sábado, 15 de junio de 2013

EL SACROMONTE. HOMENAJE A SUS GENTES. EMBRUJO, PASIÓN Y ARTE. EL PASADO EN MIS RECUERDOS.


Las largas tardes del verano era un disfrute en nuestra ciudad y lo eran más aún cuando en el Albayzín comenzaba a anochecer. Era  el momento de desasosiego, de dejar aparcados los avatares, quehaceres y problemas cotidianos; los padres de familia regresaban del trabajo con el hatillo, sin contenido alguno, donde habían llevado las viandas, la fiambrera con la tortilla de patatas, que las respectivas esposas habían preparado la noche anterior.




Algunos, cuando el trabajo se encontraba cerca de casa, recibían  al mediodía, a la mujer con el cocido, el potaje, la cazuela de fideos calentitos y a la sombra del andamio de la obra, ambos saboreaban el condumio que se había estado cociendo en el hornillón de bolas durante toda la mañana.

Es cierto, aquel hornillón del que a fuerza de tesón constancia y trabajo supieron desterrar nuestros antepasados para pasar al hornillo de petróleo, a la bombona de butano y a la vitrocerámica, en definitiva, para hacer que sus hijos y nietos tuvieran una vida más cómoda y feliz. Esperamos y deseamos que las generaciones venideras no vuelvan al hornillón.

Las piedras desencajadas, por el paso de los carros, en la Cuesta del Chapiz, recalentadas por el calor y altas temperaturas del día eran como ascuas de fuego que lentamente se iban apagando.


Quedaban bien grabados en la tierra los dos carriles que, se habían marcado al desbocarse el mulo que arrastra el carro de las gaseosas y sifones. Sin frenos, desde el Peso de la Harina, el cuadrúpedo que acarrea la pesada carga había terminado, de dar con sus huesos, en el pretil del río al final de la Cuesta; allí yacía, aprisionado entre el muro y los varales, muerto, rodeado de botellas rotas y de curiosos que observaban el espectáculo.

 En el portalón, tabernuco con pellejos de vino, alguno arrugado por la falta del líquido elemento, sentados en sillas de anea, sin espaldar, en plena acera para percibir un poco el aire que baja  del alto Albayzín y se hermana con el que viene del Camino del Sacromonte, allí se bebía vino, a palo seco, para amortiguar los agobios que causaba la escasez, de todo tipo de medios, para la subsistencia.

 

No era de extrañar ver algún beodo dirigirse a su morada haciendo cruces y marcando el paso de una acera a otra.

Las vecinas después de la frugal cena, gazpacho andaluz, en fuente de cerámica cocida y esmaltada en Fajalauza, repleta de agua hasta los bordes, y como barquichuelos flotando trocitos de pepino, de tomate traído de la huerta de la Albérzana y escasas gotitas de aceite, se le daba vueltas con la cuchara y alrededor la familia, como pescadores, iba capturando las presas hasta dar fin.

Algunos con más suerte un trozo de queso y uvas moscateles, (uvas con queso saben a beso) compradas en finas lonchas, del único medio queso, que tenía Carmen la del puesto, donde en un pequeño habitáculo te podías encontrar de todo: fruta, arenques, aceite, carbón, pan, tomates…, todo un supermercado en diminutivo, dirigido por un solo tendero, colocado detrás de un desvencijado mostrador de madera.

Los corrillos de las vecinas, charla que te charla, contando los sucesos del día permanecían en las puertas hasta altas horas de la madrugada. De vez en cuando la voz de algún habitante, desde el fondo de la casa de vecinos, gritaba a voz en cuello, ¡¡¡ silencioooo!!!, por no poder conciliar el sueño, ante las perspectivas de una próxima jornada de trabajo.

Las tenues luces de las farolas apenas si dejaban ver las siluetas de los escasos viandantes; mi amigo Epi y yo solíamos darnos una vuelta, casi todas las noches, por el Camino de Sacromonte, había que fumarse el cigarrillo de aquel clásico bisonte y saborear el encanto de las notas musicales de las guitarras de las zambras y contemplar, siempre que se nos permitía, la belleza sutil de los cuerpos agitándose en sus danzas, de las encantadoras gitanas en las zambras de las cuevas.

