jueves, 8 de octubre de 2015

EN SEPTIEMBRE EL MAR VOMITÓ



El calendario tiene varios trajes diferentes que va estrenando cada mes, unos floridos como las guayaberas que lucen los gringos de Cuba, en los meses de primavera, otros blancos como la nieve, pantallas que repelen los  rayos solares durante el estío, otros con estampados de hojas caídas con ribetes de entretiempo para el otoño, otros tupidos y recios que abriguen el cuerpo para el invierno.




El año estaba deseando poderse colocar el traje de septiembre y no se hizo de rogar en plan de revancha y de venganza, por los calores agobiantes de un julio y agosto que han maltrecho nuestros cuerpos.




Septiembre se ha revuelto con rabia y furia como represalia a un mes pasado que nos ha fustigado con 43º de temperatura; 

                                                Ofrenda floral a la Virgen de las Angustias

septiembre, mes de la Patrona de Granada, mes de sermones, de ofrenda de flores, de tortas de la Virgen, la vuelta a los colegios, de acerolas y azofaifas, de la romería a San Miguel, el de la procesión multitudinaria de la Virgen de las Angustias, se ha puesto el traje de furia, de rabia y venganza.  


El año estaba esperando poderse colocar el traje de otoño, y tuvo que hacerlo antes de tiempo, las circunstancias le obligaron y no se hizo de rogar.
Los agobios de las calores de los meses de julio y agosto nos habían traído a mal traer, temperaturas superiores a los cuarenta grados, días agobiantes, aire irrespirable, un sopor continuo sobre nuestros cuerpos, caminábamos cómo si estuviésemos metidos en un horno invisible, cómo sonámbulos, noches insoportables que no nos dejaban conciliar el sueño.


Los preludios de un otoño en vísperas de aparecer se habían anticipado a colocarse su traje de negros nubarrones, pronto cubrieron todo el cielo y en breve espacio de tiempo comenzó a bramar, como el dragón que lanza por sus fauces los rugidos más terribles, mezclados con espumarajos, los aullidos eran tan intensos que hacían temblar los edificios.



Relámpagos, rayos y centellas iluminaron los cielos y el desahogo de sus bramidos convertido en llanto, más que llanto barraquera de niño enfurruñado, vengativo y caprichoso; los cielos se abrieron, las negras nubes, se apretaron para imprimirle más fuerza a su venganza, las gotas de agua se juntaron y en lugar de lluvia reposada y tranquila,



 eran cántaros de agua lo que caían y en breve espacio de tiempo, los barrancos de las Alpujarras, cubiertos de tomillo, esparto, jaramagos, abulagas, gayumbas…, con un tinte de sequedad impuesto por los intensos calores, se fueron convirtiendo en riachuelos que fueron engordando hasta convertirse en verdaderos ríos que arrasaron todo lo que se les interponía a su paso.

                                             El agua cuando se pone brava es un monstruo

El agua cuando se pone bravía, es un monstruo terrible. Albuñol pueblo que se viste con el traje hecho con aire de Sierra Nevada, y se calza con los zapatos del mar, horrorizado vio cómo se llevaba sus viñedos, ganado, almendros, frutales, y hasta la vida de algunos humanos que se vieron sorprendidos en el campo, guarnecidos en sus vehículos que hubieron querido les sirvieran de refugio.

                                               Ni los vehículos les sirvieron de refugio

Más abajo, un inmenso mar de plásticos donde surgen las mejores hortalizas para satisfacción de ingleses, franceses y alemanes, se vio arrastrado hacia otro grandioso y casi infinito mar azul.

                                                          Castell de Ferro

Esta tarde, de mediados de septiembre, pasados estos días, saturado de noticias televisivas, de prensa, de muerte y destrucción, he bajado a Castell de Ferro, para presenciar con mis propios ojos esta vorágine de saqueo de una enfurecida Naturaleza.

                                              Al mar con su traje de azul intenso

El mar, con su traje de azul ultramarino, con mezcla de tonalidades verdes, camisa blanca de espumas y esmeraldas, limpio como los chorros del oro y los rayos del sol, le gusta portar como bandera el sello de la limpieza.


                                                   Todo ha ido a morir al inmenso mar

Allí llegaron toda clase de elementos arrancados de las entrañas de la tierra, el agua furiosa le ha robado al terreno sus propiedades: arena, tierra, rocas, animales, cañaverales, personas, troncos de árboles, cañas donde se abrazan las serpenteantes plantas de tomates, pepinos, berenjenas, de los invernaderos, todos han ido a morir al inmenso mar.

