viernes, 14 de agosto de 2015

ROMPER UNA LANZA POR EL ALBAYZÍN Y SUS GENTES. LOS APODOS ALBAICINEROS



Aunque esta expresión se suele utilizar con frecuencia, “romper una lanza por…,”tiene su origen en la Edad Media, cuando en los torneos medievales muchos caballeros luchaban defendiendo el honor de otra persona, si en esa lucha uno de los caballeros rompía la lanza del contrario, vencía el torneo y por tanto vencía su representado.

                                                     José Medina Villalba
Hoy, imaginariamente me he vestido de caballero medieval para defender a mi representado, el Albayzín y sus gentes, entre las que, modestamente, ocupo un lugar y quiero defenderlos y defenderme, aunque sea con la palabra escrita que también es un arma que rompe lanzas.

                                                           La Meca
Decir Albayzín es decir Granada, y viceversa, es el brillante que encierra este cofre, admiración de todo el mundo, que por lo menos una vez en la vida, desean visitarla, como el árabe ir a la Meca, es la tierra soñada por todas las culturas del orbe.

                                       Por aquí pasaron diversos pueblos que dejaron su huella 
Situado en pendiente desde los tiempos más pretéritos aquí vivieron romanos, visigodos, mahometanos, judíos, cristianos.., y aquí dejaron su huella, porque el Albayzín es barrio, por ser un aledaño de la ciudad, y tiene todas las connotaciones como tal, pero es pueblo porque las vivencias y comportamientos de sus gentes de familiaridad y compenetración son las de los habitantes de cualquier villa o aldea, y es ciudad porque posee monumentos,


 personajes ilustres, riqueza artística y magníficas panorámicas desde diversos miradores, y sobre todo y ante todo, porque tiene el elemento fundamental que le hace tener vida que no es otro sino sus gentes.
                                               Albaicineros de raigambre
Aunque es parte integral de Granada, sin embargo,  a veces, nos consideramos con cierta independencia, como un apéndice aparte, subido a la grupa de una colina y galantemente nos atrevemos a decir, como el que está por encima de lo que le rodea, cuando queremos ir al centro de la ciudad, cuando no se encuentra lo que se busca en el barrio y sobre todo para cuestiones de papeleo, “ voy a ir allá a bajos" que es lo mismos que  bajar al centro de la ciudad, así, tal cual, como el que procede de otro lugar distinto.

                                                 Mirador de San Nicolás
Cuando en los medios de comunicación se pone en entredicho su  subsistencia y sobre todo se quiere potenciar el Albayzín sin tener en cuenta el elemento fundamental que son sus gentes, uno no tiene más remedio que salir en su defensa, porque los barrios son entes vivos; es cierto que están formados por casas, calles,  callejas y callejones, por jardines, cármenes, monumentos, panorámicas, conventos, iglesias, obras de arte…, que hay que cuidar y estar continuamente manteniéndolos, pero todos estos elementos son componentes muertos que cobran vida porque se la dan sus moradores.

                                             Artesanos albaicineros, gentes del lugar.
Atendamos primero a sus gentes si no queremos que el Albayzín sea un barrio muerto. Cierto que el Albaicín es un atractivo fundamental para los visitantes, para el turismo, un medio de entrada de divisas, pero insisto cuidemos a los que tienen que custodiarlo, sus gentes.

                                Hay que reconstruir viviendas, limpieza de grafitis, seguridad ciudadana....
Apoyémosles en la reconstrucción, restauración y acondicionamiento de sus viviendas, arreglemos sus calles, evitemos el vandalismo de los grafiteros, 



que manchan el buen nombre de sus murallas y fachadas, embellecer y poner a punto ruinosas moradas, miradores que hoy ofrecen un lamentable estado, vigilancia extrema con los asaltadores de bolsos, facilitemos los medios de transporte, todos los días de la semana sin excluir  ninguno, de este modo haremos que nuestro barrio brille como se lo merece.

                                  El alpujarreño D. Miguel Carrascosa Salas, escritor, investigador y autor de numerosas
                                                          obras sobre el Albayzín, y las Alpujarras, defensor a ultranza del barrio.
D. Miguel Carrascosa Salas fundador del Centro Unesco de Andalucía que presidió hasta el 2012, su papel fue decisivo en la declaración, por la Unesco, de Patrimonio de la Humanidad, en el año 1994.

                       Transporte público en función de las exigencias, comodidad y necesidades de sus moradores
Porque el albaicinero vive en el barrio, mantiene el barrio, no es un visitante que viene de paso y después se marcha,  que  quiere y desea, clamando a los cuatro vientos, que las calles tienen que ser peatonales, que el autobús urbano deje de funcionar los días en que al extranjero o al granadino de otros barrios desean visitarlo, para que no le incomode en nada cuando contempla sus vistas, sus monumentos, sus lugares de expansión…

                                               Reconstrucción de sus viviendas
El Albayzín, repito sin cansarme,  es un ente vivo cuya vida no se la da el extranjero, ni el visitante granadino que deja su barrio para recrearse en él, sin que nada le moleste, aunque vaya en contra de los propios moradores.