Pasado el Peso de la Harina y en el primer tramo de subida, donde  comienza el Camino del Sacromonte, me llamaba curiosamente la atención la llamada “Venta Zoraida” que, como tal Venta, recogía a los “juerguistas”, que habiendo terminado sus devaneos en la sala de fiestas del Rey Chico, un poco más abajo de la Cuesta del Chapiz, donde comienza el Camino del Avellano, a altas horas de la madrugada, era el refugio donde daban por finalizados sus delirios parranderos.

Durante el día, aquella Venta era una simple bodega que no manifestaba los dislates, desatinos amorosos y juegos prohibidos  que ocurrían por las noches. Alguna vez fui al mediodía, mandado por mi madre, a comprar vino para la comida, y me llamaba la atención el mostrador ricamente enchapado con azulejos esmaltados con fuertes colores; había una fuente detrás del mostrador que, a través de la boca de un mascarón dorado arrojaba agua.

Pasaba por mi mente aquellos recuerdos de niño cuando se escuchaba el jolgorio de la boda gitana, que surgía de la Cueva de Manolo Amaya. Era la cueva de la zambra, la más antigua y la más famosa en donde se formaron bailaoras, cantaores y guitarristas que ocuparon puestos importantes en el arte flamenco.

En solitario estaba bailando, en el momento que nos asomamos a la entrada de la cueva, Gracita del Sacromonte, la sobrina de “los ovejillas”, de la zaga de “Los Queros”; los turistas sentados alrededor de la cueva con ojos de admiración contemplaban el taconeo de la bailaora que, como repique de notas  perfectamente entrelazadas, emergían desde el suelo de la cueva al ritmo de las palmas y toques de guitarras y bandurrias; su cuerpo, como flexible caña de mimbre, con una plasticidad excepcional se doblaba hasta conseguir tumbarse en el suelo para después, poco a poco, levantarse y alcanzar el aplauso de los espectadores.
                                                                        Juanillo el gitano

Las uñas plastificadas de los “tocaores”: Adríán, ciego, director de la rondalla de la Once de Granada, Pepe Amaya, Juan Maya Marote, hacían vibrar las cuerdas de sus instrumentos, mientras “Juanillo el gitano”, padre de la Encarna, -la de las Chuches en la Plaza de San Miguel Bajo- fornido y corpulento, necesitado de los afeites diarios de Antonio “el trueno”, por su poblada barba, deja la guitarra y en el mejor momento de la fiesta se arranca con una media granaína.

Cuando mi Granada llora

por sus ojos de gitana

el Albayzín se enamora

de la Alcazaba sultana

¡qué bonita tierra mora!

 

Por Valparaiso bajan

las gitanas hacia el río,

con cuchillos y navajas

cortan el fuego y el frío,

la yerbabuena y la albahaca.

Junto a la fachada perfectamente encalada de la cueva, cuyas paredes reflejan con gran intensidad la luz de la farola que hay en la esquina, la Patriarca de la zaga “Los Peyas”, la abuela “Peya”, nonagenaria, sentada con la cesta de mimbre que siempre llevó, a la puerta del Hotel Palas, para vender a los turistas las castañuelas, no ha perdido su compostura; ha dejado, por la edad, de subir a la Alhambra pero sigue en la puerta de la cueva con la gran flor, que la caracteriza, en la cabeza cumpliendo su misión.

“Los Peyas”, sus nietos: Pablo, Juan, Trini, Maruja, a los que me unió la amistad de vecindad, deambulan jugando a “chicha escondía”.
                                                                          Carmen "La Chocolata"
Son las once de la noche, después de haber celebrado su zambra, el equipo de la Cueva  “La Chocolata” formado por Joaquín Fajardo, Isabel la del “Palizas”, Miguel “El Santo”, María Fajardo “La Golondrina”, Luis su marido, su hijo “El Chuscales”, se dirigen a toda prisa a la sala de fiestas del Rey Chico para su última actuación de la noche.