                                                 La luna se baña por las noches en el mar

La mar reluciente, resultona, luciendo la belleza de su inmenso cuerpo, no permite que haya nada, ni nadie que la ensucie.
En el mar se baña de noche la luna, las estrellas y los luceros, en él teje la luna una gran alfombra de plata para que por ella naveguen los marineros, en él  desarrollan la vida infinidad de peces, en él el sol nace, se estira y despereza todas las mañanas cuando se levanta como una gran bola de fuego,



 se baña durante el día y recrea la vista cuando por el horizonte se acuna cubriendo el cielo de una vidriera multicolor.
El mar tan inmaculado, no admite mancha alguna que estropee su traje, se le revuelve el estómago porque no quiere cuerpos extraños que le quieran indigestar, con tanta basura e inmundicias, le dan arcadas y sin el menor reparo va vomitando a la playa todas las inmundicias que hasta allí han llegado.

                                               Impresiona ver como ha quedado la playa

Esta tarde de finales de verano he bajado a la playa, es impresionante ver cómo ha devuelto a la orilla todo lo que se le había indigestando.

                                                 Socavones, obstaculizan el caminar

Cambriles, mi playa en Castell de Ferro, esta horadada, canales abiertos, socavones, hoyos, que obstaculizaban mi camino, era el fiel reflejo del apuñalamiento continuo del agua furiosa que bajó de la sierra para morir en el mar.

                                                  Una enorme valla separa la playa del mar

Una enorme valla, producto de los continuos vómitos que progresivamente ha ido lanzando el mar con sus arcadas, igual que la persona que se le ha indigestado la comida y la arroja al exterior, esto ha hecho el mar.

                                                      Es una gigantesca barrera

Es una barrera enorme alineada a todo lo largo del litoral, formada por palos, bombonas, cañas, botellas de plástico, algunas de vidrio, linóleo hecho girones, de los invernaderos desmantelados que quedaron allá arriba en la montaña, con sus esqueletos al descubierto, como espantapájaros a los que se le ha quitado su vestimenta, avergonzados de verse desnudos con la mirada puesta en lontananza por donde se marcharon los que los arropaban.

                                                 También ha llegado el viejo tronco

Hay un descomunal tronco, se encuentra aislado, el mar lo ha arrojado  pero la pesadez de su enorme cuerpo le ha impedido juntarse con los demás desperdicios que, desde un poco más arriba, le observan fustigado continuamente por el oleaje cuyas espumas le lamen al subir y al regresar, sin tener las fuerzas suficientes para juntarlo con los demás.

                                                  Una sombra esperpéntica capta la escena
La playa está prácticamente desierta, es un escenario de miseria y destrucción, los veraneantes se han marchado y los pocos que quedan no se atreven a poner sus pies sobre la arena, una sombra esperpéntica como alma en pena, deambula por la playa captando la escena, solo se escucha el rugir del viento y el graznido de las gaviotas, que miran hacia abajo desde la altura sin la menor intención de posarse en el agua.


                                                La gaviota contempla la escena

Una de estas aves, parece querer jugar con el viento, planea sin hacer ningún esfuerzo, desplegadas las alas se dejar mecer y llevar por donde el aire quiere, es como un bebé mecido en los brazos de su madre, o dejándose balancear en los columpios del parque.

                                                 Un guardacostas desde la lejanía se aproxima

En la lejanía un guardacostas se asoma y esconde rítmicamente entre olas que suben y bajan, la quilla se abre paso entre espumas blancas cortando la resistencia del agua que aún, después de varios días de pasar la tempestad, no se encuentra tranquila, porque hay todavía maderos en su vientre que tiene que vomitar.
Desde el puente de mando un guardia civil, prismáticos en ristre vigila e intenta descubrir los despojos de un tercer hombre  desaparecido.

                                                        Escenario dantesco

Un grupo de gente se arremolina alrededor de un cuerpo estático sin vida, es el cadáver de la persona que quedaba por aparecer, el mar lo ha retenido varios días sin querer desprenderse de él, hasta que ha descubierto que nada podía hacer.

                                                El tercer cadáver apareció en Castell

Una persona lo cubre con una manta mientras otras con los pañuelos, ondeando en el viento hacen señas al guardacostas que cortando el agua y el viento se aproxima a la costa.
Con la cámara en la mano, esta tarde he querido dejar plasmado en su retina el aspecto dantesco que presentaba la playa, el silencio estremecedor que invade el lugar se acrecienta con el silbido del viento que hace el escenario más aterrador.

