sábado, 14 de marzo de 2015

GRANADA SECRETA, EN CASA MADRE DEL AVE MARÍA



La primavera, por unos momentos, se nos ha anticipado, los almendros como clarines precursores a esta nueva estación han florecido y los campos se han cubierto de rosas y blancos que al mismo tiempo que se engalanan recrean nuestra vista.


Por las orillas del Darro las cabecitas amarillentas de los jaramagos agrupadas en una piña forman un tapiz que adornan la ribera, huele a azahar, a hierba, a campo, que intenta explosionar pero  aún se encuentra enclaustrado por los coletazos de un invierno sumamente riguroso.


La Carrera del Darro, la calle más visitada de nuestra ciudad, se ve muy concurrida por  gentes del lugar y de otras venidas de allende que quieren llevarse el embrujo de Granada, concentrado en la esencia de esta "rue" de casas palaciegas, de iglesias y conventos, donde las fachadas, si pudieran hablar, nos contarían historias y leyendas de muchos lustros pasados.

                                                     Cuesta del Chapiz
Entre el barullo de gentes se mezcla un grupo de personas que han salido de Plaza Nueva, centro neurálgico de la ciudad y que en pequeños grupos vienen en dirección hacia la Cuesta del Chapiz con el fin de llegar a la hora prevista a las Escuelas que fundara el Padre Manjón.
Son las cuatro y media de la tarde de este mes de marzo, cuando este guía los recibe en la puerta del Colegio.


Esta tarde no vienen a explorar ninguna galería subterránea, ningún pasadizo encantado, ningún túnel desconocido, ninguna catacumba, uno de los principales objetivos de este colectivo, 


                                                    César Requesens
fundado por el periodista y escritor César Requeséns, con publicaciones como “Granada secreta y subterránea”, sino a empaparse de la belleza de este rincón de Granada que se llama Escuelas del Ave María enclavadas en este maravilloso valle, con denominación de origen, Valparaiso

                                                     Valle de Valparaiso
El grupo formado por unas veinte personas a cuya cabeza viene José González Morillo, recibe la bienvenida del que durante varias horas les va a acompañar.

                                           José González Morillo
 Nuestros visitantes vienen con el deseo y las ansias de llevarse toda la esencia pura que destila este privilegiado rincón.
 Llegan por primera vez a conocer lo ignorado, aun siendo algunos de ellos de la ciudad, otros de distintos puntos de la Geografía mundial, y digo esto, porque preguntando durante el trayecto, me encuentro con dos chicas rusas que están realizando estudios de doctorado en nuestra ciudad, otros son licenciados, trabajadores o simplemente aficionados al arte y a lo desconocido.
Son las cuatro y media de la tarde, hora de la cita, y los asistentes dan ejemplo de puntualidad, con el grupo comenzamos la andadura.

                                       Da comienzo la visita
El salón de actos nos acoge para hacer la introducción. 


El guía José Medina Villalba se presenta haciendo un breve relato de su vinculación al Centro, como maestro y director y las funciones que dentro de él en estos momentos desempeña. Intentaré, dice, utilizando la palabra, que nuestros invitados se lleven toda la esencia pedagógica y poética que tiene este Colegio.

                                  La escuela que le tocó a Manjón vivir
La figura de nuestro fundador sale enseguida a la palestra, utilizando un lenguaje distendido y ameno va narrando las características de los que le dieron el ser, especialmente su madre, su pueblo Sargentes de la Lora, la escuela y maestro  que le tocó vivir, sus estudios en el Seminario de Burgos, después en Valladolid 

                                      D. Andrés Manjón catedrático
donde obtuvo el doctorado en Derecho Canónico, cátedra en Santiago de Compostela y llegada a Granada, sacerdote y gozo pleno de su madre que siempre anheló ver a su hijo en el presbiterato.

                                  El encuentro con la "Maestra Migas"
Canónigo en el Sacromonte y contacto con el pueblo gitano que vivía en esta zona de la ciudad la más deprimente y abandonada que clamaban a voz en cuello poder saciar sus necesidades corporales y espirituales.
Encuentro con la “Maestra Migas” y compra del primer carmen.

              El primer carmen que compró, el de los Naranjos. Aquí le vemos haciendo el trato.

Apoyándose en la imaginación de los asistentes tuvieron la oportunidad de penetrar en este tipo de vivienda típica del Albayzín; 

                           Los asistentes se dejan llevar por su imaginación
los asistentes dejaron correr su imaginación, algunos cerraron los ojos, se echaron en los brazos  de  las palabras del presentador y recorrieron uno de los cármenes albaicineros e incluso al salir se dieron un paseo a altas horas de la madrugada por las callejas estrechas del barrio acompañados por la majestuosidad de una luna llena.

