viernes, 18 de abril de 2014

¡HA NACIDO LA PRIMAVERA! PINCELADAS SEMANASANTERAS DE GRANADA 2014


                                             Cristo de la Redención. Óleo de José Medina Villalba                      

                         El Cristo del Consuelo por la Vereda de Enmedio. Óleo de José Medina Villalba

Ha nacido la señora que todos los años, con la brevedad del  tiempo, irrumpe y se asoma a la escena del calendario estacional, vestida de gala y al día siguiente se desviste ante el asombro de todos, para presentarse unas jornadas con flores en la mano y otras con vestido de invierno, con lluvia que refresca los pimpollos floridos del campo que empiezan a ponerse mustios pero de nuevo se vuelven a espabilar.

                                        ¡Ha nacido la primavera!
¡Ha nacido la primavera! Un día con chaqueta y otro en mangas de camisa. Ella es así, juguetona, alegre, traviesa, como niño inquieto que quiere tocarlo todo que se alegra con el juguete que le han regalado y se enfada cuando no se le da el capricho deseado.


                            Unos días nos saluda con perfume de nardos y otros malhumorada con lluvia
                                         nos hace sacar el brasero que duermía ya el sueño del estío.


Nos saluda con perfume de nardos y azucenas embriagando con su fragancia los sentidos, otros días se levanta malhumorada se cubre con su capa negra de tormenta y nos sacude despreciativamente con un vientecillo que hasta nos hace sacar el brasero  que duerme ya, en el desván,  el sueño del estío.
Este año, ¡toquemos madera!, parece se va a cumplir aquello que, en más de una ocasión decimos, a las tres va la vencida.



                   Se detecta un ambiente especial, lenguajes diversos, terrazas repletas 
                                                                        y ricas tapas
Se detecta en Granada el ambiente especial de esta Semana, la que llamamos Santa, gentes de distintos lugares abarrotan las calles por donde han de pasar los pasos, lenguajes de todos los estilos se entremezclan en conversaciones por distintos lugares, terrazas donde no hay un asiento libre para poder degustar alguna de las diversas y sabrosísimas tapas que se ofrecen para deleite de los paladares más exigentes.
Se abre solemnemente la puerta de entrada a este septenario, Domingo de Ramos, mañana espléndida, un sol invade a raudales la ciudad, por las calles se ven ramos de olivo en abundancia como recuerdo de aquella entrada de Jesús en Jerusalén, más ramón que palmas traídas de la ciudad de Elche.

                            Se echa de menos la abundancia de palmas de tiempos pasados.
Se echan de menos aquellos palmerales de color amarillento   balanceándose al viento, de un lado para otro, en un alegre baile acompañando a los diversos pasos en las distintas  procesiones, en un Domingo de Ramos.


Palmas que después veríamos colgadas en los balcones, verdaderos blasones con artísticos labrados como magníficas obras de arte.
El ambiente de la ciudad ha cambiado totalmente del cotidiano, la urbe ha despertado a una forma nueva de vivir.


                          El incienso que solo ambientaba los actos religiosos,
                                                     ahora envuelve con su perfume la ciudad                
Huele a incienso, perfume que solamente ambienta los actos litúrgicos que durante el año se celebran en los templos y en esta semana sale fuera para  envolver con su perfume a la metrópolis  entera.

                                   Los niños buscan la vela que suelta más cera para engrosar su bola
La cera se derrite en las velas de los nazarenos que acompañan a las imágenes en las procesiones, mientras los niños, en competiciones de rivalidad infantil, buscan aquella que suelta más gotas para ir engrosando la bola que conservan del año anterior.

                                Fragmento de talla de un trono en el taller

                             Trono tallado, dorado y policromado

Los tronos ricamente tallados por artistas, que por desgracia van desapareciendo, se balancean para dar más emoción al Cristo amarrado a la columna soportando los golpes del sayón que le azota.


                         Callejas estrechas por donde tienen que pasar los tronos


Callejas estrechas por donde han de pasar los tronos rozando las balconadas repletas de gentes que alargan los brazos para unirse al dolor físico que representa, en madera ricamente tallada,  los que en ese momento se encuentran en escena.

