martes, 15 de mayo de 2018

XXII ENCUENTRO INTERPROVINCIAL AULA PERMANENTE DE FORMACIÓN ABIERTA


                                                     MELILLA

 Melilla es una niña acostada en una cuna de olas, cuya almohada es la espuma blanca del mar.

Las once de la mañana de un doce de abril de dos mil dieciocho, en el estacionamiento del Aulario de Derecho, en la Avenida de Severo Ochoa, hay un ambiente especial, un grupo de estudiantes universitarios de la Universidad de Granada, se dispone a tomar el autobús para realizar un viaje de cuatro días por tierras del otro lado del Mare Nostrum, nuestro mar, al que le pusieron nombre los romanos.

                                        Dispuestos para viajar

Pero, ¡vamos a ver!, estos señores y señoras que me muestras en la fotografía, y por lo que veo peinan canas o las tienes maquilladas, no serán los estudiantes, porque ya pasan de cierta edad para estar todavía en la Universidad, en todo caso serán los padres o familiares de esos alumnos que, según me dices van de viaje.
-Querido lector, aunque te parezca extraño, son los que siguen cultivándose a su edad, en el Aula para Mayores en nuestra Universidad, porque el saber, el querer seguir adquiriendo conocimientos, siempre ennoblece y engrandece la inteligencia y amplía la erudición.  


Caras sonrientes, conversaciones animadas, encuentros con compañeros de clase o de otras salidas, maletas, bolso, macutos, bajo o alrededor de la marquesina esperando la llegada del autocar que nos va a trasladar.


Siempre la genial Lali, la jefa de la expedición asignando puestos, consultando, resolviendo dudas, y procurando que todos se sientan lo mejor posible en esta nueva salida, para asistir a una concentración en Melilla de todos los  alumnos pertenecientes al AULA, (Asociación de Alumnos del Aula Permanente de Formación Abierta), que celebran el XXII encuentro interprovincial. Con la participación de ALUMA,  cuerpo complementario de actividades al AULA. 
-Pero, aluma, ¿acaso no es una palabra hebrea que significa doncella? Sí, querido lector también tiene cabida en nuestra ALUMA, porque son muchas las doncellas que asisten a clase recibiendo y aportando conocimientos y también a este encuentro.


                                               Llega la simpática y genial Angelitas

Gestos y expresiones de la mañana que alegran el ambiente, con la agradable sonrisa de Angelitas belleza a raudales y simpatía por toneladas, la componente de la directiva que embauca con su conversación amena y de larga trayectoria, a todo el que se digna pasar por el despacho de la Facultad de Medicina, donde tiene su residencia este grupo de personas que, de forma altruista, voluntariosa y desinteresada dirigen el timón de este crucero que se llama ALUMA.



Caminar en un autobús de la empresa González, por la carretera sobre la que hollaron sus pasos  desde tiempos prehistóricos caballerías, carruajes, vehículos a motor, de veraneantes domingueros, sobre asfalto serpenteante para detenerse a comprar la rica sandía en Dúrcal, la oración en la Venta de las Angustias, 


                                                  Venta de las Angustias

el abuelo que cuenta a sus nietos, la batalla del Puente del Tablate, el miedo en los Caracolillos de Vélez, parada obligada para deleitarse comprando los famosos pestiños de Vélez,

                                                     Pestiños de Vélez

para asomar por el túnel de la Gorgoracha, y en la lejanía divisar el azul de un mar que se funde en el horizonte con el celeste de un cielo inmenso, todo eso ha pasado a la historia, ahora todo va más deprisa, la vida no es nada comparada con el vertiginoso paso del tiempo, y por eso ese deleite de una mañana dominguera en un Seat 600, quedó en el recuerdo para los que ya peinamos canas, si es que nos queda un pelo en la testera.



Y soñando entre conversaciones que se pierden en el vehículo,  cabezas postradas de los que por el madrugón no han dormido lo suficiente, y la de éste, que trae en lenguaje virtual aquellos tiempos añorados que no volverán, en un santiamén sin apenas darnos cuenta, porque la carretera dejó su elegancia con sus curvas y baile serpenteante, como la delicadeza y gracia en la belleza de la mujer  granadina.    


                                           Caracolillos de Vélez de Benaudalla 

Aquello ha pasado a ser una línea recta con doble dirección, vestida cada una con dos o tres carriles, para que corramos como las aguas de un río que se precipitan vertiginosamente por los despeñaderos y cascadas, para que no podamos saborear la belleza del paisaje y la cantidad de historia que hay arraigada en cada pueblo, rincón  y lugar por donde antes, y no hace de esto mucho, disfrutábamos nuestras idas a la playa.


                                                     El Puerto de Motril

El puerto de Motril nos espera, trasiego de maletas, de subidas y bajadas porque no hemos parado en el lugar apropiado, para esperar el momento del embarque.



Mis tres palmeras reposan tranquilas con su rojo equipaje haciendo guardia, rindiéndoles pleitesía a sus pies, mientras otros se ufanan en preparar la documentación para realizar el paso reglamentario para el embarque; otros continúan intentando alimentar el escaso sueño que les falta por completar.



Después vendría el trasvase reglamentario: bandejas para depositar los objetos metálicos, cinta deslizadora que traslada las maletas para escanear y detestar  algún elemento prohibido, y evadirse por largos pasillos interminables, arrastrando las valijas como transeúntes desgarbados y deseosos, de que esta movida mañanera tengo pronto su descanso, para llegar al muelle donde nos espera el enorme gigantón que se escurrirá por el inmenso mar que separa la península de las costas africanas.
-Oiga, señor escritor, usted ha hablado antes de tres palmeras, no sea descortés y preséntenoslas, se llaman: Amparo, María Ángeles y Esperanza, tres encantadoras señoras,  y buenas amigas, que se han empeñado en acompañarme para aplaudirme, es decir dar palmas, de ahí el nombre de palmeras, -con todo el respeto que se merecen- cuando llegue el momento de realizar tal actividad, y que en el trascurso de este relato saldrá a relucir.



Sería la primera hora de la tarde cuando,  la mar o el mar, que para el caso es igual, realmente comenzaba nuestra aventura sin dejar atrás el preámbulo de nuestro viaje; nuestro coloso, llevando en sus entrañas gigantescos vehículos, y todo lo inimaginable de salones con cómodas butacas,  escaleras, camarotes, almacenes…, todo un cíclope edificio, se deslizaba todo ufano sobre la superficie de un cristal hecho de agua salada, que se presentaba como una balsa de aceite.


                                          El agua del mar se asomaba por las cristaleras

        Uno de los salones con sus butacas perfectamente alineadas, sería el sitio donde con apenas ocupantes podríamos contemplar, durante más de cuatro horas, como el agua se asomaba por las enormes cristaleras dejando sobre ellas sus lisonjas en un intento de saludo continuado durante toda la travesía.



Sentado en la cafetería dialogando con alguno de los pasajeros, tomando un aperitivo, para hacer que el tiempo trascurriera sin apenas percibirlo, se siente una sensación extraña, sobre todo al caminar sobre un suelo que, da la sensación de estar moviéndose continuamente, para burlarse del que lo pisa y hacer que el cuerpo se bambolee de un sitio para otro.
Una pitada larga a modo de un sonido bronco que intenta perderse en la angostura del puerto, nos dice que estamos atracando, habla la sirena del barco con su vos característica.



Eran las siete de la tarde cuando después de una travesía plácida, abocábamos para fondear en uno de los muelles del puerto de Melilla, habíamos alcanzado nuestro destino, comenzábamos el primer capítulo de nuestra correría por tierra melillense.


                                             Largas galerías arrastrando valijas

       De nuevo, largas galerías arrastrando valijas que soportaban el peso de otras pequeñas, tirando como caballerías que remolcan pequeños carros que contienen lo necesario para soportar toda clase de cambios de vestimenta, tanto externa como interna, durante estos cuatro días.