                                   Entrada a un carmen albaicinero
El carmen albaicinero es, desde el más humilde hasta el más grandioso, aquella vivienda por la que suele penetrar en su interior a través de un cancel fabricado artesanalmente por los artífices albayzineros, que en la fragua y a golpe de martillo labraban con ricos adornos.
El zaguán, posee una alfombra que cubre la entrada; alfombra hecha con el empedrado típico granadino sobre un elegante dibujo alusivo a motivos heráldicos, florales…, es el medio para pasar al interior a través de un portón ricamente tallado.
A veces, nos encontramos esta situación al revés, el portón de madera primero y el cancel de hierro forjado después; lo cierto es que el paraíso que allí se encierra queda vedado al exterior. (Según el poeta Soto de Rojas, “los cármenes del Albayzín son Jardines cerrados para muchos y paraísos abiertos para pocos”).


Las fachadas de las viviendas, en general, compuestas de bajo y primera planta, se encuentran encaladas y sus balcones ricamente engalanados con macetas esmaltadas, siguiendo la tradición árabe, en los hornos de Fajalauza, que se ven repletas de geranios y claveles reventones.
Debido a la proximidad de las fachadas en las callejas estrechas que caracterizan el barrio, estos claveles son como piropos que unas casas se dirigen a las de enfrente en un rendido homenaje de enamorados.

                                Uno de los variados cármenes del Albayzín
Pasado el zaguán de la casa nos encontramos con el patio, normalmente cuadrangular, también empedrado al estilo ya indicado, delimitado en todo su cuadrilátero por una serie de columnas, unas veces de madera otras de mármol o de piedra de Sierra Elvira, que sostienen la primera planta.
El frescor se respira nada más penetrar en el interior, sobre todo los días calurosos del estío.


Numerosas macetas de pilistras o aspidistra, plantas de hojas grandes y alargadas se refrescan y refrescan al visitante al verse salpicadas por el agua de un surtidor que situado en el centro del patio y constituido por una fuente con forma de concha, de mármol blanco, deja caer el agua lánguida y sensualmente sobre la base de su pila.
Si la vista se recrea y extasía en lo que allí se percibe, no menos es el olfato que se embriaga por el olor de otras diversas plantas que cuelgan en ricos soportes de las paredes del patio. Todo es silencio y armonía.


Dejamos pasar nuestra miradas por el entorno y el lugar se va complementando con una serie de objetos que van a embellecer más la estancia: algún cartel de toros, o de Semana Santa, o del anuncio de las fiestas del Corpus Christi, algún mantón de Manila, algún gran abanico con motivos costumbristas, algún elemento de desuso de labranza….

                                          El gorjeo orquestal  del canario...
Nada perturba aquel romántico ambiente, solamente el crepitar del agua de la fuentecilla que al romper sus gotas en la caída sobre el níveo mármol, junto con el gorjeo orquestal del canario que cuelga sobre el patio desde una de las vigas del artesonado del pasillo de la planta superior, hacen que el silencio que allí se percibe sea aún más encantador.

                  La mecedora donde el albayzinero cumple con el rito sagrado de la siesta
Poco mobiliario, a lo sumo y como pieza imprescindible, una mecedora tapizada con tela alpujarreña será el mobiliario imprescindible donde el albayzinero, habitante de esta morada, pueda cumplir con el rito indispensable de la siesta, que siempre se hace más apetecible por todos los aditamentos que en este ambiente se aúnan.

                                 Beber agua a "calichi" tiene su arte
El agua fresca de un pipo de la Rambla, será la que a nuestro inquilino le desperezará de la morriña que le ha acompañado en su plácida siesta.
En algunos de estos patios existen aljibes que contienen agua venida de la fuente  de Aynadamar –Fuente de las Lágrimas- (Alfacar).
Algunas habitaciones o salas bajas, donde el albayzinero suele hacer vida durante los veranos calurosos de Granada, complementan el lugar.

                Artesonado mudéjar con el que se cubre la techumbre de las habitaciones
El primer piso, normalmente único piso, está rodeado de una galería, con techumbre de madera, y con habitaciones muchas de las cuales aún conservan artesonados mudéjares.

                                  Uno de los variados cármenes del Albayzín
Si abandonamos el patio, a través de un cancel salimos al huerto- jardín, donde las plantas trepadoras, la hierba buena, los rosales, los galanes de noche, los geranios, la madre selva, junto con los bojes en perfecta alineación formando pasillos estrechos dirigen nuestros pasos a glorietas, fuentecillas cantarinas, o bancos para reposar, meditar, o recrearse en el entorno que nos rodea, teniendo siempre este escenario como fondo la gran sultana Alhambra, novia eterna del Albayzín.

                    Pasear de madrugada por las callejas del Albayzín es todo un deleite
Pasear por las noches de verano a altas horas de la madrugada por las callejas del Albayzín, cuando solo el silencio se veía quebrado por el chirriar de un grillo, o por los toques al alba, de la campana de la Torre de la Vela, o por el tintineo de algún convento que llama a la oración a las monjas de clausura, es todo un  deleite.