                        Los costaleros en la preparación previa a la Semana Santa
Los costaleros durante horas enclaustrados bajo las trabajaderas  soportando el hedor que despide el compañero, codo con codo y hombro con hombro balanceando en rítmico movimiento para hacer que el nazareno camine con paso lento hacia el cadalso que le espera.

                             Ritual para vestir al costalero. Colación de la faja
Ser costalero es una heroicidad, hoy día, a la que aspira normalmente la gente joven y no tanto, digo heroicidad por la preparación física que hay que tener, por la entrega, esfuerzo y sufrimiento que durante muchas horas tiene que soportar, pero sobre todo por el amor a la hermandad a la que pertenece.

                 El costalero cubre su cabeza con el costal, sobre la morcilla descasa el peso
Igual que el torero antes de salir a la plaza a lidiar al toro de turno, previamente bajo una ceremonia especial, se tiene que colocar el traje de lidia, para el costalero es un rito litúrgico cubrirse con todos los aditamentos necesarios para esa corrida  especial compartida con sus hermanos.

                               Los costaleros van perfectamente uniformados
La ropa del costalero se compone de cuatro partes naturales: costal, morcilla, faja y calzado. Es un ceremonial la colocación de estos elementos en especial de la faja y el costal que han de ir perfectamente colocados para evitar lesiones.


Una música atronadora de dolor, cornetas que chirrían al sonar de los clarines lanzando a los aires notas desgarradoras que hacen vibrar las fibras sensibles de los que ven el espectáculo.

                         El capataz dirige magistralmente la marcha del paso       
El capataz, dirige magistralmente la marcha del paso, con voz autoritaria, dando espacio a cada una de sus órdenes:
-menos pasos quiero,
- derecha atrás,
-todos por igual,
-con Ella al cielo,
         -por los que fueron, por los que llegan y por los que llegarán, 
         -arriba valientes.
 Son los impulsos que inyecta con su voz autoritaria para enaltecer los ánimos y las fuerzas de los que allá debajo enclaustrados y ciegos, de lo que pasa en el exterior, tienen como único lazarillo que los guía al jefe, sí, al jefe, al capataz.

Llega el momento de entrar en el templo, el balanceo se hace lo más lento posible, hasta las figuras de la Santa Cena estáticas talladas en madera de roble y ricamente policromadas parecen estar cansadas. Los costaleros sacan fuerzas de flaqueza el capataz les dice: -
-¿Cómo estáis?
Contesta el jefe de costaleros,
-Bien.
Se oye el clamor de los que se encuentran encerrados dándose ánimos para hacer una entrada triunfal.

                                       Rincón del cofrade
La televisión interrumpe, por momentos la retransmisión, para mostrarnos los anuncios, “Rincón del Cofrade”, un buen lugar para disfrutar de palabras que saben a incienso donde se enriquece el espíritu con la ornamentación que cubre sus paredes con motivos de Semana Santa.

                            Miguel, esta es la última levantá,. ¡Arriba valientes!
El capataz se dirige con voz recia al costalero que hace de portavoz de la cuadrilla.
-Miguel, esta última levantá  por los hermanos que se fueron.
-         Sí, Manuel
El capataz da un fuerte golpe con el llamador para poner en alerta a la cuadrilla,
-         Todos por igual.
 Vuelve a dar otro golpe.
-         ¡Arriba valientes!
Como un proyectil lanzado al espacio el trono se eleva como un bloque único.
El trono despacio, muy despacio va entrando por la puerta del templo de Santo Domingo, mientras la Marcha Real deja sus notas en el aire.
          

    Viene detrás, por la calle Ancha de Santo Domingo, la Virgen envuelta en una nube de incienso que apenas deja ver el rostro, mientras  la banda de música interpretando la marcha “Amarguras”, del sevillano Manuel Font de Anta.

