lunes, 7 de marzo de 2016

ENCERRAR LA VIEJA


Es tiempo de Cuaresma y por tanto de desempolvar y sacar del fondo del baúl de los recuerdos las tradiciones desaparecidas, traer el pasado al presente.
"Encerrar la vieja" es una de ellas que hoy querido lector te pongo en bandeja.
(Aclaratoria. Gramaticalmente, no es correcto el lenguaje tan usado, sobre todo en el campo de la política,  utilizando los nombres en masculino y femenino al mismo tiempo, como  sería en este caso, tener que decir lector y lectora, por lo que siempre, en mis escritos, empleo el que sirve para ambos sexos, sin que por ello exista omisión alguna al género femenino.) 

                                                     Plaza Larga. Albayzín

Esta fiesta, si es que así se le podía llamar, y que fue motivo de división entre los vecinos, sobre todo en el barrio del Albayzín cuando, después de un tiempo durmiendo en el anonimato, algunos intentaron recuperarla.

                                                         Francisco Ayala

     El escritor Francisco Ayala, hace un comentario en uno de sus libros a esta tradición, cuando estuvo viviendo en un carmen en el Albayzín, en San Gregorio Alto, a la que le  titulaba Caza de Brujas:

                                                                                             Calle San Gregorio Alto

     “Recordaré a propósito una costumbre popular que entonces existía allí y no sé si aún subsiste: la fiesta infantil de “cierra la vieja”.



                                                   -Esto es, bruja-

 En mi tierra natal salíamos armados de espadas de madera e improvisados arreos militares para acorralar a cuanta vieja –esto es, bruja- hallábamos en la calle y exigirle el rescate de una moneda. (Ignorantes, por supuesto de la arcaica acepción del verbo cerrar como acometer –ya Sancho Panza no entendía el grito de “¡Santiago, y cierra España!” corregíamos a veces esta diversión transformándolo en “ encierra la vieja”.


      Afortunadamente, ya no se persigue a nadie, pero se sigue entonando aquella canción dedicada a la protagonista que decía así:
“A encerrar la vieja,/ que es una tía pelleja./ La vieja, la vieja,/ la tía pelleja,/ se tira follones / por los rincones./ A encerrar la vieja,/ que es una tía pelleja”.



En estos tiempos, no se corre a una mujer mayor, pero se mantiene el espíritu de una ancestral tradición que, para muchos vecinos, no deja de ser una práctica “machista”.


     En el pasado, el juego consistía en escoger a una mujer mayor, sola e indefensa, mejor si tenía un defecto físico y aún mejor si tenía mala boca para increpar a los que la atosigaban. Nunca se elegía a una con hijos, nietos o marido por miedo a las represalias.



Una vez elegida la víctima, se rodeaba entre todos cogidos de la mano y se la empujaba hasta llevarla a un portal. Se cerraba la puerta y allí se la tenía mientras desde fuera entre gritos, risas, porrazos a la puerta se le seguía cantando, "la vieja, la vieja, la tía pelleja…," hasta que llegaba, algún familiar o  persona mayor sensata, dejaba en libertad a la pobre anciana y los niños corrían insultando al libertador. Nuestra anciana salía toda sofocada y el nombre de los muertos y de las respectivas madres, que los parió, salían con vehemencia de la boca de la longeva anciana.´
Al día siguiente, en el colegio, se contaban las peripecias y hazañas, según ellos, habían cometido con la Pepa, la pobre anciana viuda que junto a sus angarillas de pipas, caramelos, garbanzos tostados y otras chucherías, había sido presa de sus bravatas y al contarlo en su casa, como una gran proeza, la madre puso al rojo vivo las posaderas, al ser golpeadas con la suela de la zapatilla y no por el paño como, a voz en cuello, clamaba Antonín.



        -¡Mamá con la suela no, con el paño como haces con mi hermano!
Hubo después unos años en los que el encerrar la vieja se convirtió en una diversión, dejando sepultado ese machista y horroroso “juego”.