                                              Plaza Larga, centro neurálgico del Albayzín
La vida de este barrio es el conjunto de una serie de factores a tener cuenta: la simpatía de sus gentes, el bullicio de sus calles y plazas, del olor característico de sus bares, tapeo y terrazas, el aroma del pan,  las hallullas y “salaillas” 


                                                María la panadera, la nieta de "La Pella"
que se cuecen en sus hornos, la algarabía y la jarana en el mercadillo de Plaza Larga, con sus tenderetes de frutas, verduras, flores, ropa…, en la plaza corazón central y punto de encuentro, donde, a veces, lo que menos importa es la venta sino el rato de charloteo, para conversar con cualquiera que esté a tu alcance,



 porque, el Albayzín,  es un pequeño y al mismo tiempo gran pueblo donde todos se conocen, para sacar a relucir la última noticia, comidilla del barrio, echar la quiniela o comprar el décimo en Casa del Bernab, 


                                                 Loteria, apuestas y quinielas, del Bernab  o comentar lo próximo que se estuvo de haber conseguido un premio…, tomar café en Casa pasteles, sin importar la hora, ya sean las doce de la mañana porque allí el estómago de albaicineros y sacromontanos, 


gitanos y payos se satisfacen, mientras el joven que corre más que “el tío de la lista”, va pregonando el regalo que sortea hoy, solo y exclusivamente para el barrio y los que en ese momento lo visitan.

                                               Las pescaderas de la Calle Panaderos
Esto es simplemente el Albayzín, su gente que es la que le da fuerza y energía al barrio, pero que necesita el apoyo constante de las autoridades públicas. Mucho se ha hecho por este lugar, pero queda bastante por hacer.
Aún sigo siendo, cuando paseo por sus calles, el chico que se ha perdido por el Albayzín.
Y  por el Albaicín
en vano estoy buscando
al niño que perdí


Que yo lo perdí, que yo
me perdí por estas calles
y no me encuentro, que no.
Que yo me perdí, que yo.


         Los años, como ladrones
del tiempo y del corazón,
me lo robaron, robaron
y no lo devuelven, no.

Que yo lo perdí, que yo
me perdí por estas penas
y no me encuentro, que no.
Que yo lo perdí, que yo.


         La vida le dijo un día:
¡muchacho! Y me lo mató.
Y me lo mató la vida
sin que lo notara yo.

Que yo lo perdí, que yo
me perdí por estos aires
y no me encuentro, que no.
Que yo lo perdí, que yo.




Y por el Albaicín
en vano estoy buscando
al niño que perdí.
                            (Manuel Benítez Carrasco)

                                                      Cruz de mayo en Plaza Larga, Albayzín

Porque el Albayzín es puro sentimiento, es familia donde se comparten penas y alegrías, fiestas y romería, leyendas y tradiciones, unión para entregarse a la realización de cualquier concurso, como el de las cruces de mayo, donde todos los años son los primeros.

                                                     Romería de San Miguel

Subida al Cerro, entendiéndose por tal, el de San Miguel, con sus carrozas, caballistas, juegos y competiciones en la explanada de la ermita, alrededor de la gigantesca paella, coro rociero, que deleitan con sus cadencias y ritmos al son de las guitarras y bandurrias y las voces de la belleza de sus componentes. 


Boda de José Medina Villalba y Conchita Arroyo Guerrero
                                      En esa esquina la conocí, en el maravilloso mirador de San Miguel Alto

Allí la conocí un 30 de septiembre de 1956, comiéndose un membrillo bajo la farola de la esquina del gran mirador de la ermita.
Primero son los albaicineros y su bienestar y después los que vienen a visitarnos. No hagamos que los que han echado raíces desde que nacieron se les ahogue su modo de vida y tengan que marcharse, porque entonces convertiremos el Albayzín en un barrio muerto, de apartamentos para no residentes que no lo sienten y que están de paso.
                                      El Albayzín son sus gentes, los que le dieron y le siguen dando vida    
  El Albayzín siempre ha tenido sus señas de identidad e incluso se ha diferenciado con el resto de los otros barrios y de los demás  granadinos, y hasta cuando hablamos se nota, por nuestro léxico particular, de qué parte de la ciudad somos, con nuestro seseo llamativo exagerando las eses. 