                          Los toques de la Campana de la Vela ponen una nota de misterio

El Señor de la Sentencia, por una Carrera del Darro con un cielo negro a la vera del río, se acerca a su casa. Son las doce de la noche mientras los toque de la Vela ponen una nota de misterio a la entrada de este paso.
                                                                              
                                                                   El Cristo de los gitanos por el Paseo del Padre Manjón.
                                                                                  Óleo de José Medina Villalba
El Nazareno salió con plena luz del día y vuelve después del recorrido entre una medio oscuridad donde solo los flashes  de las cámaras ponen una nota luminosa, la única  farola de la esquina de la calle Zafra y las otras lejanas ya perdidas de las callejas lejanas, intentan dar luz a este escenario.

                                                               La Virgen de las Maravillas en la esquina de la Calle Zafra.
                                                                                    Óleo de José Medina Villalba
Allá en lo alto, en lo más alto del cielo entre la torre de la iglesia de S. Pedro y el Cubo de la Alhambra una luna llena luminosa, radiante, quizás más que ningún otro día, se asoma para iluminar la entrada del paso y dar las buenas noches a un Cristo castigado por los duros golpes de una corona de espinas que le martiriza.
                                             Vía Crucis. Óleo de José Medina Villalba
La cámara televisiva nos traslada a otro lugar, donde en estos momentos se da por finalizada una procesión.
     
                                             La banda de música de la marina

 Poco a poco se va perdiendo el último apóstol de la Santa Cena que tras la puerta de entrada a Santo Domingo deja su último destello.
       La banda de música de la marina con sus gorras blancas y  sus trajes haciendo juego, giran y dan la vuelta a la plaza para despedirse de este escenario.

                                               La voz desgarradora de una saeta
        La voz desgarradora de una saeta irrumpe por momentos y la letra que la compone pone una nota dolorosa en el espacio, mientras un silencio sepulcral invade el lugar, el choque multitudinario de las manos de los allí presentes originan un cúmulo de palmas rubricando la finalización.
 De nuevo los anuncios irrumpen por momentos y dan descanso a los locutores que durante ocho horas ininterrumpidas han hecho posible mi  ubicuidad omnipresente  para seguir, desde mi butaca, el recorrido de las distintas procesiones que, hoy Domingo de Ramos, han hecho posible el engrandecimiento de la ciudad de Granada.


Un color rosa reviste la fachada solemne del templo mientras el floripondio de uno de los sayones de Jesús el Despojado, asoma a través del cancel de entrada al pórtico.


Las velas que se encuentran en el interior de la candelería de cristal, haciendo de lámparas, hacer vibrar el fuego de sus luces, como mariposillas juguetonas, tintinean saltarinas rebosando derroche de resplandor.

                                            El capataz da el toque con el llamador
Suena la voz del capataz
-Siempre con el Señor,
-todos juntos con Él,
- al campanario.
El trono se eleva y la cámara capta de abajo arriba la subida de un trono que parece va a tocar la Torre de la Vela.
Llega el momento más complicado la entrada, cuando las fuerzas de los costaleros flaquean después de un largo recorrido de varias horas soportando sobre sus hombros la carga de un pesado trono.
-Derecha atrás,
-menos pasos quiero.

                                             Los costaleros protegen las rodillas

 Hay que hincarse de rodillas para que las esculturas no toquen el arco de entrada al templo, hay momentos de tensión el floripondio del soldado romano, que da escolta, roza suavemente  el arco e incluso se llega a doblar, las sombras de las figuras se reflejan en la fachada del templo y lentamente el trono va desapareciendo.
                              Rodilla en tierra los costaleros introducen el paso victoriosos en el templo.
Una  luna llena pletórica de luz mira, observa y contempla, parece estar satisfecha de cómo va terminando el acto.
El maravilloso dorado del trono reluce por la proyección de los focos que hacen brille con intensidad mientras la marcha real y las campanas de la torre de la iglesia, lanzadas a los aires, dan por terminada la función.