Acompañados por la luminosidad de una luna llena, exhalando el perfume embriagador que se percibe a través de la encalada tapia que rodea al carmen, como si fuera el estuche envolvente de este sagrado cofre, en nuestro caminar nocturno vamos sintiendo sensaciones  difícilmente de transmitir con el lenguaje escrito.
Nuestra Escuela del Ave María está formada por siete hermosos cármenes colindantes, en una extensión de un kilómetro aproximadamente, que se han tenido que ir adaptando a las exigencias de los tiempos y de las necesidades escolares.
Daría a continuación unas pinceladas sobre los pilares fundamentales de la Pedagogía Manjoniana, basados en el discurso académico que D. Andrés Manjón impartió en la Universidad de Granada, 1897, titulado: “Cualidades de una educación y cuales nos faltan”. De los dieciocho puntos que Manjón expuso en su conferencia, siempre he seleccionado  unos pocos que considero primordiales, sin restarle importancia a los restantes, por no cansar a los oyentes haciendo demasiado larga la exposición. Estos son:


1.- Pedagógía lúdica, basada en el juego
2.- Activa, por parte del alumno y del maestro.
3.- Metódica, sin método no se puede trabajar y el maestro que no lo utilice no sirve para tal.


4.- Naturista, desarrollada en plena Naturaleza.
5.- Como base de todos, una Pedagogía Moralizante, de valores, ya que lo más importante para Manjón es la educación.
El lema de nuestras Escuelas es: Enseñar haciendo para educar enseñando.


Todos estos puntos fueron expuestos con ejemplos, como el de los “Maestros camellos” o el del niño que en su inocencia le preguntó al escultor: ¿Cómo sabías, que dentro del enorme bloque de piedra estaba escondido el caballo?

                   Los visitantes se quieren llevar en sus cámaras la belleza del panorama
La tarde se va abriendo, en las mentes del grupo, después de escuchar esta introducción y saliendo al exterior comienza el recorrido, les hago saber que el Colegio constituido al principio por varios cármenes, siete en concreto,  por exigencias de los tiempos y del proceso evolutivo que requiere la enseñanza, se han ido transformando y donde había huertas se han hecho edificaciones, campos deportivos, y nuevas estructuras que le han quitado la esencia pura de lo que es un carmen sin dejar por ello de desprender encanto por cualquier lugar.

                          Ante unos materiales al aire libre, para aprender Geografía
Todo se va apaciguando a través del recorrido por el Colegio contemplando la belleza de cada uno de los rincones  por donde vamos pasando acompañados por las anécdotas que surgen  en los distintos lugares; despertando la sensibilidad poética, de los allí presentes, con explicaciones  que llevan aparejados ribetes poéticos, como las vendedoras de chumbos, la poesía del Colegio en cualquier estación del año, o la forma en que la Escuela del Ave María se duerme y despierta todos los días.

             El paseo central del Colegio con el monumento dedicado al fundador de las Escuelas


                            Exterior e interior de las cuevas del maestro D. Enrique Amaya

                     D. Andrés Manjón sobre "La Morena" por la Carrera del Darro (1919)
                                      Sepulcro del fundador
Las cuevas, del maestro gitano D. Enrique Amaya, con sus recuerdos del pasado, las burras que tuvo y sus anecdotario, 

           Ante uno de los diversos gráficos para la enseñanza de la Anatomía del cuerpo humano
las explicaciones de los distintos gráficos que D. Andrés Manjón ideó para cada una de las asignaturas, darían paso a la Capilla donde pudieron contemplar la diversidad de obras pictóricas y escultóricas que la enriquecen; la trayectoria histórica desde que se construyó, los personajes que colaboraron con Manjón, D. Manuel Medina Olmos, D. Diego Ventaja Milán, y la sepultura del fundador; algunas anécdotas sobre los distintos personajes insignes que visitaron el Colegio como el Rey Alfonso XIII, Miguel de Unamuno, Andrés Segovia, Rufino Blanco, Padre Poveda…

                                     Camino del huerto escolar
Son las siete y media de la tarde, dando un paseo por donde se encuentra el huerto escolar y los mapas en relieve de las provincias de Granada y Andalucía pasamos al museo.


                          Habitaciones y objetos del despacho y dormitorio
Las habitaciones íntimas de D. Andrés Manjón, despacho y dormitorio y demás elementos que utilizó: ropas, utensilios  de viaje, obras literarias escritas por él… 

              El gran literato Miguel de Unamuno dejó sus impresiones en el libro de visitas
  Finalizaría la jornada, con las palabras de D. Andrés puestas en boca de este guía: “Tome cada uno lo que le interese, amplíen los pensadores las ideas que aquí se apuntan, perdonen si no ha sido de vuestro agrado porque ni es hábil el cocinero ni jamás se guisó a gusto de todos”.


Con la estampación en el “Libro de Visitas”, las impresiones que les ha causado al grupo esta visita, por José González Morillo, se dio por terminada esta actividad.
Un aplauso rubricó la caída del telón de este escenario que hoy hemos vivido.
Sirva este archivo como recuerdo para los que en este día 13-3-2015  (Grupo Granada Secreta) visitaron las Escuelas del Ave María, Casa Madre, de Granada.