Seguimos caminando, hasta nuestros oídos siguen llegando los bailes de Mario Maya conjuntado con María Guardia Gómez “Mariquilla”, y poco a poco se van difuminando por el hechizo de los cantes que nos llegan de la zambra de “La Faraona” que con la “Cachucha” va dando por finalizada la primera sesión de la noche.
                                                                  María Guardia Gómez "Mariquilla"
                                                                     Mario Maya
Allí, las hijas de “La Faraona”: Lola, Meli, Luisa, Juana y “Luis el escultor”, salen a tomar el aire fresco que viene de Jesús del Valle, mientras el Camino se ilumina con una luna llena, radiante y hermosa que tímidamente se va asomando por el Cerro del Sol hasta llegar, como un enorme globo níveo, a ocupar el espacio de un celeste cielo arropada por un lucero vespertino que desde la Torre de Comares se asoma, desde el aljimez central, para hacerle un  guiño de enamorado.  
                                                                     Ajimez de la Torre de Comares

Se oyen toque de martinetes que acompañan a los hijos de la Faraona, herreros por naturaleza, en lo alto de un pequeño montículo donde tienen su fragua.

“Del queré a no queré

hay un camino mu largo

que tol mundo recorre

ay que sin sabé cómo

ni cuando.

 

Y ahora que soy el yunque

a mi me toca aguantá              

cuando sea prima, el martillico

que negras las via a pasar

 

Si no es verda

y esto que ya sale de mi boca

si no es verda

que los pasicos que estoy dando palante

ay que se me vuelvan patrás”.

                                                                 "Los faraones" en la fragua.
A “Los faraones” se les ha echado encima la noche, altos, delgados, escuetos, de musculatura fibrosa, curtidos por la dureza del trabajo, de piel ennegrecida, de casta gitana,  por la pátina del sol y el trabajo a la intemperie, están terminando sobre el yunque, a golpe de martillo, las últimas herraduras que tienen que entregar en una de las ferreterías en Plaza Bib-Rambla y un cancel de entrada para un carmen del Albayzín. Sí, un cancel que más que forja parece un trabajo de orfebrería.

 El hierro incandescente se va doblegando bajo el golpeteo alternativo que le proporcionan “los faraones” en una forja que alimenta el fuelle que aviva la llama con el aire que le suministra y que hace adquirir la riqueza artística de la forja granadina.


Esa luna que acaba de salir por la Silla del Moro se ha asomado a la fragua y por el embrujo que se percibe en cualquier rincón de este paraje, se escucha la voz de Federico García Lorca, cuando la luna apareció en la fragua.

La luna vino a la fragua

con su polizón de nardos.

El niño la mira, mira.

El niño la está mirando.

En el aire conmovido

mueve la luna sus brazos

y enseña, lúbrica y pura,

sus senos de puro estaño.

-Huye, luna, luna, luna.

Si vinieran los gitanos,

harían con tu corazón

collares y anillos blancos.

-Niño, déjame que baile.

Cuando vengan los gitanos,

te encontrarán sobre el yunque

con los ojillos cerrados.

-Huye, luna, luna, luna,

que ya siento los caballos.

-Niño, déjame, no pises

mi blancor almidonado.

 

El jinete se acercaba

tocando el tambor del llano.

Dentro de la fragua el niño

tiene los ojos cerrados.

 

Por el olivar venían,

bronce y sueño, los gitanos.

Las cabezas levantadas

y los ojos entornados.

 

¡Cómo canta la zumaya,

ay, cómo canta en el árbol!

Por el cielo va la luna

con un niño de la mano.

 

Dentro de la fragua lloran,

dando gritos, los gitanos.

El aire la vela, vela.

El aire la está velando.

Y seguimos caminando, (hemos dado un salto en el tiempo) todo el Sacromonte es un verdadero ferial de hechizo, embrujo, encantamiento, fascinación y embeleso; en la puerta de la cueva se encuentra Salvadora Maya Fernández “la Salvaora” nos saludamos mutuamente, es la cueva de “La Rocío”.
                                                                     Juan Andrés Maya e Iván

                                                                 Juan Andrés Maya
La Alhambra con su capa incandescente de rojo carmesí, allá en lontananza, también se une al espectáculo formando el decorado más excelso de este escenario.

