancia la torre de la mezquita
Pero Dúrcal existe donde
lo colocó, en los remotos designios de los tiempos, la Naturaleza, y nosotros
íbamos a entrar en él pues ya divisábamos, a poca distancia, la torre de su
mezquita y los ecos musicales, a modo de liturgia, del almuédano que, llamaba a la
segunda oración del día a sus habitantes.
Padul nos había ofrecido
la serena placidez de la montaña, Dúrcal nos ofrecía el gracioso júbilo del
llano.
La caballería algo cansada se puso a abrevar
La caballería algo cansada se puso a abrevar
La caballería algo cansada del
largo caminar se detuvo a abrevar en la límpidas aguas del río Torrente, y
Talará nos dejó vía libre para seguir nuestro camino, escuchando el vibrante
martilleo del herrador y el cacareo alborotado de las gallinas en los corrales.
Pinos del Rey o Pinos del Valle
Pinos del Rey o Pinos del Valle
Seguimos cabalgando, a lo
lejos una aldea, con el minarete a modo de espadaña clavada en el centro,
tapada por un bosque de frutales en flor y de naranjos y limoneros cargados de
fruto, más que una aldea parecía, un nido paradisíaco, un vergel mitológico, el
sitio de recreo de un príncipe de las Mil y una Noches, o la isla sagrada de
una diosa del Olimpo, era Pinos del Rey o Pinos del Valle.
Mondújar
Mondújar
Mondújar se nos quedó a la
izquierda, el lugar donde pasó sus últimos años amargado, el viejo Muley Hacen.
Llegamos a ¡Béznar!, todo
sonriente, cuya espléndida lozanía verdeguea al final de todas sus arábicas
callejuelas.
Puente de Tablate
Aún suena en el aire el sonido de los aceros de las cimitarras y de las espadas...
Puente de Tablate
Aún suena en el aire el sonido de los aceros de las cimitarras y de las espadas...
El Puente de Tablate nos esperaba, donde aún
suena el sonido de los aceros de las cimitarras y las espadas cristinas, para
comenzar el ascenso al lugar de nuestro destino, Las Alpujarras.
¡Alto y parada! Lanjarón
célebre en el mundo por La fecundidad y riqueza del edén y por la virtud de sus
aguas medicinales.
Quise tomar uno de esos
ricos y gigantescos buñuelos que allí se hacen, en enorme sartén repleta de
aceite, e invitar a toda la troupe, pero me di cuenta al instante, que no estaba
en el 2017, sino en el 1567,
por lo que opté por beber agua en una de las múltiples fuentes que allí hay, para comenzar la subida ascendente hasta llegar al lugar de nuestro destino, después de dejar atrás Lanjarón y Órgiva.
El Barranco de Poqueira
por lo que opté por beber agua en una de las múltiples fuentes que allí hay, para comenzar la subida ascendente hasta llegar al lugar de nuestro destino, después de dejar atrás Lanjarón y Órgiva.
El Barranco de Poqueira
El Barranco de Poqueira estaba ya
a nuestro alcance, especie de sima puesta de pie que parte de arriba abajo la
Taha de Órgiva. Allí se encuentran haciendo equilibro, colgados, a modo de grandes balconadas blancas, como si quisieran
rodar para abajo y precipitarse en el fondo del barranco, las tahas de
Pampaneira, Bubión y Capilerira.
Bubión . Óleo sobre lienzo. 54x44. José Medina Villalba
Bubión . Óleo sobre lienzo. 54x44. José Medina Villalba
Posiblemente, querido lector,
que en estos momentos te encuentras tranquilamente leyendo este relato en tu
butaca, no te has percatado lo que nos horrorizó el final de esta boda a la que vamos a asistir. Los esponsales y toda la fiesta que se montó,
sensacionales, pero las funestas consecuencias con las que se dio fin,
¡horribles!
Una calle de Bubión. Óleo sobre lienzo. 44x32. José Medina Villalba
Una calle de Bubión. Óleo sobre lienzo. 44x32. José Medina Villalba
-¡¡Pero bueno!!, ¡¡ya está bien de viaje!!, que aunque no me he movido de mi aposento, estoy más cansado que los que vais a caballo.
¿Me cuentas, de una vez por todas, la boda?
-Tranquilo amigo lector.
Las fachadas engalanadas con vistosos colores.
La Plaza principal de la Taha de Bubión, se encontraba engalanada con las mejores ostentaciones: vistosas colgaduras pendían de las balconadas y terrazas, las fachadas engalanadas con vistosos colores de los geráneos, chadores multicolores cubrían el cuerpo de las agarenas y bellas capas y chilabas la de los hombres.
Las mejores vestimentas para la boda
La Plaza principal de la Taha de Bubión, se encontraba engalanada con las mejores ostentaciones: vistosas colgaduras pendían de las balconadas y terrazas, las fachadas engalanadas con vistosos colores de los geráneos, chadores multicolores cubrían el cuerpo de las agarenas y bellas capas y chilabas la de los hombres.
Nos colocamos, después de
dejar las cabalgaduras en las afueras del pueblo, en primera fila, no
molestábamos ni quitábamos visión a nadie, nuestro estado incorpóreo lo
permitía.
D. Fernando de Valor, Aben Humeya.
D. Fernando de Valor, Aben Humeya.
La Taha de Bubión fue elegido
por D. Fernando de Valor, cuando tomó el
nombre de Aben Humeya, por corte de sus pequeños estados, al capitanear en son
de rebelión a los insurrectos de las Alpujarras.
Se celebraban fiestas con motivo de algún fausto.