                       REPORTAJE FOTOGRÁFICO


   




























                               José Medina Villalba

domingo, 8 de marzo de 2015

CARMEN DE SAN JUAN, DE LOS HUMANES, DE LA MANCHEGA O DE AYUSO


                                                        Óleo sobre lienzo. (54X38)
A propósito de mi último óleo quiero seguir cantándole al Valle de Valparaiso, al Colegio del Ave María, trayendo al presente el pasado, en algunos momentos, y en otros saboreando lo cotidiano.


La noche había caído y el manto azul de un cielo ultramar intenso cubierto de brillantes, zafiros y esmeraldas arropaban el frágil sueño de un valle, con denominación de origen, Valparaíso. En esta depresión, en esta cuenca, parece como si el Creador hubiera querido echar el resto de su omnipotencia; a veces pienso que el Paraíso Terrenal, aquel del que nos habla La Biblia, donde Adán y Eva disfrutaron de sus delicias naturales, debió de sentir envidia sana de este nuestro valle.

                                              Atardecer en el Valle de Valparaiso
Dormitaba el Colegio, y en ese cabecear, cuando aún las musas del sueño profundo no le han hecho mella, cuando la sinfonía orquestal de las aguas que corren lavando los pies de nuestro entorno, en ese ambiente especial que, como perfume embriagador, sube desde la ribera del Darro acompañado de los últimos y casi apagados gorjeos de las numerosas aves que se acogen a la ilusión del letargo de una velada más, cuando el verdor intenso de la naturaleza matizado por la infinidad de colores fríos y calientes que con él conviven, se ha ido paulatinamente apagando porque Febo, el dios sol, el que les da fuerza y vigor durante el día, 

                                                           El sol se despide en lontananza
en esa huída acostándose en la cuna de lontananza se ha marchado, (la huída de los días me recuerda la brevedad de la vida) cuando comienzan los rasgueos de la guitarras gitanas que con sus primeras notas abren y dan paso a la zambra, y a esos cantos de la “arboreá, la mosca, la cachucha o la boda gitana”, 

 
                                                         La zambra gitana del Sacromonte
como nanas, vienen a convertir el sueño de nuestro Colegio en dulce y agradable placer, cuando a la sultana Alhambra se le suben los colores a la cara, de ese rojo esmeralda, como ascua de fuego, -que le proporciona lo que la inteligencia humana ha sabido hacer transformado en electricidad-va a encender todo el cuerpo del valle haciendo que los fantasmas, que proporcionan el miedo de la noche, desaparezcan para que la naturaleza plena pueda dormitar con suma tranquilidad, 

                                                       El rocío de la noche
cuando el rocío de la noche como manjar y alimento especial de la hierba regaba abundantemente todo el recinto, cuando..., cuando..., paseaba tranquilamente, por nuestro recinto, después de una de esas reuniones que celebramos la Junta Directiva de la Asociación de Antiguos Alumnos del Seminario de Maestros del Ave María.

                                                Apoyado sobre la barandilla
Apoyado sobre la barandilla que protege el camino que da al río, por momentos, mientras veía desaparecer y apagarse lentamente las conversaciones de mis compañeros que se perdían en la espesura del ropaje de la arboleda del paseo central mi mente, atosigada por tanta riqueza embriagadora y soñando en uno de esas leyendas persas, subido en alfombra voladora, me trasladaba a edenes  misteriosos o a ser protagonista de un cuento más de las Mil y Una Noches, quedó en  plena libertad para que mi subconsciente, como en un “Flas Back”, se hiciera de nuevo niña y se trasladara a aquellos maravillosos años de mi infancia.

                                                   Campana de la Torre de la Vela
La campana de la vela dejaba escapar, con su voz  de bronce ampuloso, los últimos sones de unos ecos  que me traían el recuerdo de aquellos labradores, ansiosos, esperaban el turno para saciar la sed de los campos de nuestra Vega, o las recomendaciones de las madres del barrio  a sus hijos, a la hora de dormir, para que cogieran pronto el sueño, como la voz del “coco” que se comía a los niños cuando no se dormían.
Entre tanta y tanta meditación, mi mente ya no estaba en el año 2015 sino en el 1945.

                                          Patio donde se encontraba la clase mayor
Veía a mis compañeros saltando la acequia, ascendiendo por una veredilla que, con el paso de unos y otros, habíamos formado para subir donde estaba nuestra clase. De este modo podíamos llegar arriba rápidamente, a no ser que fuésemos descubiertos por D. Antonio Bas Sánchez, así se llamaba el maestro que regentaba la clase mayor, si nos delataba nos invitaba a dar la vuelta y subir por la escalera que había frente al jardín de la palmera, era el camino correcto. Pero no siempre estaba allí D. Antonio, por lo que aquel caminillo seguía convirtiéndose en paso arriesgado.