                                                              A la derecha las tapias del Colegio del Ave María
Juan Andrés Maya Heredia  y su sobrino Iván sudorosos después del primer baile salen al encuentro; rememoramos anécdotas y vivencias de su Colegio del que se encuentra a dos pasos y que ellos mismos me cuentan lo que hacían por la mañanas para no llegar tarde a clase, saltar la tapia que colinda con el Camino evitando el tiempo de tener que ir a la portería, entrada principal que les cogía bastante lejos. Los recuerdo como dos buenos alumnos de Las Escuelas del Ave María.

Son las una de la madrugada el Camino del Monte está abarrotado de gentes de todos los lugares, de la ciudad y de diversos sitios  de España y del extranjero. Por la curva del Barranco de los Naranjos asoma la silueta de un Cristo inmóvil aferrado a una cruz, el cerro se enciende en ascuas de hogueras para iluminar el paso; de  uno de los balcones de la casa de “Las Cabreras” surge el grito desgarrador de una saeta que, Angustias dirige en medio de un silencio que roza el misterio. 

Oh, la saeta al cantar

al Cristo de los gitanos

siempre con sangre en las manos,

siempre por desclavar.

Por momentos he visto al Padre Manjón, en este mismo lugar, desmontar de su borrica, subir por la vereda y encontrarse con la cueva de la “Maestra Migas” donde nacieron las Escuelas del Ave María, y como en un celuloide, a grandes ráfagas, ha pasado por mi mente toda la vida de este gran hombre, la escuela de su infancia, el primer carmen que compró para desarrollar su proyecto pedagógico al aire libre, a través del juego; formar hombres completos, corporal y espiritualmente; hombres y mujeres capaces de ocupar un puesto en la sociedad tan necesitada de personas llenas de valores.



Su proyecto pedagógico está basado en la siguiente frase: El Ave María se propone como objetivo: Enseñar haciendo para educar enseñando.
                                                             La primera a la derecha era la cueva de "Paca"

Más arriba, abriéndonos paso entre el gentío, Paca en la puerta de su cueva nos invita a que entremos. La cueva ha desgarrado las entrañas del monte, hay que bajar unas escaleras para penetrar en el interior de la madriguera; un mostrador desvencijado, unas estanterías metálicas conteniendo algunas bebidas.  Nos ofrece un refresco que aceptamos de buen grado. Paca es la hermana de “La gallina” madre de “Juanillo el de la Venta del Gallo” que se encuentra a dos pasos y sobrino de Paca.
                                                           Barranco de los Negros. Pintura de Isidoro Marín.
                                                                                              Copia al Óleo de José Medina Villalba.
                                                                                               En primer lugar la cueva de Curro Albayzín. 1900
El refresco nos ha aliviado el camino, el Barranco de los Negros nos espera, esa quebrada rambla donde el Camino se retuerce como serpiente para que el caminar sea más lento y podamos saborear el entorno. Esta barranquera plasmada en los lienzos de pintores del siglo XIX, tales como Isidoro Marín, o Nicolás Prados, ha sabido de penas y fatigas; la riada de 1951, aquella tormenta terrible que sepultó las cuevas que allí había, ocasionando muertes y tristeza. También tiene en su haber días de gloria.


                                                                    Cueva de Curro Albayzín.  2013


Francisco Guardia Contreras, Curro Albayzín, “cayao” en mano como báculo de mando, apreciado, estimado por todas las generaciones del pasado y del presente, pieza fundamental de vivencias y experto conocedor de todas las raíces gitanas, aparece ante nosotros. Aquella cueva que le vio nacer, hoy esta remozada, es un relicario de recuerdos plasmados en fotografías de un Sacromonte del pasado y del presente,  de visitas regias de todo el mundo, de artistas de todos los niveles que han tenido la dicha de contemplar en este escenario la belleza de la zambra gitana, los cantes flamencos de Curro y los recitales poéticos que saliendo de la garganta de este poeta han deleitado a todos aquellos que le han escuchado; él ha sabido llevar por palacios, teatros y mansiones de todo el globo terráqueo la sutileza del flamenco y los encantos de este rincón granadino que no es otro sino el Sacromonte gitano, donde las piezas de cobre cuelgan como estalactitas y relucen como espejos.


Hay otro museo enfrente la cueva de María Cortés Heredia  “María la Canastera”. Entrar en ella es como entrar en la catedral del flamenco.