                                                         Los horrores de Auschwitz
Por mi mente pasan y se acumulan escenas de tiempos pasados, las filas de leña amontonada me hacen revivir escena hitlerianas en los campos de concentración de Auschwitz, cuerpos decrépitos, de delgadez extrema, esqueletos andantes que apenas se pueden mantener en pie, amontonados son cargados por medio de la palanca de un volquete y arrojados a fosos comunes.

                                                   La bandera de la paz dio con sus huesos en la playa



La bandera de la paz, de alguien que quiso pedir clemencia al horror que presentaba la Naturaleza, más ésta sin piedad  de ninguna clase, la arrastró hasta dar  con sus huesos en la playa.
La rambla, caja funeraria por donde han  bajado todos los seres vivos que hoy yacen muertos, estaba completamente deformada, socavones, hoyos, la tierra se había rebajado formando una enorme hondonada, por donde apenas se podía transitar. En las paredes estaba la señal evidente hasta qué altura había llegado aquella maldita agua que venía desde la sierra destruyendo todo lo que encontró a su paso.

                                          Un cuerpo de voluntarios intentan limpiar la playa

En la lejanía veo gentes que están recogiendo a los “muertos yacentes”, unos los van amontonando, otros colocan las botellas en enormes sacos para llevarlas a reciclar.

                                                  El municipal del pueblo dirige la recogida

La mayor parte de ellos son extranjeros, hay también algunos españoles e incluso algún municipal del pueblo.

                                                 A río revuelto ganancia de pescadores

En situaciones conflictivas se suele utilizar este  refrán: a río revuelto ganancia de pescadores; nuestro río revuelto, en este caso es, el "totum revolutum"  existente, del que se aprovecha nuestro hombre, mal vestido, de aspecto de no tener los suficientes medios va recogiendo la leña que después le servirá para dar calor a la vivienda, en la chimenea, durante el invierno.

                                             El sol en su despedida pinta las nubes de colores

La tarde ha caído, el sol se ha marchado y solo queda en el espacio el rastro luminoso de febo pintando de colores las nubes que lo despiden, ahora habrá despertado en otro lugar donde comienza a amanecer.

                                                  La gente se afana en recoger los desechos

Los grupos de gentes siguen afanados en recoger los desechos que pueden ser utilizables, mientras otros abandonan el lugar con el ánimo de volver al día siguiente. Triste y compungido por el espectáculo contemplado, me retiro a mi vivienda para poder trasladar a través del lenguaje escrito y fotográfico lo que mis ojos han visto, mis sentidos han palpado y mis sentimientos se sentirán afectados durante un tiempo.

                                                Lo a gusto que se sentía en la montaña

Hoy de nuevo he bajado a la playa, me he sentado frente al tronco y soñando un poco he querido imaginar lo a gusto que se sentiría en la montaña tomando el sol.
Cuánto hubiera dado por haber seguido en el monte, ¡malaya tempestad! Como un viejecito tomando el sol, y no ahora empapado de agua y rezumando sal.


                                               La playa estaba prácticamente desierta

Vino la lluvia y después la terrible tempestad y arrastrándolo le quitó las ilusiones de seguir tomando el sol.


                                             Sus ramas podría haber sido cerca de un huerto

¡Cuánto hubiera dado! porque un labrador con sus cortas ramas, que en el camino dejó, hubiese hecho una cerca para su huerto.

                                                          Pájaro en sus ramas

Que un carpintero con manos de amor hubiese hecho una cuna para un niño en flor y el tronco sintió que le llegaba la primavera tocándole el corazón, porque al ser cuna era ser de nuevo flor, pájaro en sus ramas, nido, fruto, latido  y canción y se sintió más a gusto que cuando estaba en el campo, sequito tomando el sol.

                                                        Que un carpintero hubiese...

Se entristeció al pensar que otro carpintero hubiese ensamblado una mortaja y se acordaba lo a gustito que estaba tomando el sol.

                                                   Lo he acariciado

Me he acercado lo he acariciado e incluso mientras las espumas blancas  de las olas lavaban sus pies, sobre él sentado, contemplando la inmensidad del mar, de halagos lo he llenado.