Se celebraban fiestas con motivo de algún fausto.
Lo mismo administraba
justicia en dicha pueblo, que distribuía las fuerzas de su pequeño ejército,
que celebraba en él fiestas con motivo de algún fausto suceso. De todas ellas
ninguna tan notable como las que en él tuvieron lugar el día primero de
septiembre de 1567, con motivo de efectuarse las bodas de Almozabar, favorito
del rey, primer capitán de sus ejércitos, con la hermosa Almanzora, la más
bella entre las doncellas del país.
Almanzora, la más bella de las doncellas del país.
Ejercicios de fuerza entre los capitanes moros.
Almanzora, la más bella de las doncellas del país.
Ejercicios de fuerza entre los capitanes moros.
Habíanse anunciado juegos
de valor y ejercicios de fuerza entre los capitanes moros, en presencia del
rey, y en efecto, estos tuvieron lugar, quedando vencedor el capitán Maleh, que
derrotó en buena lid al jefe turco que le disputaba el triunfo.
Los esponsales de Almanzora y Almozabar.
Cuando todos estaban
embelesados con la alegría de la fiesta, y los esposos ansiaban llegase el
momento de no separarse más, un espía penetró en la plaza y anunció que la
guarnición de Tíjola había sido sorprendida por los cristianos. Entonces a los
gritos de alegría sucedieron los de combate y el rey sin vacilar llamó a
Almozabar, y le encargó la defensa de la plaza acometida, aunque le fuese
dolorosísimo separarse en tan críticos momentos de su adorada Almanzora.
Almozabar camino de Tíjola.
El vasallo leal, no puso objeciones al mandato del rey. Dejó atribulada a su querida esposa, y decidido marchó a Tíjola a defenderla de las acometidas de los cristianos.
Castillo donde estuvo secuestrada Almanzora.
-¿Qué fue entre tanto de
Almanzora?
Su imagen había trastornado el alma
de Aben Humeya, desde que la vio en la plaza. Y enardecido su espíritu ante la
idea de que otro hombre iba a poseer mujer tan singular, ideó la estratagema de
que anunciaran el peligro en que estaba la población de Tíjola, encargando a
Almozabar su defensa, y de esta manera poder poseer a Almanzora, trasladándola
a un castillo cercano.
El espectáculo festivo se suspendió.
El espectáculo festivo se suspendió.
Nosotros expectantes, disfrutando de la
fiesta, no salíamos de nuestro asombro al contemplar lo que estaba sucediendo, el
espectáculo festivo se suspendió, y nos quedamos dando una vuelta por el
pueblo, atentos y vigilantes, a ver que sucedía, porque algo extraño, teniendo,
“la mosca detrás de la oreja”, nos daba la impresión que iba a ocurrir.
Almanzora repudió los halagos a Aben Humeya.
Almanzora repudió los halagos a Aben Humeya.
Así sucedió. Aquella noche fue
sorprendida la infeliz doncella. Se le hizo creer que la llamaba su esposo,
herido en el combate, y al abrir la puerta de su jardín, cuatro enmascarados la
condujeron al castillo de Caniles, donde la aguardaba Aben Humeya.
Empleó todas las seduciones...
Éste empleó todas las
seduciones para atraerla a su cariño, pero nada pudo conseguir; herido su amor
propio, ideó otra infamia para concluir con aquella mujer que tan altaneramente
le despreciaba como hombre y como rey.
Por encargo del rey, el esclavo
Aldin le descubrió el retiro oculto de la hermosa, y volando volvió en su
busca, acompañado de aquel que creía un fiel servidor.
Por fin los amantes se encontraron nuevamente y próximos a ser felices. Pero el peligro arreciaba. Podían ser descubiertos, y entonces no había posible salvación.
En la fuente encontraron la muerte
Salieron raudos. Atravesaron aquellos montes,
y vencidos por la fatiga, al tomar un poco de descanso, fueron a beber del agua
clarísima de un manantial que les apagase la sed que les atormentaba.
Murieron con las manos entrelazadas
Presurosos se dirigieron a la
fuente, y en ella encontraron la muerte. Aquella agua contenía el activo veneno
derramado por Aldín en un momento de descuido.
Los amantes murieron en medio de aquel campo, con sus manos entrelazadas,
y víctimas de atroces sufrimientos.
El mandato del rey se había
cumplido. Su venganza estaba realizada. Almanzora y Almozabar no gozaron la
dicha de sus amores, con lo que quedó satisfecho el feroz Aben Humeya, que
recompensó con largueza las infames hazañas del esclavo, y aparentó ante su
pueblo llorar entristecido la traidora muerte del mejor de sus capitanes.
Gritamos desesperados en medio de la plaza, nadie nos oyó.
Gritamos desesperados en medio de la plaza, nadie nos oyó.
La muerte de los amantes
corrió, como el fuego por toda la taha del Barranco de Poqueira, nadie supo la
realidad de lo ocurrido, salvo nosotros, que, desesperados gritamos, a voz en
cuello, en medio de la plaza, la vil traición, pero nuestros clamores volaron
hacia las altas cumbres de Sierra Nevada, sin que nadie se percatara.
Una mano invisible me despertó.
Una mano invisible me despertó.
Una mano invisible me tocó en el hombro, y
me desperté contemplando el cuadro recién pintado, que me había hecho entrar en
este sopor.
¡Todo había sido un bonito sueño,
con un triste final!
José Medina Villalba



















































