María la Canastera se hizo famosa

con su zambra en el Sacromonte;

a su cueva por los más grandes

artistas del mundo entero fue visitada ,

llenando de grandeza y mucho arte

su cueva enclavada en el Sacromonte,

con su baile reina y señora de Granada.

                                                       María la Canastera con el actor de cine Anthony Quinn
La artista granadina consiguió hacer de su zambra una escuela de artistas y un lugar por el que pasaron actores como Anthony Quinn, Alain Delon, Henry Fonda, Ingrid Berman o Agustín Lara.
                                                                  Cueva de María La Canastera
Su hijo "Enrique el Canastero", buen amigo, nos va contando toda la historia de su madre a través de las diversas fotografías que llenan la rica pared de este museo.

                                                   Monumento del escultor José Castro Vílchez a María la Canastera
                                                                                                 en la Avenid de la Constitución..
Me trae a la memoria grandes recuerdos una cueva contigua, hoy bastante abandonada, en más de una ocasión cuando era niño entré en ella acompañando a mi hermana que ejercía de practicante del barrio, siempre tuve en la memoria la imagen de aquella gitana que allí moraba, María Maya Fajardo, “La Pillina” guapa, como ella sola, elegante escultural, prototipo de la elegancia gitana. Con el tiempo aquella belleza dejó este lugar para irse con el cantaor Rafael Farina, con el que contrajo matrimonio. Su hermano “El Pillín” Miguelones y sus sobrinos guitarristas Paco y Miguel Ángel Cortés, también vivieron en esta cueva, todos ellos se formaron en las Escuelas del Ave María.
 
                                        Los hermanos Miguel Ángel y Paco Cortés guitarristas,
                                                hijos de "Miguelones el Pillín" y sobrinos de la "Pillina"

 Pero los artistas del Sacromonte no se acaban en el Barranco de los Negros, poco más arriba del camino, en Puente Quebrada, surgieron dos artistas, los hermanos Ángel y Julio Rubio Linares, alumnos avemarianos que han triunfado en el cante flamenco con ribetes de tintes modernos. Los pinceles de Ángel han sabido plasmar en sus lienzos las bellezas de este Valle de Valparaíso.

Si el arte flamenco, en todas sus facetas, se inició en la cueva de Manolo Amaya, al comienzo del Sacromonte, vamos a terminar este capítulo con la familia de “Los bandurria”, en Puente Quebrada. Una de las zagas más antiguas de este barrio gitano. “Los Bandurrias” familia flamenca con los sentimientos más profundos en este arte.
Trinidad Linares Única, cantaora. Rosario Linares Única, cantaora. Estela Rubio Linares, bailaora que ha llevado su estilo peculiar de baile a niveles universales, hermana de los “Gemelos de Granada, Ángel y Julio e hijos de Trinidad.



                                                                              Estela Rubio Linares


La letra de los cantes de Rafael Farina, va a dar por terminado este paseo por el Camino del Sacromonte:

Vino amargo es el que bebo

por culpa de una mujer

porque dentro de mí llevo

la amargura de un querer.

Quiere reir la guitarra

pero a mí a llanto me suena

cada nota me desgarra

el alma como una pena.


La luna se ha cubierto de un halo rojo y se ha escondido detrás de la Vega de Granada, las primeras luces matutinas comienzan a aparecer y retrocediendo sobre mis pasos dejo mis recuerdos que poco a poco se van esfumando.

Quiero en este relato hacer un homenaje a los artistas, cantaores, bailaores guitarrista, poetas, que ha dado este famoso barrio y que sigue aportando al arte del flamenco su sabiduría. Pido disculpas  para aquellos que pudieran no aparecer en esta relación, por olvido o ignorancia  y los que día a día están naciendo.

En próximo archivo titulado: GRANADA TIENE UNA ESTRELLA, QUE BRILLA EN TODO EL MUNDO, va dedicado íntegramente a su persona;  será ella misma la figura central y a través de su testimonio dejará constancia de sus vivencias personales, dentro del Colegio del Ave María. Estrella Morente.