                                 La charla amigable y reposada, sin prisa, es una nota característica del barrio

Hay expresiones gramaticales que se usan con tal naturalidad, que pueden asombrar e incluso molestar, violentar o avergonzar,  a los que no puedan entender la idiosincrasia del albaicinero, para muestra una de las muchas exteriorizaciones habladas que se usan con cierta frecuencia: "Déjate de pollas, no vayamos a pollas"; traducido al lenguaje de andar por casa, no te metas en cosas, negocios o situaciones..., que no te ofrezcan garantía, porque no vayamos a que las consecuencias sean peores. La utilización de esta palabra, con cierta frecuencia, ya no se considera una palabrota, ni pensamos que sea el órgano sexual masculino, sino que es una expresión de lo más corriente.
Cuando en la provincia mejicana de Guadalajara se reunieron las veintidós academias de lengua española y platearon suprimir la "ll" del abecedario, menudo problema hubieran creado para la jerga albaicinera, si se hubiese aprobado.


Uno de los hechos más diferenciales, como suele ocurrir en los pueblos, las familias casi en su totalidad, gozaban de sus respectivos motes o apodos. Muchos de ellos los siguen llevando sus herederos. Todos son muy conocidos y respetables, llevan con orgullo su apodo y en muchos casos prefieren que se les identifique por el mismo.

                                                Corrala albaicinera. La Casa de la Lona       
Conozco y he tenido relación con muchos de los que portan apodos, por mi profesión de practicante (A.T.S.), en el barrio del Albayzín, durante las décadas de los sesenta…, hasta bien entrados los años noventa, treinta largos abriles de penetrar en las casas de vecinos, en los cármenes, en las corralas…, poniendo inyecciones, tomando tensiones, haciendo curas, con mi maletín y mi moto vespa, que me sirvieron para llevarme todo el aprecio y el cariño de mis paisanos albaicineros.
Han pasado desde entonces muchas primaveras, pero aún me siguen reconociendo los niños, hoy día hombres y padres de familia, las chicas hoy madres, e incluso abuelas, todos me saludan afectivamente, cuando en algún momento me los encuentro, cuando vuelvo a mis orígenes y me paseo por el barrio.
Voy a citar una relación de estos motes, algunos con los que tuve la oportunidad de convivir y relacionarme, y otros que aún siguen llevando sus señas de identidad. Posiblemente las nuevas generaciones no les suenen algunos de estos apodos, pero a los más antiguos los podrán tener en su memoria y recordarlos con agrado. Sirva esta relación y comentario, de algunos de ellos, como "memoria histórica", para la posterioridad.


Los Truenos. Eran los barberos del barrio, tenían una peluquería junto  al Arco de las Pesas, me relacioné principalmente con Antonio y Juan que tuvieron su propio establecimiento en la Cuesta de San Agustín, junto al Peso de la Harina.

                         En la casa de enfrente, en la esquina estaba la barbería de Antonio y Juan, "Los Truenos".
 Cuando el barrio, del bajo Albaicín, y del Sacromonte, se despoblaron, allá por la década de los sesenta, debido a temporales de intensas lluvias que destruyeron viviendas y cuevas, trasladaron la barbería a la Plaza del Salvador. Ellos fueron mis barberos durante muchos años; recuerdo aquellas maquinillas de mano de pelar, que más que pelar parecía que esquilaban, por los tirones de pelos, que de vez en cuando, te hacían retorcerte.
-Niño, estate quieto, que así no puedo trabajar, ésta era la objeción del maestro peluquero, después de un doloroso tirón.
  Entrar en la barbería y hablar de los triunfos y derrotas del equipo de fútbol del Granada C.F. era todo un poema.

                                                Seminario de Maestros del Ave María
Antonio fue también el barbero de los alumnos internos del Seminario de Maestros del Ave María; por las tardes, y durante el recreo realizaba su función en un local preparado expresamente para esta misión. Más, aquel sobresueldo, se le acabó cuando el internado cambió de filosofía y los alumnos tenían libertad para ir a pelarse donde ellos preferían.

                                                       ¿Cero, o doble cero?
Los pelaos al cero, estaban a la orden del día, una forma de evitar que las piojeras anidaran en las cabezas. Antonio preguntaba al acompañante del chiquillo, normalmente su madre o hermana mayor, ¿Cero o doble cero? "El condenado" esperaba temeroso, la respuesta; si era doble cero, sabía perfectamente que las moscas podrían deslizarse sobre su mollera como en una pista de patinaje.
Tímidamente el “ajusticiado” respondía, -
Pero, por favor, con un flequillo de caballo. Aquello, tranquilizaba  y parecía aminorar la fealdad de un doble cero y las risas y mofas de compañeros del colegio, que siempre te recibían con un cogotazo, diciendo: “la papeleta y la contraseña”. Algunos, de verdad, se pasaban en el dichoso cogotazo.  