Llega la Virgen de la Victoria. Valentín es el mayoral dirige la entrada, la candelería con sus velas chorreantes parecen lágrimas que lloran acompañando el lamento de la Virgen de una madre que ha acompañado a su hijo en una tarde noche del  Domingo de Ramos.
La Virgen de la Encarnación ha girado y va a dar su entrada mirando al público, quiere ser generosa y respetuosa con un numeroso público que agolpado y apretujado en la Plaza de Santo Domingo espera ansiosa el desarrollo del broche final;  contemplan y escuchan, en riguroso silencio, las voces del capataz que magistralmente dirige la entrada, con voz potente, a unos costales  ciegos y a oscuras siguen lo que les dice su director de orquesta.
El Palio se balancea sus encajes pueden verse afectados ante un pequeño error y dar al traste con una terminación; poco a poco lentamente envuelta en gritos de vivas, de incienso y de música la Virgen va desapareciendo. La hermandad ha cumplido el final triunfantemente.


Las luces de la candelería en un alarde de equilibrio, vibrando y moviéndose al ritmo que le imponen los costaleros han derrochado luz a raudales dando brillo, calor y color.
La Virgen de la Victoria va a entrar los costaleros se colocan las rodilleras para arrastrándose poder entrar en el templo.



-Uno dos, uno dos…, es el ritmo que le marca el mayoral mientras la Virgen de la Victoria  desparece en el interior del templo. 


El Clarín rasga el cielo con sus notas y da entrada a una Marcha Real con la que finaliza el escenario de este día.

La Virgen de las Maravillas con su manto color púrpura con una riqueza de bordados de oro, con un palio maravilloso, los velones cansados del chorreo de la cera formando verdaderas estalactitas de cera, llega tras su hijo que ya descansa en el interior.


Las orillas del rio Darro se han visto repletas de gentes que han venido a contemplar, en una noche de luna llena, la llegada de las imágenes al templo.

                                       El guarda velas se encarga de encender las velas
Aún, el guarda velas,  se acerca a encender algunos velones que han intentado descansar y de brillar con luz propia, pero alguien los vuelve a encender, con su vara larga que llega hasta los últimos extremos de un numeroso grupo de velas alineadas como una guarnición de soldados presentado armas.
Brilla la talla del trono de plata, por la caricia que sobre su superficie deja caer las luces de la candelería que le acompaña.


Se inflan los carrillos de los cornetas, enrojecen imprimiendo la fuerza mayor a sus instrumentos para dejar las notas desgarradas de sus sones mientras el grupo escultórico penetra en el templo. El dorado reluce con tal intensidad que a través de la pantalla de la televisión intenta deslumbrar la vista.
El trono de la Virgen de las Maravillas escucha la marcha titulada Rocío, del sevillano Manuel Ruiz Vidriet y el capataz, Antonio grita:
-la izquierda adelante, -
no temáis seguimos caminando de frente, -
izquierda adelante corazones.


La riqueza del manto es tal que los destellos del oro de su bordado deslumbran y encandilan al que los contempla; entre luces de la fachada y medias luces de la placeta, ésta se va quedando a oscuras mientras  la Virgen va desapareciendo.

El capataz manda parar el toque de la música hay que recogerse y concentrarse porque el momento lo requiere para que la entrada se haga lo más perfectamente posible.
-Todos por igual valientes,
poco a poco y por parejo. Es la voz del capataz,
-vámonos, vámonos,
-eso es,
-izquierda adelante, izquierda adelante,
-vamos con ella,
-fuerza, vamos valientes,
-al frente valientes.
Los toques de la Marcha Real van dejando perderse la imagen en el interior del templo.


La belleza de la mujer granadina es innegable, pero se engrandece cuando portando elegantemente la mantilla española se pasea por las calles granadinas luciendo su semblante.


Perfectamente alineadas guardando las distancias y portando el cirio, reciben la admiración de un público expectante.
Destaca a la perfección la  mantilla bordada delicadamente por las muchachas del Albayzín, traje negro ajustado perfectamente al busto, peineta que ha sido colocada ritualmente sobre la cabeza para sobre ella depositar ese elemento que resbala  acariciando sus espaldas, el blanco de los guantes resalta ante el negro azabache del traje, mientras sus delicados dedos se deslizan sobre las perlas brillantes que forman las cuentas del rosario; sobre su pecho la medalla de la cofradía a la que representa, enmascara la piel delicada que se vislumbra a través de un escote moderado.