 En uno de mis descansos por  el eterno soportal, apoyado sobre la baranda que limita con el espacio sobre el que se cierne una atmósfera de grúas, chirriar de carruajes, y de maletas que andan sobre dos y cuatro ruedas como emigrantes dirigidos, cansados de viajar de un lugar para otro, sonidos de sirenas que hablan del movimiento portuario, contemplo en lontananza el gigante de madera y metal que se pavonea en la lejanía vomitando por su enorme boca, camiones, coches, y diminutas hormigas personificadas; con sus ventanitas a modo de un avispero su enorme peineta mirando como una flecha al cielo y sus chimeneas arrojando los últimos suspiros hechos bocanadas de jactancia convertida en humo en sus últimas espiraciones, mientras le llega la hora de partir en una próxima jornada.



  Una luz ámbar  absorbía la enorme mole que se reflejaba en el azul del espejo del agua, al mismo tiempo que se miraba en los cielos de plomo, había penetrado en su interior, formando un cuadro único.
Para mayor complacencia aquel monstruo marino le habían bautizado con el nombre de ARMAS, y nunca mejor dicho para venir a la mente aquella expresión de, “armas tomar” cuando se aplica,  para indicar  que se trata de alguien de cuidado, por su valentía, arrojo, y decisión, en situaciones complicadas. Nuestro portador no ha podido demostrar para nada estas cualidades, que sabrá lucir perfectamente en brega, cuerpo a cuerpo, con un mar enfurecido, provocador y desafiante.



Un lenguaje especial nos esperaba, “BIEN VENIDOS”, para recibir a un grupo de granadinos que pronto nos arremolinamos a aquellos que nos recibían para dejar constancia en nuestras cámaras de esta inesperada acogida.



El Hotel con el nombre de Tryp Melilla Puerto, sería nuestra residencia en estas jornadas de permanencia. Nada más llegar, pronto comenzarían las carreras, una exposición de fotografía nos esperaba y un concierto individualizado de violín alegraría el ambiente, junto a las palabras de bienvenida de los representantes en esta ciudad de la concentración de Alumnos Mayores de la Universidad con actividades en Melilla, Ceuta, Motril, Granada, Guadix, Baza, para celebrar la XXII Asamblea.



Las cuerdas de un violín, delicadamente acariciadas por  el arco que las besa, movidas por las manos de una bella señorita, hacen vibrar el alma del instrumento dejando en  el aire las notas musicales que nos trasladan al encanto de cualquier país oriental, mientas el cuerpo de la intérprete se cimbrea, con sus ligeros movimientos, como el tallo de una linda flor movida por el viento, delante del atril que le ofrece las notas que tiene que ir transformando en los sonidos más bellos,  imprimiéndole más emoción al momento.



Un silencio recorre la estancia mientras se van captando las notas en el sentimiento de los oyentes, que en su interior van viviendo un momento de íntima  reflexión.    




De un alimento espiritual a otro carnal y necesario en el Club Marítimo, donde la charla animada se compartiría junto a la cerveza magistralmente servida, para llenar las copas, brindar por el éxito de unas jornadas de convivencia, y el alivio de los paladares degustando los pinchitos morunos, las gambas, en  el ajetreo del primer día.







Llegó la hora de marchar, el día había sido un espectáculo de escenas que se sucedieron rápidamente, un amanecer ansiado, un caminar por  una autovía en la contemplación de un paisaje vivido muchas veces, el navegar por un mar en calma soñando sucesos pasados y filosofando mentalmente, con la grandeza de las aguas y la pequeñez de un navío perdido en la inmensidad de un piélago inmenso, y la nimiedad  de los que en el interior conversan o simplemente dormitan.


                                                       Las gotas de agua danzaban en la piscina

       Veníamos habiendo dejado atrás, en la península, la lluvia pero ésta nos perseguía, tras las amplias cristaleras del Club marítimo donde habíamos terminado de cenar, se escuchaba el golpeteo del agua sobre las vidrieras empañadas dejando la danza de las gotas de agua bailando sobre la piscina, la lluvia había empezado a caer de nuevo, pesadamente, fácilmente, cumpliendo su misión de caer y caer, aunque a veces no nos agrade.


                                            Teníamos que protegernos de la lluvia

Habíamos venido sin las armas propias que nos protegen de la lluvia, y pronto las ágiles señoras supieron inventarse una improvisada protección, son mis palmeras, ingeniosas como ellas solas, con la sonrisa a flor de piel pronto cubrieron sus cabezas. Cuatro personas en un ascensor, que tardó tanto en bajar de una primera planta igual que si descendiera de un décimo piso, para poder salir del Club marítimo, habíamos dado fin a nuestro primer día en Melilla.


                                                   Blondas blancas de nubes....
       
Un cielo azul celeste adornado con encajes que tejen su falda, como blondas blancas de nubes, semejando palomitas de maíz flotando en el aire, nos dan la bienvenida, una mañana espléndida se abre en nuestro caminar, nos dirigimos contemplando el encanto que en nuestro paseo nos ofrece Melilla, el puerto reluce orgulloso mostrando sus ferrys. 


                                        La ciudad se viste con sus mejores galas

        La ciudad se viste de fiesta diariamente con sus mejores galas, se lava con el agua de sus fuentes se seca con la brisa fresca del amanecer, se peina con las hojas de las palmeras  y se seca con el aire que le proporcionan  la brisa del mar.



La sombra de mi cuerpo se desliza por el limpio embaldosado de las amplias aceras, y grandes armazones de flores arracimas a modo de  enormes tartas nos prestan el colorido y la fragancia para deleite de la vista.



Ante la entrada de un gran edificio, -en la parte más alta ondean las banderas de España, flanqueada a ambos lados por la de Melilla y la de la Comunidad Europea- 


                                      Edificio de la Presidencia del Gobierno en Melilla

se encuentran los asistentes para ser recibidos oficialmente por el Presidente del Gobierno de esta ciudad, D. Juan José Imbroda.



        Sorprende el gigantesco cuadro donde se pone de manifiesto la conquista de Melilla por Pedro de Barrante y Pedro de Medina, pagadas por el Duque de Medina Sidonia donde exponen la gran bravura de estos hombres a la hora de la conquista, exaltando la figura de Pedro de Estopiñán junto a Francisco Ramírez de Madrid “el artillero”.


                                              El Salón de la Presidencia del Gobierno

Había cierta expectación, por todos los que llenábamos el gran Salón de acontecimientos y recepciones, para ser recibidos por el Señor Presidente de este pedacito de corazón de España tan ansiado, como bocado suculento de otros intereses gubernamentales.



Un gran tapiz de terciopelo con el escudo de España sobre fondo rojo, dos enormes ventanales vestidos con cortinas del mismo tejido, respaldan una tribuna, con el acoplamiento de una serie de sillones para los momentos regios, varias lámparas de magnífico encaje de cristales cuelgan del techo, cómodas sillas, haciendo juego, en el colorido con los sillones, que acompañan lateralmente y una serie de banderas representativas de las distintas autonomías cierran el fondo de este regio salón; todo perfectamente acoplado con la luz que penetra a través de los enormes ventanales adornados con cortinas de terciopelo.



Hoy es uno de esos días regios para nosotros y para esta vecina ciudad, los móviles se deshacen captado el momento y las cámaras de televisión en sus respectivos lugares para trasmitir el evento en los noticieros locales y nacionales.
Toma la palabra la Delegada de la Universidad de Granada en sustitución de la Rectora, para expresar el agradecimiento al señor Presidente por esta recepción a este numeroso grupo de estudiantes de la Universidad, ansiosos de aumentar sus conocimientos y los vínculos de amistad, el Aula de Formación Permanente de Mayores, es uno de los proyectos que con tanto cariño ha acogido y protegido nuestra Universidad.  