El Palizas. Era taxista, tenía su propio taxi, vivía en el Camino del Sacromonte, en la Cuesta, que actualmente se llama, de “María la Canastera”, casado con Isabel la hija de Carmen y Joaquín,  los dueños de la Zambra  “La Golondrina;  su otra hija la “Chocolata”, gran bailaora casada con Luis el Bailaor; su hijo “Chuscales”, triunfa, hoy día, como guitarrista por las américas. 

                                                                  Zambra del Sacromonte
                                                      José Valle, "Chuscales"
Siempre recordaré que la primera inyección de insulina que ponía todas las mañanas era para Pepe, “El Palizas”.
El Pasteles. No creo que haya nadie en Granada y fuera de ella que no conozca la pastelería “Casa Pasteles”, en el corazón del Albayzín, en la Plaza Larga.

                                                       Casa Pasteles (1940)
De aquel pequeño local, esquina con la Cuesta de la Alhacaba de los años cuarenta, donde se vendían los típicos pasteles de la época, barras de hielo que se distribuían por toda la vecindad, como elemento conservador de los productos alimenticios en las épocas de calor, surgió con el esfuerzo y el tesón de sus herederos, principalmente su esposa Ángeles y su hija Carmela,


                                            Las delicias que se toman en "Casa Pasteles"  esa gran pastelería que brilla por sus tartitas de nata almendrada, y su leche merengada, tuve bastante contacto con esta familia, atendiendo a la dueña durante su larga enfermedad.

                                                                      " El Madriles"
El Madriles. Albañil, que atendía a todas las llamadas de los convecinos, para satisfacer las necesidades de arreglos en tejados, y viviendas albaicineras, lo mismo arreglaba una gotera, que le ponía un parche a una pared de las ancestrales casas. De esto sabe bastante la casa “Del Moral” de la Calle Bravo, propiedad de Concha, la abuela de mi mujer, y de sus largas y polémicas filípicas con el tal Madriles.

                                               La casa de "La Muñequita", en la Calle del Agua
La Muñequita. Así se le conocía a una elegante y guapa albaicinera, sin menospreciar  la belleza de todas las mujeres del Albayzín, que se  acentúa con los retoques  de acicalamiento cuando se arreglan para salir de paseo.
Sin embargo, esta señorita nunca se la vio desarreglada ni descuidada su estética,  fuera la hora que fuese del día, belleza que se acentuaba con el maquillaje de su cara, tersa y reluciente como el rostro de una muñeca. Vivía al final de la calle del Agua y sin entrar en el interior de la vivienda, ya se percibía la armonía y belleza que podría haber dentro, denotado por el lujo de una fachada con una balconada repleta del variopinto color de los geranios y claveles que se asoman a la calle, captada por todas las cámaras de los visitantes que arrancan, potencialmente, el arte que se encierra en esta calle del Agua cantada por poetas como nuestro albayzinero Manuel Benítez Carrasco.
Por la calle del Agua,
yo la veía  pasar
tan bonita y tan soltera
guapa hasta no poder más.


        Hoy, por la Calle del Agua,
he vuelto a verla pasar
bonita, pero casada.
Casada, pero bonita,
ser madre da la belleza
que el no ser ya novia quita.


         Pero lo que yo daría,
callecita albayzinera,
por verla otra ver pasar
bonita, pero soltera.


El Maricón. Era un personaje que vivía en la Calle Mentidero detrás del antiguo cine Albayzín, tenía un frangollo donde vendía toda clase de semillas. En más de una ocasión, enviado por mi madre, fui a comprar moyuelo para las gallinas que teníamos en casa. Los sacos que contenían la diversidad de semillas: maíz, trigo, cebada, moyuelo, salvado…, se encontraban a la entrada de la vieja casita. En estado de quietud, aparentemente, aquel albaicinero era un hombretón, alto, recio, fornido, más, viéndole caminar la impresión era distinta.


                                           Pepe, Pérez Amigo, "El Tintorero", y su esposa, Encarnita, Medina García,
                                                                                                   mi prima hermana

El Tintorero. Pepe Pérez Amigo. Alto, elegante en la manera de andar, servicial, agradable en el trato, haciendo honor a su apellido, amigo no solo de sus amigos, como generalmente se suele decir, sino de todo el mundo. Tenía el taller de limpieza y tinte a las espaldas del frangollo antes citado, y la tienda donde se recogían y se entregaban los vestidos y trajes en pleno corazón del barrio en Plaza Larga. Verlo ir desde el taller a la tienda, con los trajes a las espaldas por la Calle Panaderos, era una estampa más, de las escenas costumbristas albaicineras.