                                                 Un bello monumento a la orilla del mar

-En silencio le dije: No te preocupes, porque eres una escultura llegada de la montaña al mar, allí te talló el gran escultor de la Naturaleza, seguramente te dejen aquí para que te sigamos contemplando, una bella estatua a la orilla del inmenso mar. No te cansarás de ver salir y ponerse el sol, la luna rielará sobre tus pies, en un requiebro amoroso,  los peces danzarán a tu alrededor para que nunca que sientas solo, añorando siempre en la montaña al viejecito que tomaba el sol.

                                                 Los niños se divierten jugando en el tronco

Hoy, de nuevo he bajado a  la playa, el triste y voluminoso madero, es la diversión de los chicos, han encontrado el mejor medio para entretenerse; primero lo miraron absortos pensando ¿quién ha podido traer esto aquí? después encontraron el medio más óptimo para jugar, suben y bajan como si fuera una torre vigía, lanzan gritos al cielo como si de un barco se tratara y se sienten conquistadores de nuevos mundos; el tronco ha dejado de ser el viejecito que en la montaña tomaba el sol y ahora es un niño que dentro de su quietud se siente un infante más, se encuentra  feliz de ser  juguete con el que se divierte la grey infantil, 


alguna mamá quiere inmortalizar el momento llevándose en su cámara esta situación.


                                                 Algunas sombrillas desperdigadas

Algunas sombrillas desperdigadas, con su sombra intentan proteger a los escasos visitantes de la playa; alguna fémina a pechos descubiertos quiere llevarse todo  el sol que la cubre completamente.

                                                   El encaje blanco de las olas

Mientras las cañas, ramas y troncos duermen el sueño tranquilo esperando la retirada, Cambriles, mi playa, siente el rumor de las olas que viene a morir en la arena, dejando el encaje blanco de la espuma que besa los pies de los que se pasean, unas veces dejándose acariciar, otras esquivándolas en un juego continuo de pies y olas, mientras el agua desesperada por no poder alcanzar al que intenta burlarla, se da por satisfecha llenando de sal la huella que el paseante va dejando.


                                                     Las olas son como la vida

Las olas son como la vida misma, nacen allá a lo lejos donde la vista apenas alcanza, pequeñitas, como el infante recién nacido, conforme avanzan van creciendo, haciéndose enormes, cambiando de color, pardo en determinados momentos, oscuras, como las dificultades que el caminar diario nos presenta, para finalmente morir en las arenas de la playa,  nuestras vidas son también ríos que van a morir a las arenas del mar.




Hay una música especial, cuando nos abstraemos escuchando la sinfonía de las olas, de una orquesta perfectamente organizada, en la lejanía es un ligero sonido que se va amortiguando, como el preludio de una sinfonía que comienza, poco a poco, va "in crescendo" hasta alcanzar el momento álgido de la interpretación, ocurre cuando el sonido bronco y fuerte del oleaje está al alcance de nuestras sentidos y se va perdiendo para en un final casi imperceptible deslizarse sobre la playa, dando por finalizada la sinfonía.


La musicalidad de las olas,  constituye una grandiosa orquesta sinfónica, con sus maravillosos instrumentos naturales, olas nacientes: triángulo, crótalos, castañuelas al fondo del escenario; brisa suave que acaricia el rostro: violines y violas;  viento liviano que levanta el oleaje: trompetas, trombones, fagot y clarinetes; olas que van y vienen en las cuerdas de un arpa movidas por unos dedos prodigiosos; viento huracanado: redobles enérgicos de timbales; levante y poniente, como las notas salidas de un piano de cola magistralmente acariciadas por las manos de la pianista, Azucena Fernández Manzano. Una sinfonía de olas, y olas..., sin pausa ni descanso, una sinfonía que no tiene final pero que cada día nos sorprende con una partitura nueva. 

                                               Los violines brisa suave que acaricia el rostro

Todo bajo la batuta prodigiosa del Rey de la Naturaleza, como el mejor compositor y director de esta orquesta sinfónica.    

                                              El sol juega con el mar saltando estrellas

Es mediodía un sol intenso brilla en lo alto, en la lejanía también juegan el sol y el mar, saltando estrellas sobre las olas, que son piropos amorosos que el astro deja creando luceros inquietos, se mueven al ritmo que le marcan las olas, por la cresta se asoman y se esconden cuando éstas se hunden, para surgir impolutas cuando de nuevo se elevan.


                                                  Allí lo he dejado esperando que salga la luna

Allí lo he dejado, esperando que salga la luna para contarle sus penas, soñando que no está muerto sino que es el viejecito que en la montaña tomaba el sol.
                 
                                                José Medina Villalba

                  







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