                                                          Las camareras perfectamente alineadas
La luz y el brillo se desprenden de unos ojos grandes, rasgados con reminiscencias moras, perfilados y engrandecidos por el maquillaje que hacen resaltar su mirada.

                                 Las gitanillas, pendientes que cuelgan de los lóbulos de las orejas 
                                                                                  de las bellas camareras

De los lóbulos de cada una de sus orejas cuelgan relucientes, con el brillo especial que destila el oro, unos pendientes, “las  gitanillas”, ricamente labradas en los talleres de los orfebres granadinos, los Salamanca o los Morenos.
Los delicados pies que durante muchas horas han tenido que soportar  a los gentiles cuerpos sobre zapato negro y alto tacón, al final de la jornada se rinden satisfechos para cambiar por las zapatillas que algún familiar aguardando el final les entrega.
Una jornada auténtica de cinco cofradías, como cinco corazones abiertos de cinco lugares de nuestra ciudad, han enriquecido sus calles,  las campanas tocan locamente, la luna y el lucero Venus, las torres de la Quebrada iluminada y los árboles refulgentes dan por terminada esta jornada.
La borriquilla y la pollina hace ya unas horas descansan en el Perpetuo Socorro, un Señor triunfante con una vestimenta verde, abrigado por las palmas de cientos de chiquillos que le acompañaron.


Los pies de los costaleros que van en primera fila avanzan al mismo ritmo y las zapatillas al igual todas blancas se arrastran por el suelo.


                                 
Demasiada riqueza de oro y plata, de orfebrería, de vestimentas, tronos, estandartes, capas de múltiples colores, de bandas de música perfectamente uniformadas, llegadas de distintos puntos de la geografía, de instrumentos relucientes de candelería,  de incienso, joyas, coronas de oro y brillantes para conmemorar un pasaje de la historia que se desarrolló con un montaje infinitamente inferior al que se hace en estos momentos.

                                         La belleza artística de coronas, tronos, faroles...

Este espectáculo observado desde el punto religioso deja bastante que desear, no sin embargo el derroche de arte a raudales, de esculturas realizadas por grandes imagineros, de orfebres, bordadoras, partituras musicales, elegancia y colorido de trajes, mantillas, cetros, coronas, capas, paisajes y puntos donde observar los pasos que lo engrandecen, así como a la ciudad... y es que la Semana Santa, desde este punto de vista, se tendría que cambiar el nombre y poner otro, como por ejemplo, “exhibición  de arte en la calle, con un simbolismo religioso”.
Sin menospreciar las actividades diversas que durante el año realizan las distintas hermandades, colaborando con las parroquias en actos de caridad, conferencias, quinarios, triduos…


     Reservo la expresión de Semana Santa, en el más puro sentido religioso, a todos los actos netamente ligados, a lo que un personaje, hace un poco más de dos mil años, dejó  en un gran mensaje a este mundo, que por cierto en parte se ha adulterado y que a Él nunca se le habría ocurrido celebrarla de este modo.

Dedicamos este archivo a nuestro nieto Francisco Medina López, quince años recién cumplidos.



                                         José Medina Villalba

8 comentarios:

  1. Maravillosa página sobre la Semana Santa de Granada, Don José, esto hace que la gente que lea su blog crea que efectivamente existe un periodo cada año de primavera, donde la gente creyente o no, debe de abrir sus corazones, tanto a la estación, como a las costumbres, y entre ellas está la de nuestra Semana Santa Granaina apartando la de Sevilla una de las mejores de España.
    Por tanto mi enhorabuena por el trabajo realizado en el blog un saludo.
    Miguel Hidalgo Linares, antiguo vecina del Camino del Monte.