                                                  El jardín de la palmera
Es la hora del recreo, contemplo a un grupo de niños jugando “al salto de la muerte”,  otros se divierten, entre los que me encontraba, a “chichiri voy”, a los pies de tu cabeza voy, el uno soy, el dos soy,..., (se va diciendo mientras se salta sobre los que pierden).
                                                 "El salto de la muerte"
-¿Churro, pico, tecna?- Grita el jefe de los que ganan.
 Una voz que sale de las profundidades de los que amagan responde:
-churro.
-No, es tecna, (contestan los que dominan).
- Os toca seguir agachados.
Otros se entretienen jugando a la rayuela sobre una “penca”,- hoja de las numerosas chumberas que poblaban la parte alta que colindaba con el Camino del Sacromonte; pobre del que perdiera, tenía que sacar con los dientes el palillo que después de tres fatídicos golpes le habían introducido en el interior.
       
                                                          Chumberas
No digamos nada de los que se distraían con los “nicles”, - logrados de los forros de los caramelos- jugando “al nicle, nacle, chocolate”; a las cajillas, obtenidas de los forros de las cajas de cerillas, para jugar a los montones o al triángulo. De los trompos y trompas para ver quien rompía más de estos artefactos que, con movimiento de traslación y rotación, a más de un maestro le sirvió para explicar los giros de la Tierra.

                                                La lima en el juego de la rayuela
 ¿Qué me decís de la lima? aquella que, a escondidas de nuestro padre, le habíamos extraído, para después de quitarle el puño de madera, nos servía para clavarla en la tierra húmeda, en ese tiempo lluvioso del invierno y de la primavera propicio para jugar. Cada juego tenía su momento y su época, pero sobre todo, ¡qué gran imaginación le echábamos! para, careciendo de los medios económicos, idearnos nuestros propios juegos.

                                             Los alumnos del curso sexto con nuestro maestro D. Fernando Fernández Crespo.
                                    Los alumnos sentados en la tercera fila, el tercero por la izquierda es José Medina Villalba
D. Fernando Fernández Crespo, aquel maestro de mediana estatura, de cabeza dolicocéfala de carácter aparentemente serio, se frotaba los nudillos de una mano sobre la palma de la otra para entrar en calor o para contener el esfuerzo que, en determinados momentos, tenía que hacer para no dar un cogotazo; aquel maestro que nos ilusionó con el dibujo y la acuarela, aquél que cualquier avemariano de aquella época y de mucho después recuerda como el que más huella le dejó.
Tenía una metodología especial, intuitiva, práctica y agradable, para enseñar cualquier materia; podríamos seguir hablando largo y tendido de él. Aprovechó la lima no sólo para quitársela a los que con ella jugaban, -era peligrosa, alguno se vio con el pie atravesado ante un fallo del que la  lanzaba-, sino para enseñarnos las capitales de los países sudamericanos.


 Ecuador, capital Quito,
-como yo hago, (quito); Perú, su capital Lima,
-(lima) la que yo recojo.
Así quedaba la frase: quito lima. De este modo recordábamos las capitales de estos dos países.
Otros, aunque fuera con una pelota de trapo, también se divertían jugando al fútbol delante de la placeta de la clase. Allí estaba “el Cuerva”, aquel que fue un gran jugador del Recreativo y del Granada Club de Fútbol, dando los primeros “leñazos” a sus compañeros, ¡el Cuerva era mucho Cuerva!


                           En aquel campo de fútbol en el año 1955, surgieron estas clases, al principio
                                                     para la Escuela Normal de Maestros, actualmente clases de bachillerato.

Cuántos esfuerzos y trabajos tuvimos que realizar para tener un campo de fútbol, o por lo menos, a nosotros nos lo parecía, comparándolo con el que teníamos en la placeta de la clase; para lograrlo retiramos, con nuestros sudores, todo el huerto de chumberas que había por encima de las clases sexta y séptima.

                                  Antiguo campo de fútbol de los Cármenes, junto a él las 
                                                                      Escuelas del Ave María de San Isidro.
Con los balones de deshecho que nos proporcionó el Granada, C.F., nos sentíamos verdaderos ases de este deporte. Los Nicu, Miguel López, Aguado, Cantillos..., se sentían como unos profesionales.

                                                    D. Antonio Bas Sánchez
D. Antonio Bas, al que los alumnos le tildaban con el mote de “el paletas”, buen maestro, daba la última pátina educativa, cultural e instructiva, para finalizar la Enseñanza Primaria. De allí salíamos bien preparados unos para estudiar bachiller, otros para ingresar en las fábricas de Electricidad Sevillana, o de Pólvora en el Fargue, o simplemente para ocupar un puesto en cualquier trabajo comercial o industrial.
La disciplina y el orden eran la norma habitual y más de una reprimenda se llevaba el discípulo atrevido que quisiera romper con las normas de convivencia. Los nombres de Morón, Trapero, Morales, Urbano, Arias, Miranda, Cantos, Carmona, Olmo, Ramos, Castillo, Arturo, Rostán, Ramón..., por citar algunos de los muchos compañeros que aún recuerdo con agrado, me vienen en estos momentos a mi memoria.
Era D. Antonio un maestro al que le gustaba mantener una buena relación con aquellos alumnos que, habiendo salido del colegio y estando ocupando un puesto en la sociedad, procuraban seguir de alguna manera ligados al Colegio que les educó y formó.