El Mascota. Avemariano y formado musicalmente en la banda de música de las Escuelas del Ave María, de mediana estatura, pero de gran altura musicalmente, tocaba de manera magistral  el acordeón. Vivía al final de la Cuesta del Chapiz, y las notas musicales que salían de su instrumento, que manejaba a la perfección a pesar de su pequeña estatura, acompañaron al cantante granadino Paquito Rodríguez.                        
                                                  Calle Blanque Viejo, en el Albayzín
Las Castillicos. Eran dos hermanas que vivían en la Calle Blanqueo Viejo, una  de ellas viuda, con un hijo al que le decían “el lacio”, por sus modales y compostura al manifestarse, y la otra hermana soltera. Dos personajes muy fantasiosos, que contaban entelequias y espejismos, pura ilusión de sus mentes calenturientas, entre sus amistades y vecinas del barrio, que ellas daban como hechos acontecidos, lo que en el lenguaje refranero se le conoce como “hacer castillos en el aire”.

                                               Casa de las Aceiteras en Plaza Larga
Las Aceiteras. Dos hermanas que vivían en Plaza Larga, haciendo honor a su nombre.


El Calero. Con su burro cargado de piedra caliza, o cal viva, pregonando la cal para encalar las fachadas de las casas del Albayzín. Cal que para poderla utilizar había que convertirla en cal muerta, echándola en un bidón con agua, donde  la ebullición y suelta de gases, la convertían en utilizable para blanquear.


Las Marranicas. Eran varias hermanas que tenían una huerta junto a la antigua  carretera de Murcia, entre ésta y el callejón de la Alberzana. Posteriormente instalaron una venta de invierno para tomar el sol y refrescar la garganta con vino del terreno.

                                                      Por la Cuesta del Chapiz
La Tía del Martillo. Era una señora gruesa, de edad madura, vivía en un carmen, frente a la fábrica de bolas de carbón, tierra y cisco, de los Cogolludos, en la Cuesta del Chapiz. Actualmente este lugar se le conoce como la casa de los cristaleros, donde el jardín se transformó en  apartamentos y cocheras. La recuerdo de niño con sus angarillas detrás de la cancela de entrada, vendiendo higos chumbos, en los meses de verano.

                                                        "El Sangremuerta"
El Sangremuerta. Tenía una tienda de comestibles, Cuesta del Chapiz, cerca de la Placeta de Albaida, de las de aquella época, donde se vendía de todo y de “casi ná”. Su lentitud, tranquilidad  y buena pasta, al atender a su clientela, hicieron honor al sobrenombre que le colocaron.



Los Chatos. Los conocidos con el nombre de pila “Los Morales”, los herederos de la fabricación artística de los árabes, la cerámica de Fajalauza, que ha llevado por todo el orbe las mejores piezas ceramistas realizadas en sus talleres, suenan los nombres de Cecilio, Adolfo, Rosarito, que supieron llevar a buen puerto todas sus obras cocidas en sus hornos.


El Cuatrotiros. Panadero muy conocido no solo en el Albayzín sino en toda Granada. Tuvo el horno al final de la calle Santiago, vivía en la Plaza del Salvador, curiosamente en la misma casa donde nació y vivió el poeta Manuel Benítez Carrasco. Ana su mujer le llamaban la cuatrotiros, siempre se destacaron por su amabilidad y generosidad para sus convecinos.

                            Las bailaoras, Mariquilla y su hija Tatiana, han llevado el baile flamenco por todo el mundo

El Pata Perro y su mujer la Pata Perro. Estuvieron relacionados con el Sacromonte y sus actividades con las vivencias y folclore de las zambras gitanas. Él “tocaor” de guitarra, ella bailaora; su hija Mariquilla, María Guardia Gómez, prima de Curro Albayzín, gran bailaora de fama internacional, regenta una academia de baile, en la ciudad, junto con su hija Tatiana.

                                                Tienda de productos del cerdo
Los Gordos. Tenían una tienda de charcutería en la calle del Agua, cuando llegaba la festividad del Día de la Cruz de mayo, solían poner una marrana vestida de gitana en el escaparate, rodeada de todos los aditamentos y productos que se obtienen del cerdo. Su buen aspecto físico les hizo acreedores del apodo.


El Verdugo. Vivía en el carmen de San Cayetano en la calle Zafra, bajito, poco comunicativo con la vecindad, solía pasarse muchas horas contemplando la TV en la galería de su vivienda que daba a los jardines del carmen. Alguna que otra vez, comentaban los vecinos, salía con su maletín y “herramientas”, camino de Sevilla para cumplir con su misión.


 Cagacamas. Pepe “Cagacamas”, albañil de profesión, vivió en Montes Claros, en el barrio del Sacromonte, pertenecía a la cuadrilla de trabajo del maestro Montes, y con él realizó muchos de los trabajos que se hicieron en las Escuelas del Ave María.