Intervino el Señor Presidente deseando una buena estancia, que podáis disfrutar estas jornadas, felicitaciones a todos y a los coordinaros de los distintos grupos asistentes, y a la Universidad por esta labor encomiable. Anunció la próxima inauguración del vuelo Granada Melilla que fue acogido con un gran aplauso, hizo referencia a las varias culturas que conviven perfectamente, en paz y armonía en esta ciudad, una breve referencia a la Historia de Melilla, sois un proyecto joven con ansias de ampliar conocimientos, que os vaya muy bien, que volváis cuando os apetezca  y con el deseo de que disfrutes de unas jornadas y de esta ciudad cerró su intervención.  No podía faltar la clásica foto para recuerdo de este momento.






Melilla está cuidada con un exquisito esmero está mimada por sus representantes que tienen la capacidad y el deber de hacerlo.  Madre no hay nada más que una y Madre Naturaleza es única y hay que custodiarla.


                                             Un parque cuidado con esmero

El sol penetraba en los jardines del parque con la lozanía como entran los rayos del fuego en el crisol fundiendo el oro, la Geometría daba una de sus mejores lecciones en la distribución de los parterres, las palmeras como cuellos de enormes jirafas se estiraban para alcanzar el cielo, y los peines de sus hojas se inclinaban para  dar cobijo son sus sombras a los que disfrutan en sus paseos, caminando por el colorido oleaje que se cierne en el suelo de los amplias arterias del bulevar. El agua saltaría de las fuentes dejaba caer en misteriosas parábolas su vida en estado líquido, rindiendo homenaje a los monolitos donde se encierra el reconocimiento y la exaltación a la historia melillense.



Dirigir la mirada por cualquier lugar era quedarse extasiado contemplando tanta belleza acumulada, el carmín de las buganvillas que abrazan en un tierno apretón cariñoso las columnas de mármol, que se agrupan formando pequeños recibidores a modo de glorietas, para que se arrullen los enamorados en los atardeceres de cualquier estación del año.



 La música cadenciosa y acompasada a un ritmo misterioso del agua de los surtidores, que surge a borbotones con voz bronca, a modo de contrabajos, fagots y timbales, para dejarse caer precipitadamente de forma sensual, y lavar su cuerpo en el espejo del estanque, formando un cúmulo algodonoso en un oleaje de movimiento incesante. 





Había que irse desmelenando porque el rubio comenzaba a dejar sobre nosotros el calor de sus radiaciones, mientras los novios de la muerte dejaban sus señas de identidad plasmadas en un busto sobre una columna de forma estática, haciendo guardia y dispuestos en todo momento a defender la honra y el honor patrio como siempre hicieron.


                                                 Busto dedicado a la legión

Los bancos silenciosos, situados en lugares estratégicos, son el reclamo para acoger al que desee reposar, reflexionar, meditar, o intentar evadirse del mundanal ruido, ante el gran espectáculo que se presenta en este escenario.


                                        El rubio iba apretando y había que irse quitando ropa

No son las cinco en punto de la tarde, la hora más fiel que se cumple inexorablemente en las corridas de toros, pero a los lejos escucho los olés que salen de la plaza esperando nuestra llegada y la gente intentando entrar, son los recuerdos de los momentos cuando en alguna ocasión hemos ido a asistir a nuestra fiesta nacional.


                                          Plaza de toros de Melilla

       Desde la distancia, sin darme cuenta, por el aspecto externo que se nos presenta, me veo entrando en la Real Maestranza, recoleta, pequeñita, como una joya, ocupando su lugar con aires de elegancia y realeza, con sus adornos coloreados en tonos anaranjados, pináculos y ventanitas.


 
A la puerta nos esperaba la cuadrilla que nos iba a acompañar, porque esta mañana íbamos a ser los actores, tendríamos nuestro momento y actuaríamos como verdaderos novilleros toreando a nuestro correspondiente eral, e incluso, algún experto, versado en estas lides podría tomar la alternativa, con uno de los bravíos venido de la dehesa que aguardaba en los corrales.





Escogida nuestra cuadrilla comienzan los primeros pasos con la explicación de la historia de esta plaza, su estilo, año de su inauguración, 1947, alcalde, nombre del arquitecto, primer toro indultado al Fandi,  y aunque en algún momento nuestro mozo se traba un poco en su explicación, recibe los ánimos  del  público, pronto acude a echarle un capote la primera mozo de espadas y lo saca de apuros



La primera mozo de espadas una chica con tez morena pero derrochando simpatía a punta pala, ante una maqueta de la plaza nos fue explicando cada una de las partes de que consta y que a continuación iríamos contemplando y disfrutando.




Entrar en el coso taurino en el interior de sus entrañas mientras una intensa luz velada se desparramaba por los graderíos ausentes, dando vueltas interminables circularmente sin que ocupara nadie los asientos, mi primera impresión fue cómo asomarme a las bocanas del circo romano viendo a los cristianos apretados en un grupo unido, esperando la salida de las fieras para devorarlos, mientras escuchaba el clamor de un pueblo enfurecido pidiéndole al César la muerte del gladiador vencido.




Hoy solo he visto una gran plaza completamente vacía y a unos visitantes que quieren destripar sus entrañas y conocer todos sus secretos.
La plaza se ha vestido de gala para recibirnos y se ha puesto por montera el mejor símbolo que nos identifica, donde está encerrado todo un pueblo con sus valores, gentes, cultura, historia…., la roja y gualda, en tendidos, gradas y balconadas.



La primera mozo de espadas con el dominio perfecto de la situación sigue con sus explicaciones, sobre los sitios donde se coloca la orquesta, invitados, el alcalde, el Rey….



Miro al coso una y otra vez, el albero amarillento parece llamarme y un gusanillo interno me inquieta, desearía ser el aficionado que quiere tirarse a la plaza y darle unos lances al toro.
-Pero bueno, señor escritor ¿usted resulta que es taurino?
Ni fu, ni fa, amigo lector, pero hay algo que enardece y pone la emoción a flor de piel, con el ambiente en las tardes de toros.
-Hay almohadillaaaaaaaaas
-Agua freeeeeeeeeeeeesca.
-Sombreros para el sol.
- A la rica torta de Alcacer.
-Hay abanicos.




Ese ir y venir de las gentes, unos buscando el tendido, otros revendiendo las entradas, el furgón que trae a las figuras y el arremolinamiento por contemplar a los toreros y sus cuadrillas, la elegancia y obras de arte de los trajes de luces, capotes, zapatillas…, con sus bordados de oro y plata, el murmullo y voces en las gradas, los mantones de manila con bordados impresionantes y vistosos coloridos, la banda de música interpretando los pasodobles, el vendedor de las gaseosas, la señora o el señor que no puede llegar a su sitio porque sus anchuras, -con perdón- no se lo permiten, un sol de justicia para los que huyen de la sombra porque "los cuartos” no dan para ello, o porque quieren tomar el sol y luego se arrepienten.


                                                  El taje de luces

Un cemento petrificado que echa fuego donde hay que poner las posaderas si no has querido comprar la almohadilla, la hora de la merienda en el intermedio del tercer toro, bocadillos de jamón y queso de la Bernina, pastelitos variados de la Isla, y el intercambio entre los que están a tu lado.  
Un enorme reloj colgando del tejado sobre las andanadas, con sus varillas puestas en las cinco y unas cuadrillas colocadas en la entrada al ruedo santiguándose con el capote perfectamente cogido caminando en dirección al palco de la presidencia para saludar, como está establecido, mientras los cascos de los caballos de los alguaciles dejan en el aire el sonido arenoso al levantar el albero recién regado, para entregar al torilero la llave del toril, donde se encuentran encerrados los que han de bregar esta tarde.



-Oiga, escritor sin hacer propaganda, eeeh!!! o ¿es que le pagan?
-Ni una “perra gorda”. (Para los que no sepan que es el término gorda, era una fracción de la peseta cuando ésta existía).
Había que sentarse y comprobar que los asientos no están acolchados, subir al balcón presidencial ver la nimiedad de los que se encuentran allá abajo e incluso sacar el pañuelo y dejarlo caer sobre la balaustrada para concederles la primera oreja.