                                    Antiguos alumnos de Casa Madre en una reciente celebración

De esta guisa, de vez en cuando, montaba obras de teatro que se ensayaban por la tarde-noche cuando los actores habían dejado sus ocupaciones estudiantiles o laborales.

                                           El escenario del salón de actos de Casa Madre
Me gustaba ir al salón de actos y verlos ensayar, en más de una ocasión tuve que suplantar, aunque fuera simuladamente, a alguno de los que, por causas justificadas, en algún momento faltaban.  Allí estaban: Jiménez Barragán, Antonio Sánchez, Victoriano Rostán, Salazar..., desenvolviéndose como actores de primera magnitud, después se lo hacían vivir al numeroso público que acudía a las representaciones en los días solemnes del Ave María.

                                 Banda de música de las Escuelas del Ave María, Casa Madre. (1950).
                                                                                   Director D. José Rodríguez 
Me está llegando a mis oídos el “pitorreo” de una mescolanza de notas que salen de una serie de instrumentos, algunos con más bollos que una cacerola de porcelana, la mayor parte de estos eran adquiridos por D. José Rodríguez, maestro de la banda, de segunda, tercera o cuarta mano. 

                                                    Los músicos ensayando
Los ensayos se hacían, cuando el tiempo lo permitía, en la placeta donde se encontraba la clase, dedicada exclusivamente a los músicos que, por no alterar el orden de las demás clases, ya que de vez en cuando tenían que ausentarse del colegio para ir a las fiestas de los pueblos, formaban una escuela unitaria.

Mientras unos practicaban sentados en el pretil que da al camino central, delante del atril metálico que sujetaba la partitura que pacientemente se había escrito a mano con aquella plumilla que portaba la tinta extraída del tintero, ( en aquella época, ni había bolígrafos, ni por supuesto fotocopiadoras que hubieran podido ahorrar tiempo y trabajo), otros solfeaban delante de las pizarras que había en la fachada de la casa que habitaba D. Fernando y su familia; todo esto bajo la atenta mirada del maestro, de larga nariz, fumador impertérrito, que apretaba sus mandíbulas con fuerza para contenerse ante los fallos que se cometían y evitar soltar una reprimenda, lo cual no quiere decir que no la hubiera.

                                            Las uvas del paseo central  del Colegio
Cuando por imperativos que imponían la salida a las fiestas de los pueblos había que intensificar los ensayos, estos se realizaban en segunda sesión por la noche; aquello daba motivo para que, a la salida alguno de los musiquillos, amparándose en las tinieblas de la noche, diera al traste con las uvas de los parrales, los higos, nísporas, ciruelas y demás frutas que entonces abundaba, en el paseo central del Colegio.

                                      La fuente con sus cuatro chorros en medio de la placeta
La interpretación musical de las partituras, cuando se acoplaban, bajo la batuta de D. José, se veía acompañada por la musicalidad acuífera de aquella fuente que en forma circular se encontraba en medio de la placeta con sus cuatro chorros laterales y de otros varios que salían de una esfera situada en la parte alta de una columna cuadrangular que ocupaba el centro de dicha fuente. La lectura, representada en azulejos alrededor de la fuente, tenía su papel recreando nuestro espíritu, “Fuentes, bendecid al Señor” “Mares y ríos, bendecid al Señor”, constituía una melodía especial cuando la leíamos.
Nuestra banda de música hizo historia en los anales de la Casa Madre. Recuerdo aquellos días de S. Andrés cuando después de la misa solemne se daba un concierto doble en la placeta de la iglesia; digo doble porque también acudía otra banda del Ave María, la de S. Isidro,  bajo la dirección del maestro Ayala Cantos.

                                   Banda de música del Ave María de S. Isidro, director D. José Áyala Cantos
 Había una competencia por ver cuál de las dos orquestas lo hacía mejor. Los niños formando corro, alrededor, aplaudíamos, sobre todo a nuestra banda. Atraía especialmente la atención la diminuta figura de uno de los músicos, el trompetista José Luis Hidalgo Chica que, cual hidalgo caballero, trompeta en ristre, lanzaba sus notas al aire de “Las Islas Canarias”, bajo la atenta mirada de sus innumerables admiradoras.