Los Picheles. De profesión sus vacas, cuya vaquería se encontraba en la Placeta de las Castillas, surtían de leche a todo el barrio y a gran parte de la ciudad.


El Semanero. Bajito, regordete, portando un grueso archivo entre el pecho y el brazo, donde llevaba la ficha individual de cada uno de los clientes a los que les servía cualquier petición, bien de ropa, utensilios de cocina, muebles…, que él compraba y se encargaba de cobrarles semanalmente, con el correspondiente aumento de gabela. Una cosa así como las letras con los bancos, pero más al estilo “compadre”.

                                                   Calle San Gregorio Alto

Juan, el de las Letras. Vivía en la calle San Gregorio Alto, un estilo muy similar al semanero pero encargándose de firmar letras con los bancos por su solvencia económica, cobrándole a sus clientes buenos intereses.

                                                   Placeta de Albaida
Pepico el Bombero. De oficio relacionado con el mote, hombre de múltiples facetas vinculadas con diferentes oficios, albañil, electricista, fontanero…, que te construía una casa, en un santiamén, con unas inmejorables condiciones económicas. Agradable, generoso, abierto y entregado por los demás, su hijo José Rodríguez Franco, ha heredado las buenas condiciones de su padre, pero no el apodo. Vivió en la Placeta de Albaida.

                                            Torcuato en su primitiva taberna
Los Tatines. Los hijos de Torcuato, el tabernero de las Cuatro Esquinas, donde por un buen vaso de vino blanco, en la época de los cuarenta del pasado siglo, los  trabajadores, después de la jornada laboral enjugaban sus males; hombre agradable, con la sonrisa a flor de piel, siempre supo llevar su negocio con sus costumbres y clientela. Después sus hijos supieron convertir aquel local en un gran restaurante, con sus sucursales  por la Calle del Agua y Pagés, donde se puede saborear la gran cocina albaicinera y granadina.

                                                         Calle Pagés
El chumascalatea. Era el alcohólico número uno que frecuentaba la taberna de Torcuato y jefe de una panda que se autodenominaba la "Chusma"; con su pandilla organizaban desfiles militares, por la Calle Pagés, dignos de presenciar.


Seisdeos. Lechero de pueblo de Beas de Granada, con su cántara y el líquido elemento, recorría todas las noches las callejas repartiendo la leche a la vecindad.

                                                       "El bigotes"
El Bigotes. Tenía un pequeño tabernuco a la entrada de la Calle de Elvira, y podría decirse, por su enorme  bigote: “Erase un hombre a un bigote pegado”; de baja estatura rechoncho, casi siempre se encontraba a la puerta de su negocio, fumando una pipa que amarilleaba su mostacho. Según habladurías más que vino se vendían arreglos casamenteros y planes amorosos.

                                                        Casa "Granizo"
El Granizo. Taberna castiza, en la encrucijada con la Cuesta de María la Miel con el Camino de San Nicolás, así con este apodo se conocía al dueño.

                                                 Comienzos de la Calle Calderería Vieja
La Zapatera. La mujer del que hacía toda clase de arreglos a los zapatos, con su pequeño taller primero en la Cuesta del Chapiz y después en la Placeta de la Charca, ella vendedora de verduras en la Caldelería Vieja, cuando esta calle no había sido invadida por las teterías que actualmente la regentan gentes venidas de la otra parte del Estrecho.


Los Cirri. Dedicados a la cría de caballos y participes de las corridas de toros como picadores.

                                                         Los Gemelos de Granada
Los Bandurria. Uno de los primeros pobladores del Camino del Sacromonte que vivieron en Puente Quebrada, tocaban en las zambras, con sus instrumentos, y todos sus herederos han sido bailaores y cantantes, actualmente Ángel y Julio, “Los Gemelos de Granada”, hacen honor con el conjunto musical que forman. Siguen manteniendo en alto la bandera de “Los Bandurrias”.

                                               El barco de pescadito frito, en "El Parranda"
El Parranda. Siempre se ha dicho que irse de parranda es irse  de juerga, de farra, de francachela, ¿Le vendrá por ahí el apodo? Si usted quiere comerse un buen barco, o trasatlántico de pescado, busque en la Placeta de Fátima o en la calle Panaderos, Bar El Parranda.

                                                     "El Colomera"

El Colomera. D. Antonio, el sargento de la Guardia Civil, que mantuvo a raya a la gente de mal vivir del barrio y que trajo la tranquilidad, aunque su sistema de correctivos tenían la marca y el sello del Colomera. Como muestra este botón: Por la Cuesta del Chapiz vio a un chico dejarse caer con su bicicleta suelto de manos. Lo detuvo, le quitó el manillar a la bicicleta y le obligó a tirarse.
El final de su carrera, según se cuenta, no fue muy afortunado por cierto compromiso hereditario.