CANTAORES

Enrique Morente y su hija Estrella Morente. Marina Heredia. Jaime Heredia, “El Parrón”. Guzmán Alvea. Manolo “Niño de Osuna” y “Chiquito de Osuna”. “Las Cabreras: Angustias, María y Carmela. Ataulfo. Toni Maya….

POETAS RECITADORES

Ataulfo, “Curro Albayzín”, Manuel Benítez Carrasco, Antonio Fernández Moreno, “Talismán”, Josefina Manzano Villalba….

GUITARRISTAS

Pepe y Carlos, “Los Habichuelas”. Juan y José Maya Morente. Paco Cortés, “Paquillo”. Francisco Heredia Maldonado. Miguel Ángel Cortés. Juanillo de la “Venta del Gallo” y su hijo Israel. Pepe Amaya (Cueva de Manolo Amaya). Manolo Cano. Luis Mariano, marido de la bailaora Jara, premio nacional de guitarra. Antonio “Pata perro”, padre de “Mariquilla”. Miguel “El Santo”. Manolo Cortés. “Los Cotorreros”. Pepe y Rafael los hijos de la Faraona. La familia de “Los Trancas”. La familia de “Los Cotorreros”. “Juanillo el gitano” padre de la Encarna, guitarrista y cantaor. Antonio Solera. Antonio Maya Cortés, “El Cotorrero”….

BAILAORES Y BAILAORAS

María Guardia “Mariquilla”, bailaora y coreógrafa. Mario Maya bailaor y coreógrafo. Manuel Santiago Maya “Manolete”, bailaor y coreógrafo. Joaquín Fajardo. Juan Andrés Maya Heredia, bailaor y coreógrafo. Iván Vargas Heredia. “El Chuscales” hijo de Luis y de María Fajardo, bailaores. Las hermanas Jara, Encarni y Antonio Heredia. Carmen “La Chocolata”. “La Golondrina”.  “La Faraona” y sus hijas: Lola, Meli, Luisa, Juana y Luis el escultor. María Cortés Heredia “La Canastera”. Enrique “El Canastero” y su mujer Luisa. “La Pillina”. María “La Coneja”. Paquito Amaya. Lola Medina. Miguel Robles. Manolo Amaya. Gracita del Sacromonte, sobrina de “los ovejillas”. “María Cara Jarapa”, madre de “Mariquilla”. Salvaora Maya Fernández “La Salvaora”. “La Loli”. Gema Rubio Linares….., y un largo etc.

POR FAMILIAS

“Los Amayas”. “Los Mayas”. “Los Cortés”. “Los Fajardos”. “Bustamantes”. “Los Heredias”. “Los Marotes”….

                                                 José Medina Villalba.

 

7 comentarios:

  1. ¡Un reportaje excepcional! ¡Un saludo!

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  2. uenisima nota!, me encanto, gracias!

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  3. desde el inicio hasta el final , apeoteosico tu blog!!

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  4. ¡ Un blog hermosisísimo ! Granada es una ciudad maravillosa, mágica, de la que ne enamoré hace más de 20 años gracias a uno de mis profesores, que no tendré suficientes años de vida para agradecerle.
    Le dejo el enlace hacia mi blog, que también tiene algunas cositas sobre Granada, muy humildes en realidad pero llenas de amor.

    http://revedespagne.over-blog.com/

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  5. felicidades por su Blog. Lo encuentro interesantísimo. El reportaje sobre el Sacromonte es historia pura del barrio.
    Quizás sería tan amable de ayudarme a clasificar fechas. Intento reconstruir datos biográficos de Gracita del Sacromonte sobre todo la época antes de su primera gira americana (hasta finales de 1952). Teniendo en cuenta que Gracita y Vd. nacieron el mismo año, que edad tenía Gracita cuando la ve bailando en la cueva de Los Amaya?
    Le quedaría muy agradeciso por esta información o cualquier otra que me pudiera facilitar sobre la gran bailaora granaína y asimismo a cualquier seguidor de este magnífico Blog.
    José
    Mi mail para todo el que me pueda facilitar información sobre Gracita del sacromonte: joseremon@hotmail.de

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  6. quisiera saber mas de la vida de LOLA MEDINA.. Apenas encuentro nada acerca de ella' Que le paso


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