                                                          Palco presidencial

Imaginarse una plaza completamente abarrotada de público, escuchando al mismo ritmo y compás los olés que salen de unas gargantas enardecidas y eufóricas ante la gran faena que está realizando el torero de turno.  
Había que bajar al ruedo y ponerse delante del toro para demostrar la sangre torera que se lleva dentro. Y aquí tenemos a nuestra palmera, toda valentía y arrojo, dispuesta a lancear al morlaco, aunque no muy satisfecha por los arreos de torear. 




Mientras Juan se luce por naturales, Mari Ángeles llamando la atención al cámara da unos capotazos a discreción, intentado dar una media verónica, mientras el entendido, de hacer una buena lidia, da las lecciones correspondientes. 

Y llega el momento de demostrar las cualidades toreras, dejando el móvil en manos expertas, brindando al público asistente la faena, cogí la muleta, me coloqué con planta torera delante del bicho, gorrilla bien colocada, pierna izquierda adelantada, mano sobre el costado izquierdo, moviendo la muleta como si se tratara de abanicar, con la expresión y gesto en la cara de llamar la atención y lanzando por la boca un ¡ejeeee, toroooo! 



Vi como se me arrancaba, y mejor que se quedó la mujer de Lot cuando se convirtió en estatua de sal, según la Biblia, permanecí como una efigie egipcia, dándole una serie de pases desde los de pecho, trerremotinas, teloneros, redondos, faroles, hasta el desplate tirando la muleta y tocándole los cuernos. Todo un espectáculo que acarreó una serie de aplausos por los espectadores.




Seguiríamos nuestro recorrido por los distintos lugares por donde pasan los toros desde que llegan encajonados a la plaza, de comida y luz para que salgan más bravos al ruedo.





La enfermería, con toda la serie de aparatos e instrumental por si hubiera que intervenir, la capilla donde los toreros rezan con toda una serie de estampas, reclinatorios, rosarios y abalorios, allí depositados.


                                                          La capilla de la plaza.

         A la salida seríamos obsequiados con una bolsa con el contenido de recuerdos de esta visita, entre ellos una bandera de España, a una plaza donde solo se celebra una corrida al año, quizás sería con la intensión de que no se nos olvide de que además de haber pasado el chaco y estar frente a la Península Ibérica, seguimos pisando tierra española. 



        No podía faltar la clásica foto del grupo junto a la cuadrilla que nos había acompañado durante todo el recorrido con sus bien documentadas explicaciones.
Total, que salimos más toreros que cuando entramos, por lo menos más informados sobre nuestra fiesta nacional.




                             De regreso al hotel recibíamos nueva información en una hermosa plaza

Volvíamos al Hotel saturados de multitud de colores con los que podríamos formar el mejor de los arcos iris, aderezado por el olor y el colorido de las flores del parque, junto con los  rojos y amarillos que abundaron en la plaza, con una guía miembro del equipo de información de Melilla, que nos documentaría detenidamente de los actos que se celebran aquí, en esta amplia zona donde nos detuvimos, fiel testigo de la jura de bandera, la legión desfilando con toda la gallardía, elegancia y patriotismo del que hacen gala,



 con la participación de todas las autoridades, emoción y respeto impresionantes, las chupas de los moteros, con sus respectivas y espectaculares motos jurando bandera, la feria que se celebra a primero de septiembre, con casetas, tómbolas columpios, el lugar de recreo y juego de los niños con sus monopatines, lugar de asueto y expansión.



Desfilábamos, cómo águilas destrozadas, pero con regocijo al mismo tiempo, cómo si viniéramos del supermercado portando nuestras bolsas de la compra.  


Ante un cañón y con un enorme barco a la espalda, daríamos paso al almuerzo en el Club Marítimo, centro establecido como lugar de avituallamiento de almuerzos y cenas, mis tres palmeras saben en todo momento poner una nota de color con sus expresiones, gestos y movimientos.
-Todo eso está muy bien, señor escritor pero no nos ha dado más detalles sobre sus palmeras.



-Bueno, no sea impaciente, cada cosa a su tiempo.
Amparo, así se llama la primera,  es todo bondad, ella fue mi madrina la que me enroló en esta asociación, actualmente desempeña el cargo de Secretaria, encargada de ponerme al día en todas las actividades que se celebran. Marí Ángeles, pies de danzarina de ballet, es todo nervios es la que mueve el motor que las une a las tres, y Esperanza es todo sonrisa y amabilidad. Tres excelentes y extraordinarias damas.
  Después de un breve descanso tomar de nuevo el autobús para ir al momento culmen, y prácticamente el objetivo principal, el acto académico en la Universidad de Melilla, el XXII Encuentro Interprovincial del APFA.


                                   Entrando en el edificio donde celebraríamos el  Acto Académico 
                                                                                       del XXII encuentro interprovincial  APFA
                   
La tan traída y llevada frase de cambiar la seda por el percal, le daríamos la vuelta esta tarde, para permutar el percal por la seda, es decir, señoras y caballeros con sus mejores galas: maquillajes, perfumes y demás collares pulseras y abalorios, trajes, corbatas y cabellos perfectamente peinados saldrían a relucir esta tarde.



El salón repleto de público, las primeras butacas reservadas para las autoridades, la presidencia regida por la Rectora Magnífica de la Universidad de Granada, doña Pilar Aranda, acompañada por las coordinadoras de los distintos grupos concentrados fueron exponiendo sus actividades, viajes  y proyectos realizados durante el presente curso.


                              Miembros de la presidencia, con la Rectora  Magnífica, Dñª Pilar Aranda

       Doña Pilar Aranda, Rectora Magnífica de la Universidad de Granada, fue presentando a las coordinadoras que hicieron sus respectivas aportaciones, quedan plasmadas en los siguientes vídeos. 



Bienvenidos a Melilla Sol de España en África, Sol africano en España.
Intervino a continuación la directora del Aula Permanente de Formación abierta de la Universidad de Granada, cuyas palabras quedaron grabadas en este vídeo. 



Intervención de doña María López Jurado Vicerrectora de Docencia de la Universidad de Granada. 



Doña María de la Paz Velázquez, Vicepresidenta segunda de la ciudad autónoma de Melilla. 



Fueron obsequiadas, con sus bolsas respectivas, se marcharon haciendo “mutis por el foro”.
Cerró esta primera parte la intervención de la Rectora Magnífica que hizo un elogioso comentario a este grandioso proyecto que ha rebasado los límites no solo de nuestra Universidad sino de España…, vosotros hacéis cada vez más grande la Universidad de Granada, feliz estancia. 



Informe de la Vicerrectora de Docencia, de la Universidad de Granada, con una exhaustiva pormenorización de datos con respecto a cuestionarios y estadísticos, y la labor que el Aula de Formación Permanente está realizando.



Después vendrán los informes de las distintas coordinadoras
Melilla. 



Ceuta. 



Seguiría la información de las coordinadoras de las distintas Aulas, para pasar a las actividades lúdicas, de viajes, exposiciones, premios a la investigación, al relato corto, intercambios culturales….. cuya exposición las realizarían las representantes de las diversas entidades, con el control de  María José Molina.



Lali, la  Presidenta  más veterana de las Alumas actuales, con prestancia, belleza y elegancia, en el bien exponer, poniéndole todo el calor que ella sabe, en cualquier momento, pero especialmente en éste, fue manifestando todo el amplio campo de actividades que durante este curso se han realizado. Un vídeo acompañado con música de Albéniz de fondo, fue presentando el amplio y extenso programa  realizado, dando las gracias a la dirección del Aula de Melilla, por la acogida.