                                                    El Señor de los Favores en el Campo del Príncipe
La Paquita. De pequeña estatura con su bolso colgado del brazo y moviéndose como una mujer cruzaba Plaza larga haciendo sus compras. Los niños se metían con él diciéndole mariquita y eso le molestaba, sin embargo cuando le echaban piropos se engrandecía a pesar de su pequeñez.  Con qué arte y salero se atusaba el pelo.Todavía la sigo viendo por el Realejo ir todos los viernes al Señor de los Favores y postrarse ante el Cristo, manifestándole sus cuitas.

                                                         "El Jose", muy querido por los albaicineros
El Jose. El mejor guarda municipal que ha tenido el Albayzín, lo mismo dirigía la circulación, que te ponía una multa por mal aparcamiento, antes que cantara un gallo; por menos de nada te detenía y nada podías hacer; iba siempre a la cabeza de la romería de San Miguel, o delante de la banda de música del conjunto la Estrella, en todas las manifestaciones del barrio siempre ocupaba el lugar de preferencia. Muy apreciado y estimado por los albaicineros.


El Cebollas. Al principio de la Cuesta de la Alhacaba, se encuentra la Taberna del Cebollas, nombre  con el que se conocía  al dueño. Fue el lugar donde convivieron los obreros con las avanzadillas de estudiantes que en la época de la Dictadura tenían sus reuniones de expansión y cambios de ideas políticas, por allí pasó la juventud que actualmente ocupa altos cargos en la administración y en la política.

Los médicos de los pobres. Tres hubo en el barrio que dejaron huella por su forma de comportarse y tratar a la clientela.

                                                               D. Emilio Jiménez Amigo
D. Emilio JiménezAmigo. Tenía la consulta en la primera planta, de una casa de vecinos, en la Calle del Agua. Ir a su consulta era como el que va a casa de un entrañable amigo, la visita médica, podía durar una hora, y más de cincuenta minutos se empleaban en una conversación distendida donde se le daba un repaso a la familia, a la situación económica, a los avatares del acontecer diario..., de tal manera que al enfermo casi se le olvidaba a qué había ido al médico, había una relajación tal, que prácticamente la dolencia había "desaparecido". No era muy partidario de atiborrar al enfermo de medicamentos, más bien lo vegetariano estaba a la orden del día. Algunos le llegaron a llamar el médico de las hierbas.
-¿Cuánto le debo, D. Emilio?
-Anda, "nena", vete y otro día hablaremos?
Estas eran sus expresiones, sobre todo, cuando el que había ido a visitarle no tenía medios económicos.
D. Antonio Sánchez Santiago. Tenía la consulta en la calle Pagés, donde también vivía, aunque sus comienzos fueron en el consultorio de inyecciones de su suegro "Pepico". Entrar en su consulta era como entrar en una sala de fiestas, y digo esto, porque la música estaba a "tutiplén", y ya de entrada y la forma alegre con la que te recibía, su lenguaje dicharachero, de júbilo y alborozo contagiaban al que llegaba para que lo reconociera. Una peseta valía la consulta, después de utilizar rayos X e incluso darte los medicamentos. Como gran deportista, promocionó entre la juventud del barrio el deporte, formó el equipo de fútbol que dio muchos  triunfos y costeaba todo, equipajes utillaje e incluso refrigerios a los jugadores cuando terminaban los partidos.
D. Ángel Company Orte. Consulta en un bajo de la Placeta del Aliatar, próximo a la Calle San Buenaventura, igualmente que los dos anteriores muy entregado por el barrio y muy estimado por todos los que a su consulta asistían.
Con los tres tuve buenas relaciones, por mi conexión en la medicina, y con la clientela que en más de una ocasión adquirí a través de sus recomendaciones.

Pepico el de las "Indecciones". Así eran conocidos padre e hijo, que tuvieron el consultorio de poner inyecciones en la Calle Panaderos. Padre sin titulación, pero un maestro poniendo inyectables, hijo titulado. Muy buena afinidad entre ellos y mi persona pero sobre todo con el hijo coetáneo en los estudios de bachiller en el Seminario de Maestro del Ave María.. Cuando Pepico hijo, se colocó como enfermero en la Seguridad Social, me dejó gran parte de su clientela que no podía atender, de ahí que mi labor de practicante se extendíó por todo el alto Albayzín llegando inclusive hasta El Haza Grande, donde tengo recuerdos inolvidables, así como de todos mis paisanos albaicineros, a los que dedico especialmente este archivo.