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    1. Hola amigo Miguel, mi agradecimiento al último archivo de mi blog, pero sobre todo por saber que eres un seguidor del mismo. Ciertamente son muchas las sensaciones bellas que podemos encontrar en nuestras ciudad y una de ellas es el encanto de la maravillosa Semana Santa, que gracias a la climatología, este año, ha conseguido realzar más ese hechizo fascinador. Un abrazo.

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  2. Hola abuelo te doy mi enhorabuena a tu último archivo sobre la semana santa granadina. De todas las fiestas granadinas que hay sin duda la semana santa es una de mis favoritas. Tu sabes que desde chico me encanta la semana santa. Mucas gracias por dedicarme este magnifico archivo, me siento muy orgulloso. Un beso de tu nieto Francisco que te quiere mucho.

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  3. Querido nieto, mi agradecimiento por este comentario, recuerdo cuando desde el balcón de la casa veíamos juntos, con tu hermano Pablo, el paso de las procesiones del Realejo.
    La Semana Santa granadina es un gran espectáculo, para unos exposición de arte en la calle, para otros cultura, para otros negocio y para algunos trasfondo religioso, para la ciudad de Granada una forma más de darse a conocer al exterior, con toda su grandeza. Un beso de tu abuelo que desea ver como disfrutas en la próxima del 2015.

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  4. Muy bonito argumento; la verdad que yo pienso que es un gran espectáculo la semana santa , aparte gracias a las procesiones la gente queda, se hace reuniones de amistades, de familia, se cocina esos postres y comida tan ricos. Espero que jamas se acabe estas fiestas, porque es una de las cosas típicas que tenemos los Españoles, aparte de muchas mas.
    Mi enhorabuena por su bloc, es un lujo el poder leerlo

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  5. Las tradiciones suelen arraigar de tal manera que no solo no se acaban sino que acostumbran a irse acrecentando, muchas para bien y otras no tanto. Éstas de Semana Santa, desde los años cuarenta en que comencé a vivirlas, han evolucionado sobre todo desde el punto de vista folclórico, y atractivo turístico.
    Con respecto al arte culinario se sigue trasmitiendo de generación en generación, aunque la mayor parte de las comidas, dulces y postres se suelen comprar con lo cual a las cocineras se les facilita baste la labor. Mi agradecimiento por tu comentario.

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  6. Amigo Pepe: Me has hecho recordar la historia de un hombre pobre, que en los años del hambre, tomaba un trozo de pan y se marchaba cerca de una fabrica de embutidos, adonde llegaba el aroma de los productos allí elaborados, esto le permitía comer cada día un bocadillo de chorizo de salchichón o longaniza, ya no era pan solo; pues esto me ha ocurrido hoy a mi mientras veía y leía tu relato nazareno, he recogido y olido las gotas de cera que tu vas acumulando en tu personal bola cultural, este arte de trasmutar que posees, te permite cambiar lo virtual en real dándole más vida de la que por si tiene; ha sido como siempre un placer recorrer las calles granadinas, ver el empaque de las portadoras de mantillas e hincarme de rodillas a la entrada de las iglesias para evitar desperfectos de los pasos o los tronos, aun resuenan en mis oídos el eco de las voces del capataz ! vamos valientes que ya estamos en casa ¡ quedas nombrado con este relato capataz intelectual de la Semana Santa Granadina. Un fuerte abrazo y gracias me has permitido estar sin estar.

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  7. Amigo Pepe, tu gallardía, cortesía, amabilidad y creatividad, son incienso perenne, que perfuma el blancor de cualquier texto literario, en tus mensajes escritos, al contrario de la fragancia del incienso litúrgico que solo queda reducido a la Semana Santa o se encuentra recluido en las iglesias durante todo el año; sin embargo tus manuscritos, no solo en comentarios sino en tus artículos, son incienso imperecedero para satisfacer al lector más exigente.
    Gracias por tu nombramiento a mi persona como "capataz intelectual", a un simple costalero que intenta llevar sobre su mente el peso agradable de la literatura y poder hacer partícipes a los espectadores que se quieren recrear en el paso de mis relatos donde subyace escondido, como un simple costalero, un aspirante a capataz.

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