        Las diversas actividades realizadas fueron emanando en la pantalla, desde 1996 trabajando con los alumnos y colaborando con el Aula, como un surtido de agua cristalina convertido en un chorro de actividades recreativas y culturales, fueron  surgiendo sobre el filtro de imágenes: Tertulia poético literaria. Jornadas universitarias en Francia con la Universidad de Toulouse. Reencuentro con los alumnos de UNITRE de Alessandría (Italia). Comida Fin de Curso y entrega de Premios del III Concurso de Pintura.  Exposición de Pintura en Pinos Puente. Viajes de Fin de Curso crucero por el Rhin y viaje a Rusia. Concierto en Carchuna del Grupo Intergeneracional de Música de AlUMA. Congreso de Asociaciones de Alumnos en Oviedo. Jornadas de Recepción de Estudiantes. Jornada de Convivencia y Concurso de Postres en la fuente de los Potros. Presentación de la Revista el Senado en el palacio la Madraza. Exposición del IV Concurso de Fotografía. Concierto Solidario a favor del Banco de Alimentos. Comida de Navidad y entrega de Premios del Concurso de Fotografía. Entrega a ALUMA del diploma UGR Solidaria. Concierto Solidario a favor de los niños de Sahara. Programa de visitas “Desgranando Granada” y “Conociendo nuestra tierra”. Concursos de Fotografía, Relatos Cortos y Pintura. IV Concurso de Pintura. Premio de Investigación ALUMA Miguel Guirao. Revista El Senado. Terminó con una invitación a todos los compañeros de todas las sedes a participar en nuestras actividades ¡Gracias por vuestra atención!



Llegaría uno de los momentos culmen, a pesar del prolongado acto de intervenciones, había cierta expectación y avidez por conocer cuales eras los premiados en el Concurso de Relato Corto. El jurado, compuesto por los profesores universitarios Concepción Argente del Castillo. Mª Isabel Montoya Ramírez y Antonio Martínez González determinaron otorgar los siguientes premios.



  Escuchar los nombres y ver salir al escenario a los que con sus narraciones habían sido dignos de alcanzar esta retribución gratificante,  me consta, que algunas de las que viajaron a esta ciudad enclavada en el corazón del Rif, bautizadas con el nombre de  “mis palmeras”, lo habían hecho expresamente para aplaudir a los galardonados y en especial a uno de ellos.


                                              Rafael Reche. Accésit.

        Accésit por el relato presentado por  Rafael Reche, “La historia que nunca me atreví a contar “. En ella se propone echar a volar la imaginación de la mano de tres amigos que se embarcan en un juego que les lleva a adentrarse en la búsqueda de un elemento peculiar que abre una ventana al interior de cada uno de los participantes.


                                                      José Medina. Segundo Premio

El segundo premio sería para José Medina Villalba.
-Usted ¿verdad?
-Cállese y siga leyendo, lo importante no es el autor sino el relato.
El título: “Añoranzas del pasado y vivencias del presente”. Un paseo matutino por la Avenida de la Constitución sirve para hacer un repaso por la historia de nuestra ciudad.
Hubo aplauso en todas las entregas, resonaron con más fuerza las palmas de “Las Palmeras” y en algún momento se oyó un ¡Hurra! Y hasta alguien se atrevió a decir “¡guapo!”  
-Vamos hombre, señor escritor, no sea usted fantasioso ni pedante.
-Oiga, que yo no lo digo por mí.
- ¡Sí, hombre!, entonces, ¿por quién?
-Eso pregúnteselo a “Mis Palmeras”.   



El hotel nos esperaba, después de un día ajetreado, pero bastante satisfactorio, la mañana con la recepción por el Presidente de Melilla en el Palacio de la Gobernación, paseo por el parque impregnados de la magia del color de la floresta, de la luz de un sol radiante, del murmullo orquestal del agua, paseando y saboreando la magnificencia de un parque cuidado con exquisito esmero, para poco después vestirnos con el traje imaginario de luces, para dar en medio del ruedo unos lances, y terminar en el núcleo apoteósico del XXII Congreso de las ALUMAS, allí concentradas.
Melilla representada por una bella señorita con el traje regional nos esperaba en el hall del hotel



El fuerte vínculo existente entre Melilla y el mar es el punto de inspiración de su indumentaria regional, sobre la que predomina el color azul y otros motivos alusivos al océano.
              La indumentaria tradicional femenina de Melilla está compuesta por un corpiño entallado azul con mangas abombadas de encaje blanco y otros detalles del mismo color sobre el pecho. La falda, también azul, cae bajo la rodilla y presenta en su borde un volante blanco que alude a las olas del mar. Sobre ella se coloca una red blanca adornada con pequeñas borlas, o madroños, en referencia a la tradición pesquera local. Sobre esta red, un delantal de encaje blanco con motivos florales completa el conjunto. 


                                                              Traje típico de Melilla

El cabello se recoge en un moño bajo cubierto por una red blanca adornada con madroños y una diadema de flores. En las piernas, medias blancas altas y zapatos de tacón bajo en azul oscuro, generalmente de ante. Una capa de terciopelo azul complementa el traje.



        Había que subir al Restaurante La Muralla, ubicado en el rincón más bello de Melilla la Vieja, ya tendríamos tiempo de caminar al día siguiente por estos altos vuelos, pero esta noche, uno de esos mercedes,con muchos años de rodaje y un joven conductor tragándose las curvas con ansias endiablada de velocidad en la subida sinuosa, nos dejaría a la puerta. 



El ambiente acogedor en salones estrechos, quizás para que hubiera más intimidad, con las paredes construidas a la semejanza de las que toman cuerpo en cualquier muralla que circunda una ciudad del medievo, adornada con fotos de figuras e ilustrados políticos u otros personajes que han dejado huella en las artes, elementos de cobre, que han escuchado muchas conversaciones de todo tipo, pero esta noche, servían para que el conocimiento de aquellos que durante un conjunto de horas nos habíamos visto en paseos y encuentros, fueran tomando cuerpo de más amistad. 





        La cena se prolongó largo y tendido, y alimentaron más las palabras que los platos que se sirvieron, buenos, pero muy espaciados los unos de los otros.
La bajada idéntica a la subida, parece que los jóvenes conductores le gusta exhibir sus habilidades de conducción, doblando las esquinas a toda velocidad mientras se les encoje el cuerpo a los que navegan en el interior.



Dice el refrán que no hay sábado sin sol ni mocita sin amor, ni callejuela sin revuelta, ni vieja que sea alcahueta.
Este sábado el cielo de Melilla tenía un celeste resplandeciente y palomitas de nubes blancas jugaban haciéndole cosquillas, mientras los enormes dinosaurios atracados en el puerto esperaban salir a pasear para realizar su cometido diario, un vientecillo nos saludaba mientras caminábamos al punto de arranque, nos esperaba un largo paso por la vieja Melilla.



Un señor de tez morena con micro en la boca, voz bronca y aguda, nativo de Marruecos y conductor de nómadas transeúntes en una caravana sin jaimas ni camellos, pero buen conocedor de una Melilla del pasado, nos esperaba a los pies de un bronce hecho escultura, de un personaje que nadie adivinaba quien podía ser, a estas alturas del tiempo, cuando otros muchos extendidos como él por todo el territorio patrio, ya habían dado con sus huesos hechos metal en el suelo.


                                                               Francisco Franco

         Después de los saludos reglamentarios, nos dice, pueden hacer todas las fotos que les plazca, de este personaje porque es el último que queda de los muchos que desaparecieron en la península, y posiblemente no le quede mucho tiempo por permanecer aquí.
Caras de extrañeza entre los que nos encontrábamos, miradas fortuitas e incluso sospechosas.



-¿Quién podrá ser?
Esa era la incógnita.
-Señores, están ustedes delante del General Franco.
Pelos de punta a más de uno se le pusieron, cara de extrañeza, por parte de otros y por qué no decirlo de asombro en las expresiones por otros. El viento arreciaba y era el causante del levantamiento de las cabelleras que dejaban ver, a todas luces, el blanco de las raíces de las matas de pelo que alegres ondeaban cubiertas por sus tintes de diversos colores.
Este señor era comandante y aquí reunió el ejército para luchar contra la República. 