Antonio, el Hoja. Cuando se emborrachaba gritaba hoja pelleja. La expresión hoja se puso de moda hace bastantes años cuando no se estaba de acuerdo, en una conversación, con lo que decía el interlocutor, aquello se cortaba diciendo, "hoja".
No quiero terminar este archivo sin dejar de citar a dos personas que marcaron la vida religiosa y espiritual de creyentes, y no tanto del Albayzín.

                                                      D. Miguel Peinado Obispo de Jaén
"Los Peinados". D. Miguel Peinado Peinado. Fue una gran labor la realizada  en la parroquia por el que después llegaría a ser obispo de Jaén. Entre sus ejecuciones podemos citar: Creó la Escuela Parroquial de Enseñanza Primaria, restauró la parroquia que llevaba años en abandono absoluto, movió y despertó inquietudes sanas entre la juventud del barrio, llevando a algunos de ellos al Seminario y al sacerdocio.... De carácter serio y responsable se ganó el cariño de muchos albaicineros y la antipatía de otros que no supieron valorar el buen hacer de este hombre.

                                                               D. José Montero Vives
D. José Montero Vives. Dirigió la parroquia durante unos cuantos años, de procedencia motrileña y muy ligado al barrio, por haber sido el Director General de las Escuelas del Ave María, por lo que ya era bien conocido en el Albayzín, entre los niños, jóvenes y familias en general. Durante el tiempo que regentó la parroquia, le dio un nuevo impulso, creó el museo parroquial donde hay piezas artísticas de gran valor, restauró el órgano uno de los de mayor importancia, de entre los que hay en la ciudad, dándose conciertos sacros con cierta frecuencia; la iglesia adquirió una nueva imagen con la colocación de numerosas esculturas y pinturas, y por su simpatía se ganó la amistad de toda la gente que ya le conocían, por los muchos años pasados en Casa Madre del Ave María, en la fundación de las Escuelas Profesionales de San Cristóbal, y la Escuela de Magisterio del Ave María "La Inmaculada", por cuyas manos pasaron cientos de alumnos albaicineros.

Aparte de estos motes, hubo otros muchos, cuya relación pongo a continuación, para que los conocedores de los mismos puedan agregar alguna información sobre cada uno de ellos.
El Goliche, La Guapita, Pepa la Monja, El Sabio, El Pedro Bolas, El Carbonerín, La Maricolla, El Aguaor, El Pancho, La de los Pipos, El Cocolito, El Borrachillo, El Longa, El Fantoche, El Señorico, El Curiana, El Fresita, Las Tres Rosas, El Salibilla, La Pajota, El Colorao, El Maslona, El Rizao, El Cebollino, El Filanche, El Picano, Los del Acordeón, Pepe el Burro, El Niño Nuevo, El Cojovela, La Cacarina, La Pitirra, La Gallina, El Chiquitana, La Sinnariz, El Huevo Pava, El Coronel, El Peceño, El Bocatuerta, El Vinagre, El Cojo Copas, La Cagatrancos, El Piri, El Chumino, El Chapito, El Besana, Los Listos, El Picante, El Lamparina, El Veneno, El Santo, El Farrugia, El Joropo, El Culi, El Enchufista, Las Rubicas, La Peregila, El Chocolate, El Pimpollo, El Cipitruche, El Chungo, La Güingua, La Dibujá, El Buchón, La Condená, El Chucre, El Lechuga, El Chanche, El Cabezón, El Ajolín, Los Moritos, El Rompetechos, Las Chiquiticas, Los Poli, El Mantecas, El Farruco, El Moñas, La Cho, La Gurrumina, El Charengue, El Coleto, Las Manchás, Las Morcilleras, La Manca, El Chupa, El Pichicarne, El Tío Mijica, El Salvorico, El Santiagazo, La Gazpacha, El Milindres, El Palomo, El Bilolo, Las Piñanas, La Cónica, La Siete Cazos, La Pelona, La Sartenera, El Palometas, Los Morenos, El Callao, El Pechuga, El Rosetas, La Colilla, El Pelotas, El Batato, El Gorrilla, El Loquillo, El Cagarrache, El Bombo, El Caramelo, El Tres y Medio, El Tapo, El Pucherete, La Remamá, El Bujo, El Pollico, El Molinero, Los Choclos, La Colleja, La Tomasa, El Tarantán, La Collanta, El Longa, El Matagatos, El Mono, El Sota.
Esta relación última de apodos me fueron  facilitados por el albaicinero, Francisco Gómez.
Miguelico el Tonto, cantaba por una perra gorda, recorriendo las casas de los vecinos, los niños se mofaban de él cantándole: Miguelico el tonto, tiene un gabán, en cada bolsillo le cabe un pan, y si le achuchas le caben dos, y una morcilla de cuarterón.
                                 José Medina Villalba










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