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| Vista parcial de los cármenes del Albayzín. |
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| Vista parcial del Albaicín. |
“El carmen es la vivienda típica en el
Albayzín donde residen la mayor parte de las familias de este barrio”.
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| Patio de una corrala de vecinos. |
Cierto es que existen numerosas viviendas,
que son simples casas sin jardín, y otras varias que fueron corralas de
vecinos; muchas de ellas, entradas en ruinas, fueron compradas por gentes de
buen nivel adquisitivo y transformadas, juntando en algunas ocasiones más de
una, en verdaderos palacios señoriales.
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| Carmen de Moraima. |
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| Carmen de la Victoria. |
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| Carmen de los Geranios. |
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| Carmen del Granaillo. |
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| Carmen de Aperley. |
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| Carmen de S. Enrique. |
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| Carmen de S. Juan. |
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| Carmen de Santa María en las Escuelas del Ave María. |
Podríamos citar algunos nombres tales como:
El Carmen de la Victoria, (hoy residencia de estudiantes); el Carmen de los
Patos, donde vivió el abogado y periodista, D. Julio Moreno Dávila, –hoy
convertido en un restaurante-; El Carmen de la Media Luna; el Carmen de los
Geranios, donde vivió el pintor belga que se afincó en Granada Max Moreau; el
Carmen del Amor Perdido; el Carmen del Ciprés; los cármenes de los señores José
Manuel y Miguel Rodríguez Acosta –este último pintor- y en general familia de
banqueros; el Carmen de Bella Vista; el Carmen de Torres Molina, gran fotógrafo
granadino; el Carmen de Moraima; el Carmen del pintor Aperley, en la Plaza de
S. Nicolás; el Carmen de las Tres Estrellas, donde se reunía la cuerda de
escritores granadinos de finales del siglo XIX, presidida por la figura del
costumbrista Antonio Joaquín Afán de Rivera, carmen que inmortalizaría Manuel
Fernández y González en sus novelas “Los monfíes de las Alpujarras” y “Martín
Gil”; el Carmen de S. Enrique; los siete cármenes donde D. Andrés Manjón fundó
las Escuelas del Ave María: Carmen de los Naranjos, de los Negros I, Negros II,
de las Olivas, de Zapata, de Ayuso y de Salazar; etc.
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| Puerta de entrada al carmen. |
El carmen albayzinero es, desde el más
humilde hasta el más grandioso, aquella vivienda por la que se suele penetrar
en su interior a través de un cancel fabricado artesanalmente por los artífices
albaicineros, que en la fragua y a golpe
de martillo labraban con ricos adornos.
El zaguán posee una alfombra que cubre la entrada; alfombra hecha
con el empedrado típico granadino sobre un elegante dibujo alusivo a motivos
heráldicos, florales…; es el medio para pasar al interior a través de un portón
de madera ricamente tallado.
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| Cancel de entrada al carmen. |
A veces, nos encontramos esta situación al
revés, el portón de madera primero y el cancel de hierro forjado después; lo
cierto es que el paraíso que allí se encierra queda vedado desde el exterior.
Ya lo dijo el poeta albaicinero, Pedro Soto de Rojas, - que vivió en el Carmen
de los Mascarones- “los cármenes del Albayzín son paraísos cerrados para
muchos, jardines abiertos para pocos”
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| Callejas estrechas del Albaicín. |
Las fachadas de las viviendas, en general,
compuesta de bajo y primera planta, se encuentran encaladas y sus balcones
ricamente engalanados con macetas esmaltadas, siguiendo la tradición árabe, en
los hornos de Fajalauza, y que se ven repletas de geranios y claveles
reventones.
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| Balcones repletos de claveles. |
Debido a la proximidad de las fachadas en las callejas estrechas que
caracterizan el barrio, estos claveles son como piropos que unas casas se
dirigen a las de enfrente en un rendido
homenaje de enamorados.
Pasado el zaguán de la casa nos encontramos
con el patio, normalmente cuadrangular, también empedrado al estilo ya
indicado, delimitado en todo su cuadrilátero por una serie de columnas, unas
veces de madera otras de mármol o de piedra de Sierra Elvira, que sostienen la
primera planta.