La ciudadela nos está esperando ya los muros de este enorme mastodonte nos está anunciando que éste va a ser otro mundo distinto a la ciudad moderna que ya hemos visitado.
El guía, como productor de la película que vamos a ver, por lo menos él así la titula, nos hace una introducción de quien fue el pueblo que fundó Melilla, los fenicios, no podían  ser otros que, como comerciantes, vinieron fundando ciudades por todos los sitios del Mediterráneo donde iban dejando sus huellas, no solo comerciales sino de cultura.



Pero no fueron los únicos que pasaron por aquí, otras etnias después también lo hicieron,  los vándalos, los cartagineses, los romanos, y finalmente los árabes, exactamente cuando los Reyes Católicos conquistaron Granada.
Existe una atracción especial de todos los que estamos en esta comitiva mañanera, observando las expresiones del guía, que ignora la procedencia del grupo, nombrar Granada y decir cuál era  nuestro origen, fue una voz única engrosando a la totalidad.
-¿Aquí habrá muchos granadinos?.
-¡TODOS! 
-Fue la respuesta al unísono.


                                               ¿Aquí habrá muchos granadinos? TODOS

 Los árabes expulsados se instalaron, pero gran parte de ellos se enrolaron en el comercio  en la ruta de la seda yéndose de aquí, algunos optaron por irse a lo que actualmente es Marruecos que en aquellos tiempos eran sultanatos, de ahí viene que Melilla la cogiera España antes de que Marruecos existiera como país.
Lo que vamos a visitar, Melilla la Vieja, está formada por cuatro recintos fortificados, tres están aquí y uno está en el exterior; todos están separados por fosos o canales para garantizar la  seguridad.



Alguien parece que no ha dormido lo suficiente, había cogido asiento en uno de los escalones que se ubicaban allí, y cuando el guía dice de marchar, su protesta es clara y fehaciente.
-¡Vaya, ahora que me encontraba a gusto!
- Lo siento señora pero tenemos que seguir haciendo el recorrido, deseo que estén lo más cómodos posible, pero tenemos que caminar.



Cabellera carmesí, y ojos tras unos cristales a modo de cortina que no dejan ver la belleza que esconden, parecen no quererse desligar del objetivo de la cámara. Siempre es agradable contemplar la belleza de las damas de la comitiva.
-Vamos, déjese de piropear y vamos a lo que vamos. 
No habíamos caminado mucho rato, para hacer un alto, sobre la muralla había huecos a los que se les llama minas, producto de las cargas de dinamita que ponían los bereberes que vivían fueran de estos recintos, cuyo objetivo era el de amedrentar a los habitantes de estos fuerte amurallados.



El barco que tenemos aquí es un homenaje a los pescadores de Melilla sobre todo a los de otras épocas, por lo que a esta plaza, donde nos encontramos, se le llama Plaza del Pescador.



Aquí hubo una flota de pescadores muy grande, con una lonja importantísima, pero Marruecos construyó un puerto enfrente y con objeto de atraer a los pescadores, a todo aquel que se marchaba lo liberaban de impuestos, en estas circunstancias, el prestigio y prepotencia que tenía Melilla en el factor pesquero se perdió porque ante esta clase de beneficios prácticamente todos se marcharon. 



-¿Hay playas con puerta? 
- Que raro, ¿verdad?
Cerca de aquí hay una cala preciosa que es muy solicitada, el impedimento de entrada tiene su fundamento, para que no entren los “menas” (menores extranjeros no acompañados) chicos que vienen de polizones en los camiones pasándose de Marruecos a Melilla, estos jóvenes, unos son acogidos en los Centros de Protección de Menores y se quedan aquí, pero otros andan vagando, hasta poder colarse en el barco, ya que su objetivo es pasar a la Península.



-Oiga, este guía nos está haciendo la peseta. 



- ¡Hombre no!, no sea usted así, nos está indicando que le sigamos.
Nos encontramos delante del pueblo más antiguo de Melilla, rodeado de una serie de casas  que hubo que ir eliminando con el objetivo, por parte de esta ciudad autónoma, para que quedara totalmente despejada, existen solamente dos edificios que no se les puede echar, las razones que no lo permiten, es porque son edificios religiosos, éste es una mezquita chiquitita que tiene culto, la otra es un templo hindú, que prácticamente está en proceso de desaparición. 



La mañana iba avanzando  un viento juguetón nos acompañaba, lucía un sol que junto al aire nos acariciaba, sobre todo a los cabellos que se lanzaban, como cintas multicolores, o cometas al viento.



Nos encontramos en la Plaza de la Escultura realizada en honor de las cuatro culturas que conviven en Melilla: cristianos, musulmanes, judíos e hindúes. El monumento que representa esta coexistencia junto con otro que  hace frente al puerto se le debe al escultor Melillense Mustafá Harruf.


                                                          Plaza de la Escultura

        El viento invisible,  cuyo sonido solo se percibe en la angostura de la cámara por precipitarse a entrar bruscamente, durante toda la mañana nos estuvo acompañando como un caballo desbocado, parecía querer unir los cabellos con los pensamientos, ese viento que  me hace recordar que también escribir es un viento que no tiene sonido, cuando de madrugada en el silencio y en la soledad, tecleo el mágico bolígrafo que utilizo para escribir.



Normalmente se gobiernan o se pueden gobernar todas las cosas, el viento es ingobernable, esta mañana actuado con la voz grotesca de un invisible ogro, no quiere que le grabe su ronca voz.
La voz de nuestro jefe se deja sentir más adelante. Melilla tenía dos entradas la marítima y la terrestre. Ésta donde nos encontramos era la terrestre, Melilla era como una roca en medio del agua, el lugar donde estamos era mar a partir del siglo XIX todo esto se le ganó al mar.



La población de Melilla fue creciendo, existió la necesidad de tener que ampliar los territorios y comprar superficie a los sultanes que eran dueño del exterior, aquí había un sultán que gobernaba la zona de fez, las autoridades de la ciudad vieja de Melilla se pusieron  de acuerdo del terreno a adquirir, en función del dinero que se les ofrecía, no habría que medir sino simplemente colocar un cañón y donde llegara la bala ese sería la frontera del terreno que se compraría, esta fue la primera oferta, la segunda por el “listillo de la clase”, era que había que situar el cañón en la parte más alta de la ciudad para que la bala llegar lo más lejos posible.



Las expresiones sonrientes e incluso de atención interesada, por la forma amena como la  exponía, se denotaba  en el  rostro de los  oyentes, nuestro capitán, con un lenguaje llano había captado la atención de los que le seguíamos.  
La bala se disparó desde el cuarto recinto fortificado, que era el más alto, se puso una valla metálica circular, que tiene once kilómetros lineales, por eso Melilla tiene forma de arco. 



Hablan las murallas  la vetusta y sólida fortificación, mientras alguna nota de humor surge para caldear el ambiente. 




Caminando entre aquellos baluartes fortificados el espíritu parece navegar por tiempos remotos, de épocas medievales y de castillos, donde solo se escucha el rumor del viento y  el graznido de algún aguilucho que, ante la presencia de extraños personajes surge de cualquier recóndito rincón.  



Hemos llegado a la entrada de la ciudad, allá arriba en lontananza se puede divisar la ciudad más antigua, mientras nos encontramos en la puerta  con su puente levadizo, tal cual si tuviésemos que entrar en un fortín.



Todas las noches se escuchaba el chirriar de las cadenas del puente que se elevaba para, lentamente dejar herméticamente la ciudad aislada del exterior, solo los nativos permanecían aquí hasta la mañana siguiente que se le daba paso a los rifeños que procedían de la Cordillera de Rif para que pudieran pasar, a realizar los intercambios comerciales con los que vivían aquí.



No tenemos que confundir a los bereberes con los árabes, los árabes trajeron su religión, pero antes habían pasado por aquí los judíos y los católicos que también dejaron sus marcas, el pueblo bereber fue el que entró en la península formado por aguerridos y atrevidos conquistadores al mando de Tarik, una vez atravesado el estrecho quemó las barcas para que nadie pudiese volver atrás y aquí permanecieron durante ocho siglos. 