                                                Banda de música (1990)
 También estaban allí: José Idígoras  Gallut, Antonio Laín, Manuel Gómez,  Rafael  Puche, Leopoldo Martínez, Manuel García (Sibari), Rafael Megías, Francisco Pérez Barrera, José Ruiz Rodríguez, Francisco A. Milán, José Rada, Francisco Rada, Enrique Castro, Manuel Palma, José Miranda, Miguel Miranda, Agustín Aguado, Antonio López, Teófilo Martínez, Antonio Rocino, los hermanos Hidalgo Chica (Ángel y Antonio), José Elvira, Enrique Molina, Leonardo Sánchez, Luis Arganza, Miguel Gómez, José Amaya, Rafael Martín, José Molina, Antonio Aguado..., y otros muchos que después fueron magistrales profesionales en bandas oficiales.

                                               Tomás, Cabrera, e Idígoras. (1959)
 (A todos ellos mi más sincero reconocimiento por su labor prestada a esta Institución del Ave María; en esa edad, quizás no eran conscientes de la actividad que en esos momentos realizaban. Como niños, todo era juego y diversión, sin embargo, supieron llevar por muchas tierras y pueblos el nombre de nuestro Colegio, el Ave María).
                                             La banda de música en las fiestas de los pueblos

En aquel tiempo, una banda de música no podía faltar en ninguna de las fiestas patronales de los pueblos, acompañando al Santo Patrón durante la procesión y posteriormente, por la noche, en la verbena amenizando el baile.
Nuestra banda fue contratada innumerables veces y sus componentes eran alojados en las casas de las familias que formaban parte de los organizadores de las fiestas, como mayordomos y cofrades.
Los desplazamientos se solían hacer en camión descubierto con los instrumentos amontonados en un rincón. Por la Comisión de Fiestas eran alojados los músicos en diferentes casas. Los tiempos que corrían no eran muy boyantes y las necesidades estaban a la orden del día.
Anécdotas de las aventuras corridas por estos pequeños artistas y musicólogos se podrían contar en gran número; quiero hacer referencia a una de las que llegaron a mis oídos y que, sin dar crédito excesivo, habría que poner en duda.

                                                     Benalúa de las Villas
Dos de estos protagonistas, una vez terminadas las fiestas -parece que el hecho ocurrió en Benalúa de las Villas-,  cuando ya se iban, cada uno cargado con su taleguilla de garbanzos o de lentejas -costumbre común en todos los pueblos donde acudían-, se acercó una mujer desesperada, llamando al director; interrogada por éste, que cuál era su problema, dijo que le habían desaparecido los chorizos de la matanza que guardaba sigilosamente en una orza; D. José le preguntó quiénes habían sido sus huéspedes; pronto fueron descubiertos y del fondo de la talega salieron la ristra de chorizos.
 Como en aquel tiempo no había demasiados impedimentos para castigar a los niños en sus angelicales fechorías, D. José les administró sus buenos cogotazos, despidiéndoles con su correspondiente puntapié en el polo sur, de sus respectivos cuerpos.
El airecillo que viene del Valle me hace volver a la realidad. Así, despegándome de la barandilla en la que apoyé mi cuerpo para poder soñar, en esta fantasía nocturna en la que hubiera permanecido una eternidad, apresuro mis pasos para unirme a los compañeros de Junta de Gobierno que, en la puerta de la Colegio, están esperándome.

                                               La falsa pimienta acaricia mi rostro
Las ramas de la falsa pimienta que lánguidamente se dejan caer sobre el camino central del Colegio con los rojos rubíes, corindones agrupados en racimos las embellecen, al pasar por debajo acarician mi rostro junto con el aire suave del atardecer.
No quisiera despedirme sin dar unos datos históricos sobre el Carmen de San Juan.
Compró D. Andrés Manjón este carmen en octubre de 1.898; su superficie es de 4.000 metros cuadrados y el precio de compra fue de 17.000 pesetas. Fue bautizado con el nombre de San Juan y la posesión del carmen se hizo solemnemente. “Se ha tomado hoy por los niños del Ave María, cantando el Santo Rosario, con asistencia del notario del Colegio, D. Elías Pelayo, D. Matías Méndez,la Condesa de Torreisabel, la Marquesa de Villamontilla, Dñª Trinidad Herranz, el señor Sánchez, canónigo del Sacromonte, el Sr. Castella y otras varias personas. Hubo música y banderas abundantes”.       

                                  El poeta avemariano y albaicinero Manuel Benítez Carrasco
Quiero, a la terminación de este artículo, dejarte un agradable sabor poético puesto en boca de nuestro desaparecido avemariano, Manuel Benítez Carrasco, que con esa forma especial, “sui géneris”, de escribir e interpretar su poesía, en más de una ocasión nos deleitó con ésta que va a continuación.
              
            POR LOS CAMINOS DE MI ESCUELA

Me estoy bañando en mi infancia;
con agua de infancia estoy
salpicándome las sienes;
¡qué gracioso salpicón;
qué bien me sienta este baño
de primera comunión!

Los niños cantan y cantan...
(con ellos cantaba yo)

“... de diez me llevo una,
de veinte dos,                                   
de treinta, tres...”                       

                                                  De diez me llevo una, de veinte dos...
del alba me llevé el sol
y de todas las estrellas
me llevé el beso de Dios.