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| El frescor se respira en el patio. |
El
frescor se respira nada más penetrar en el interior, sobre todo los días
aciagos y calurosos del estío.
Numerosas macetas de pilistras –planta de
hojas grandes y alargadas- se refrescan y refrescan al visitante al verse
salpicadas por el agua de un surtidor que situado en el centro del patio y
constituido por una fuente con forma de concha, de mármol blanco, deja caer el
agua lánguida y sensualmente sobre la base de su pila.
Si la vista se recrea y extasía en la
contemplación de lo que allí se percibe, no menos es el olfato que se embriaga
por el olor de otras diversas plantas que cuelgan en ricos soportes de las
paredes del patio.
Todo es silencio y armonía.
Dejamos pasar nuestra miradas por el
entorno y el lugar se va complementando con una serie de objetos que van a
embellecer más la estancia: algún cartel de toros, o de Semana Santa, o del
anuncio de las fiestas del Corpus Christi, algún mantón de Manila, algún gran
abanico con motivos costumbristas, algún elemento en desuso de labranza…
Nada
perturba aquel romántico ambiente, solamente el crepitar de agua de la
fuentecilla, que al romper sus gotas en la caída sobre el níveo mármol, junto
con el gorjeo orquestal del canario que cuelga sobre el patio desde una de las
vigas del artesonado del pasillo de la planta superior, hacen que el silencio
que allí se percibe sea aún más encantador. 
Poco mobiliario, a lo sumo y como pieza
imprescindible, una mecedora tapizada con tela alpujarreña, será el mobiliario
imprescindible donde el albayzinero, habitante de esta morada, pueda cumplir
con el rito indispensable de la siesta, que siempre se hace más apacible por
todos los aditamentos que en este ambiente se aunan.
El agua fresca de un pipo de La Rambla,
será el que a nuestro inquilino le desperezará de la morriña que le ha
acompañado en su plácida siesta.
En alguno de estos patios existen aljibes
que contienen agua venida de la fuente de Aynadamar –Fuente de las Lágrimas-
(Alfacar).
Algunas habitaciones o salas bajas, donde
el albayzinero suele hacer vida durante los veranos calurosos de Granada,
complementan el lugar.
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| Galerías que rodean el patio. |
El primer
piso, normalmente único piso, está rodeado de una galería, con artesonado de madera,
con alguna zapata renacentista, con balaustrada de madera, y con habitaciones
muchas de las cuales aún conservan artesonados mudéjares.
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| Los jardines del carmen con el decorado de la Alhambra al fondo. |
Si
abandonamos el patio, a través de un cancel salimos al huerto-jardín, donde las
plantas trepadoras, la hierba buena, los rosales, los galanes de noche, los
geranios, la madre selva, junto con los bojes en perfecta alineación formando
pasillos estrechos dirigen nuestros pasos a glorietas, fuentecillas cantarinas,
o bancos para reposar, meditar, o recrearse en el entorno que nos rodea,
teniendo siempre este escenario como fondo a la gran sultana Alhambra.
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| Los toques de un convento al alba . |
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| Los toques de la Campana de la Vela. |
Pasear por
las noches del verano a altas horas de la madrugada por las callejas del
Albayzín, cuando solo el silencio se veía quebrado por el crepitar de un
grillo, o por los toques, al alba, de la campana de la Torre de la Vela, o por
el tintineo de algún convento que llama a la oración a las monjas de clausura,
es todo un deleite.
Acompañados
por la luminosidad de una luna llena, exhalando el perfume embriagador que se
percibe a través de la encalada tapia que rodea al carmen, como si fuera el
estuche envolvente de este sagrado cofre, en nuestro caminar nocturno, vamos
sintiendo sensaciones difícilmente de transmitir con el lenguaje escrito.”
José Medina Villalba.




























