 Pasaríamos de unas estancias a otras, todas perfectamente restauradas, para su conservación y como punto estratégico de atracción turística.



Hemos atravesado la primera puerta y nos encontramos en una amplia plaza llamada la Plaza de la Paz, hasta aquí entraban los que venían de fuera para realizar el trueque con los nativos, España le ha puesto el nombre de Plaza de las Armas, actualmente se celebran fiestas medievales, y espectáculos diversos sobre todo las noches de los meses de verano. 



Recorrer las estancias era como estar dentro de una fortificación enorme completa, como volver al medievo, solamente nos faltaba que nos hubieran vestido a la antigua usanza, o que por allí hubiese habido algunos personajillos de épocas pasadas. 



Dos grandes y enormes rocas, como si fuesen las manos de un gigante reflejándose en el cristal transparente de las aguas marinas, se lavan la cara con sus reflejos para apresar la magnificencia de un mar transparente que se abriga en este rincón, dejando el color azul ultramar que ha venido a descansar en este apacible rincón liberándose de  un amplio mar, para cobijarse en este remanso de paz.


La segunda puerta nos daba paso, era la llamada Puerta de la Vida Nueva,  para entrar en las entrañas de la vieja ciudad, después de habernos extasiado en la contemplación de una cala desde un puente que nos iba a llevar  a lo más recóndito del corazón  donde vivieron los antepasados. 


                                                           La segunda puerta





Una enorme llave de las que abren puertas con herrajes trabajados a golpe de martillo en las fraguas de los herreros nos abría la “Caja de Pandora”, cómodamente sentados en bancos de tiempos pasados, sobre una pantalla se fue deslizando para nuestra contemplación toda la historia de una Melilla que duerme el sueño del pasado.





Un señor vestido a la usanza del siglo XVI nos iría explicando cómo se le fue dando vida y cuerpo a la construcción  de una ciudad que necesitaba el mayor tipo de refuerzos para conformar su seguridad, murallas, puertas como la de Santa Ana y Santiago, puentes levadizos, rejas, cancelas, torres, abocadas al punto neurálgico de  observación y control  y Torreón Mocho y la diversidad de ingenieros del Rey que hicieron un buen trabajo.



Más la seguridad de la ciudad no estaba sólo en los fosos y en los puentes levadizos, debajo de nosotros hay otra Melilla subterránea, largos y enormes pasillos secretos que comunicaban la ciudadela con los acantilados del mar, por donde se podía llegar al exterior en caso de asedio, de esta manera se podían abastecer los habitantes yendo hasta las escarpadas rocas del mar donde los barcos secretamente traían las provisiones. 



En el continente africano existe solamente, dos únicos monumentos, lo que en estos momentos estamos contemplando, la capilla, gótico religiosa en honor del Apóstol Santiago, junto  con la plaza de toros.


                                                                 Capilla gótica de Santiago

        Bajo la mirada absorta y contemplativa vamos pasando de unos lugares a otros, transitamos  por angosturas y pasillos, por donde el fulgor resplandeciente  la luz se esconde, para desembocar en amplias plazas, la luz vidriada e intensa de la mañana aparece de nuevo.





La Plaza de los aljibes es nuestro punto de paso para ver cómo se abastecían de agua la población viviente de esta ciudad antigua de Melilla. Tres aljibes forman parte de este equipo donde se recogía  el agua que garantizaba el suministro para todo el año, primero se decantaba  en dos de ellos para pasar al de mayores dimensiones (20x8x4).



Enfrente tenemos los Almacenes de las Peñuelas donde se guardaban todos los víveres que por un sistema de racionamiento, según el número de miembros de cada familia, se les daba los alimentos, actualmente se encuentran los Museos Anayí y Sefardí.





Bóvedas de ladrillo apoyadas sobre paredes donde asoman perfectamente encajados los adobes, dan cobijo a una sinagoga, con elementos relacionados con la cultura judía: el sillón del profeta Elías, lámparas que cuelgan del techo para dar luz a los que nos dejaron, la Menorá el candelabro judío de los siete brazos, el talmud, la Torá, vitrinas con objetos relacionados con la cultura judía, como pueden ser los diversos objetos de cerámica, alhajas, tatuajes esculturas….







El pueblo bereber del que ya se ha hablado aparece de nuevo con toda su cultura y forma de ser, ya vimos su valentía en la hazaña de pasar a la península y conquistarla. La guardia mora del  General Franco, montada a caballo con las capas blancas al viento, eran bereberes, los llevaba siempre cuando aparecía en los desfiles y actos solemnes. Add el-krim también bereber dio al traste con el ejército español en la batalla del Desastre de Annual. 


                                                               Hassan II y su esposa.

Hassan II, casado con una bereber, está volcado con el pueblo del Rif, de hecho tiene un palacio en Nador y visita con frecuencia a sus gentes. 


                                                               La guardia mora de Franco
 

Vendría después la vivienda de los bereberes del Sur, pueblo nómada en el desierto dedicado al pastoreo, un modelo de jaima y un saludo a través del reportero a Granada. 




El Mesón de la Tortilla, en una calleja estrecha con las macetas repletas de geranios  daban  unas pinceladas de rojo a las fachadas mientras nos deslizábamos hacia otro inesperado lugar.


                                                                El Mesón de la Tortilla

Un breve descanso antes de entrar en las Cuevas del Conventico, para observar una serie de obras artísticas, y que nos dé tiempo para descender a un subterráneo con mucha historia lo dejo en manos del siguiente vídeo. 



Las cuevas perfectamente restauradas, cuando descendíamos, palmo a palmo, y escalón por escalón, apareciendo largos pasillos bajo las bóvedas, daba la impresión que estábamos en una bodega subterránea de la Rioja donde se crían los mejores vinos.








Había que seguir descendiendo por una estrecha escalera de caracol, para que nuestro espíritu se embriagara a través de nuestro ojos de la belleza de un cuadro único, que de pronto se presentó ante nosotros, las frases de admiración salían de la boca de todos los que contemplábamos la maravillosa cala, que horas antes habíamos presenciados desde las alturas de la ciudadela.





Marinas y cuadros sobre el mar se han pintado muchísimos, habrá  una variedad enorme, pero un cuadro al natural, en un encaje tan perfecto con una paleta de colores inigualables, en aquellos momentos, solo se me permitía el lujo de contemplar éste como único.


La serenidad y la paz reinaba, solo se interrumpía por el vuelo de una gaviota que dejaba en el aire el leve sonido, a modo de caricia, que mece el aire con sus alas; el celeste de un cielo completamente limpio se fundía a través del blanco que raya la línea del horizonte, con el azul ultramar intenso, donde un barco en la lejanía pace tranquilamente rumiando la belleza sobre la que se posa.



 El agua, mientras se acerca a las rocas va perdiendo la intensidad de color gradualmente, para pasar a una diversidad de tonalidades, dejando el rastro de diversos matices, azul celeste, para acercarse a las rocas con toda delicadeza convertido en un beso intentando lisonjearlas en una profunda caricia.
Al final, como el niño pequeño que se arropa en el pecho de su madre, para dormir el sueño de una felicidad interminable, el agua se arropa ente los brazos de las rocas, para dormir el sueño de un mar que nunca descansa, y en aquel lugar encontró el sosiego, la paz, y la tranquilidad. 
Una balconada permite al espectador soñar con la vista contemplativa, mientras los entornos de la roca se erigen en un monumento eréctil como un gran bálano mirando eternamente al cielo , intentando conquistarlo para  hacer el amor.



Había que ascender, desde las profundidades de unas cuevas que nos habían llevado a contemplar las bellezas del mar en la intimidad, a la superficie pero dejando nuestra firma grabada a través de la fotografía.