Geografía al aire libre,
mares a mi alrededor.
Y el Darro allá abajo         

                                                             Y el Darro allá abajo
el estudiante mejor:
agua y agua, cielo, espejo,
nieve, nube, espuma, son..

El sistema planetario
bajo las parras en flor;
qué fácil llegar a Marte,       

qué fácil mover el sol.             qué fácil llegar a Marte, qué fácil mover el sol.

Y en vuelo interplanetario,
con una rapidez loca,
llevarme un racimo de uvas
desde Saturno a la boca.

...Mi corazón , un planeta
más que de tierra, de Dios,
con un ángel en la orilla
y un demonio alrededor      

-satélite de blancura,                     Mapillas del Carmen de San Juan
satélite de carbón-;  
bien cuidó de mi custodia
el ángel que me guardó...

Que ahora mismo, con qué risa,
y, a un tiempo, con qué temblor,
estoy prendiendo en el negro
abrigo de don Ramón
un muñeco de papel,                   

un alado fantachón
hecho con las letras santas
del libro de religión,
mientras que mis condemonios
le cantan a media voz:

“Borriquillo caliente
que lleva la carga
y no la siente...”

                                                         doña Águeda
Don Ramón no se da cuenta
-y tiene su explicación-.
Que, aunque serio de remate,
es viudo y sin amor;
y cuando ve a doña Águeda,
don Ramón no es don Ramón.

Y es que aquella doña Águeda
-hoy caigo en la cuenta yo-,
 como maestra era buena...
y como mujer...¡mejor!

Por la acequia,
como barcos vegetales,
hojas de bambú navegan.
Y barquitos de papel
sin timón, jarcias ni velas       

van, a deriva de sueños,
en callada competencia,
a una inminente batalla
de cañonazos de piedras
y a un prematuro naufragio
de aventuras marineras.

(También un día yo fui
marinero en esta acequia).

“Agua de mi escuela,
acequia de Dios;
un Ave María
y el Padre Manjón                 

con su borriquilla,
con su bendición,
como en Galilea
Dios nuestro Señor.
Agua de mi escuela:
canta, corre y canta
y dame tu son,
que hoy te necesito
por mi corazón.
Yo, desde mi cuna,
soy agua también,
mucha ya pasada,
poca, por correr.
Dame tus recuerdos,
¡me hacen tanto bien...!
Y dame tu gracia
y tu sencillez
ahora, en mi vida,
y en mi muerte, Amén”.

Por los naranjos, un grupo
de niños roban un sol                   

pequeño en cada naranja.
Con ellos robaba yo.

...”Robad cuanto os venga en gana,
robad a más y mejor;
que nunca es grande el castigo
cuando es chico el pecador.
Que nunca podréis estar
ni podréis ser, como hoy,
ni más limpios de pecado
ni más dignos de perdón”

¿Quién los castigará a ellos...?
¿Y a mí, quién me castigó...?
Qué pena que se haya muerto
-que es haber crecido yo-,
aquel don Juan medio ciego,     

aquel vejete de Dios,                       aquel vejete de Dios
zapatos casi de tierra,
coronilla casi flor,
gafas casi de milagro,
sotana casi sayón.
¡Qué pena que se haya muerto!...
¡Y eso que me castigó!
Yo robaba las naranjas
recordando la inscripción
que en la puerta de la escuela
es como una invitación:
TODO PARA TODOS
Sí.
sí;  pero para ti, no.

Tres libros en cada mano
y arrodillado ante Dios,
mi llanto no se sabía                    

si era rabia o contrición.

-Resucite usted, don Juan;
lo pido en nombre de Dios,
y castígueme de nuevo
por algo mucho peor
que robarle las naranjas
a espaldas de su perdón;
que cantarle a don Facundo
escondiéndome la voz:
“Por la carretera sube
Facundo con un farol;                     

se le han roto los cristales
y se ha dado un coscorrón...”
que hacer rabona en el río,
que hacer aeroplanos con
las hojas del catecismo,
que tomar la comunión
sólo por ver si el obispo
era un hombre o el Señor...
Porque todo aquello y más
volvería a hacerlo hoy,
si usted no se hubiera muerto
que era no ser grande yo.

Suena la banda de música.
¿Quién será su profesor...?     

                                             Entre la banda de música yo era un pequeño tambor

¿Y le harán burla los niños
como entonces hacía yo...?
Entre la banda de música
yo era un pequeño tambor,
redoble siempre a destiempo
seguido de un bofetón.

Y cantan, cantan los niños...;
con ellos cantaba yo:
“De diez me llevo una,
de veinte ,dos,
de treinta, tres...”,
del alba me llevé el sol,      

y de todas las estrellas
me llevé el beso de Dios.

Hoy quiero cantar con ellos
y no me llega la voz.
Que las cosas que hoy me llevo
de treinta, vida y amor,
son para llorarlas mucho
dentro de mi corazón.
                                     
                                   José Medina Villalba.