Después una visual sobre el puerto  dirigida a la pasarela, donde llegaba en vagones el mineral para descargarlo en los barcos. Llegó el momento de la despedida y con ella,  agradecimientos al reportero, -éste que escribe-  por parte del guía, y a éste, nuestro aplauso y felicitación por su buena aportación cultural en un compendio de historia sobre la ciudad antigua de Melilla, que esta mañana hemos visitado. Él también dejó sus señas de identidad, con los datos personales para su identificación. 




En el Casino Militar, se celebró el almuerzo, en un ambiente de compañerismo, y familiaridad porque conforme van pasando las horas la intimidad se va acrecentando, el buen humor, el chiste del momento junto con el exquisito rancho que se nos ofreció, compusieron un elemento más del decorado que se puso en escena esta mañana, junto a la foto obligada en la escalera solemne del Casino.





Después de unos breves momentos de descanso, en el hotel  habría que partir de nuevo hacia el Fuerte Victoria Grande.
Había que contemplar las sensacionales vistas que desde aquella atalaya se observan de Melilla, para después pasar a recorrer todas las dependencias, de una edificación que tuvo su historia y datos anecdóticos que han quedado plasmados  entre  sus muros.


                                                         Entrada al Fuerte Victoria Grande

También nosotros tuvimos nuestro acontecimiento.
Para entrar en el recinto del Fuerte de Victoria Grande, se hicieron dos grupos con sus respectivos guías, que penetrarían por diferentes sitios, unos tuvieron el acceso fácil, los que accedieron por la puerta principal, no les fue tan cómodo a los que lo intentaron como forajidos por un lugar vallado con alambradas por donde, parece ser, jamás nadie lo intentó.


                                     Un candado rebelde fiel guardián que no dejó, para nada, que lo abrieran

Un candado era el fiel guardián del “castillo encantado”, todas las manos fueron pocas para vencer la resistencia de aquel cierre, más de uno intervino en el intento, incluso el famoso tres en uno demostró que el eslogan que se le atribuye de que nada se le resiste, no dio resultado.


                                                  Variadas manos lo intentaron pero sin ningún resultado

Había que tomárselo con paciencia, así que mientras unos maniobraban en lucha férrea con el dichoso candado, otros tomaban asiento en el muro sobre el que se apoya la valla, alguno aprovechaba para tomar el sol, había grupos aislados ajenos a todo lo que sucedía en conversaciones animadas, 



e incluso alguien intentó hacer una demostración de cómo se puede saltar una valla, modelo quizás por si alguna vez nos vemos en la apremiante urgencia de tener que hacerlo, pero la lección no dio resultado.
El humor también hizo acto de presencia cuando alguien dijo: tengo una llave inglesa y un destornillador por si fuese necesario, o quien clamó por la presencia de un "chorizo" especializado en abrir todo tipo de candados y cerraduras.
Tuvimos que deshacer el camino andado y entrar por donde lo reglamentado siempre se debe respetar.



El viento, que durante la mañana había sido nuestro aliado desató su furia y fue nuestro fiel compañero por las alturas de aquel fuerte que recorrimos.    
   Desde este edificio del siglo XVIII, "El Caminante" proyectó las dimensiones de la localidad.


El Fuerte de Victoria Grande, levantado en el primer tercio del siglo XVIII, es uno de los recintos amurallados más emblemáticos de la historia militar de Melilla. En este espacio se desarrollaron parte de las batallas más importantes de la trayectoria de la localidad, como fue el asedio de 1774.
Por otro lado, desde estos muros, el cañón “El Caminante” disparó los proyectiles que servirían para delimitar el territorio de la ciudad. Posteriormente, el fuerte sería utilizado como prisión hasta pasada la Guerra Civil; entre los reclusos destacaría Carlota O´neill y el delegado Jaime Fernández Gil. Tras este periodo, el recinto quedaría en el abandono.


                                                   Vista desde el Fuerte Victoria Grande

No sería hasta el pasado 30 de marzo de 2015 cuando el presidente de la Ciudad, Juan José Imbroda, volvería a abrir las puertas de este lugar. Con un presupuesto de 1,2 millones de euros, los operarios, guiados por los historiadores Antonio Bravo y Juan Bellver devolvieron el antiguo esplendor a esta fortificación. De esta manera, el visitante puede pasear entre la celosía artesanal de piedra e imaginar los sucesos que acaecieron entre dichas paredes.



Desde las alturas la vista se impregna de la perspectiva casi aérea de la ciudad, la guía va describiendo lo que la vista capta, la hermana de este fuerte allí debajo, Victoria Chica, San Carlos, San Luis, Santa Lucía, el Baluarte del Rosario, el Parador, el cargadero del mineral de color rojizo que hacía que las casas de Melilla maquillaran sus fachadas con este color.
Este fuerte se construyó para defensa de la ciudad, sobre todo  de los ataques
rifereños que veían de la zona del Gurugú, en el transcurso del tiempo ha desempeñado diversas funciones. 
Éste narrador trae a su memoria las escenas de la batalla del Monte Gurugú, contadas por un testigo presencial como fue mi padre, cuando era yo era un niño.
-Hijo, las balas del enemigo silbaban a nuestro alrededor, y nosotros por mandato del coronel que nos mandaba no quería que nadie disparase hasta que llegó el momento oportuno, a más de uno lo vi caer a mi lado. Por las noches nos comían las chinches, e incluso llegamos a tomar amistad.


El viento soplaba con tal furia que parecía sentirse molesto al comprobar que le estábamos arrebatando sus dominios. 



La bandera carlista ondeaba movida por el céfiro, al compás de todas las enseñas cabelleras le acompañaban.



Desde aquí se lanzaron dos balas con el cañón "El Caminante", actualmente se encuentra en el Museo Militar, para delimitar la zona que le correspondía a Melilla. 



Después de recorrer la parte alta de este fuerte, bajamos al patio para pasar por todas las estancias de la zona que correspondió a la cárcel, dormitorio, capilla, cocina, zona de oficina, para visita de familiares, enfermería….









Llegada la hora de la cena de despedida, nos presentamos perfectamente acicalados y maquillados, nos esperaba en el Club Marítimo una serie de instantes perfectamente encadenados y preparados, que haría de la velada el cierre más perfecto donde se encadenaron, los recuerdos de los días vividos, con el buen humor, la música, el canto de la coral, la fraternidad reforzando la amistad, la alegría compartida de los que adquirían premios, y el movimiento de los cuerpos cansados, pero deseos de dar rienda suelta a los sentimientos internos con el baile.








                                                       Hay quien posa con cierta ternura especial

Situados en mesas de ocho, la conversación fluida haciéndose presente los diversos actos realizados durante estos días de plena satisfacción, se fueron degustando las viandas mientras que, por el equipo de sonido salían a relucir los números buscando al poseedor para recibir uno de los diversos premios que estaban esperando pasar al agraciado.


                                                           Toñi y su simpatía

Canciones por un magnífico coro y el desmelenamiento lógico, para dar rienda suelta a la alegría interior, moviendo el cuerpo en pases de todo tipo, en un baile de despedida que sirvió para envolver a todos los asistentes con un nuevo lazo de amistad.







Todas las cosas en la vida tienen un principio y un final, y éste llegaría con una despedida en el puerto a través de un amplio desayuno, para a través de una nueva travesía por el Mare Nostrum, regresar henchidos de satisfacción, después de haber dado cierre a esta XXII ASAMBLEA  del AULA Y ALUMA , donde el mejor de los frutos obtenidos  ha sido, como no podía ser otro, el reforzamiento de los vínculos de unión y amistad.











Hasta la próxima Asamblea del curso venidero en Baza, un fuerte abrazo para todos.
                                                
                                       José Medina Villalba.

                                               REPORTAJE FOTOGRÁFICO

  

  
  


   


   


   


   




  


    


  

  


  





  
  
  
  
  

  
  

    







  
    
    
  
  

 

 
  
  

   
  

  


   
  


  





    

  




  


















  















  

  




  




  












  



  












     
























 























                                                                    José Medina Villalba