      Se les vestía, a los chicos pequeños, esa tarde, después de salir del colegio, con  trajes y moñas hechas de papel de colores y con sus cestos de caña, adquiridos a la gitana que, durante estos días, los vendía junto a las “volaeras”; cestos a los que se les desempolvaba, después de haber dormido durante largo tiempo  colgados en cualquier rincón  de la alacena de la cocina; 


                                                    Paco el panadero de la Calle del Agua

se dirigían al horno de pan de Paco el panadero, en la Calle del Agua, adquirían su hornazo, -rosquilla con huevo duro incrustado- y en cualquier plaza del Albayzín, la Larga o la de San Nicolás hacían su merienda.

En mis tiempos de niño,
                                                   Calle del Agua
allá por la década de los cuarenta, esta diversión prácticamente era un juego, jamás presencié que, los chaveas de mi época, rodearan a una anciana, la vituperaran y a empujones la introdujeran en un portal encerrándola. 



     Posiblemente esto pudo ocurrir aisladamente algún año, lo que sí sucedía es que, ese día, y para eso estaban las personas mayores, advertían a las ancianas se abstuvieran de salir a la calle, por lo que la veda estaba totalmente echada y no había anciana que nos pudiéramos encontrar por los callejones albaicineros.
 No por eso la fiesta dejó de existir.
Aquella tarde, entre negros nubarrones amenazantes de lluvia, nos reunimos un  grupo de chavales, y después de un sorteo vestimos a Juanita de vieja. 

                                                       Nuestra anciana "Juanita"    
Juanita era la chica más espabilada de la pandilla, dispuesta siempre a llevar la voz cantante en cualquier engendro infantil que se creara. 
Los arreos estaban preparados, Juan trajo de su casa el delantal de su madre, Paco el hijo de la churrera, un chal a cuadros negro de lana, Manolín, el vestido de la abuela que, por cierto, el olor a zorruno tiraba de espaldas, el bastón, las gafas culo de botella, pañuelo para la cabeza, zapatillas negras con dos orejeras, se encargó Toñín el del "Portalón".

     Nos metimos en el portal de chucherías de María Jesús, en el Peso de la Harina


                                           Enfrente, el portal de chucherías de María Jesús, 
                                                                                  por el lateral izquierdo se subía a la vivienda

y a mí me encomendaron, después de que le pusiéramos todos los arreos, darle los últimos toques. 

Con la cabeza inclinada hacia abajo, la espolvoreé con polvos de talco, y con el peine, aprovechando que Juanita tenía el pelo largo lo junté haciendo un simulacro de moño. 

                                       Nuestra Juanita, perfectamente maquillada dispuesta para el juego

  Con un lápiz de maquillaje pinté las arrugas de la frente, así como "las patas de gallo", en el lugar correspondiente, y para hacer aún más real la anatomía de nuestra "vieja", entre el vestido y el chal le coloqué un pequeño cojín, simulando la joroba y ¡quién diría que no teníamos a nuestra mejor vieja del barrio para divertirnos!


     Toda ufana, nuestra vieja, comenzó a caminar por el Callejón de los Frailes y todos los demás chicos en gran comparsa detrás cantando a coro: "la vieja, la vieja, la tía pelleja, se tira follones por los rincones, a encerrar la vieja que es una tía pelleja", de repente ella se volvía y con el bastón intentaba alcanzar a alguno de los acompañantes; el barullo que se formaba era enorme para evitar ser golpeados, atropelladamente caíamos al suelo formando un montón de chicos. Nuestra vieja aprovechaba para dar algún garrotazo, pero sin mayor intención de hacer daño.



     Conforme caminábamos, por la Calle San Juan de Los Reyes, se iban agregando otros chicos y la voz se corría de tal modo que de otros lugares acudían otros y otros. 
Pero aquello no era solamente espectáculo nuestro, las mujeres se asomaban a los balcones, los pasantes se detenían para contemplar el divertimento e incluso alguna mamá se agregaba al grupo.


                                                       Aljibe de Trillo

Después subíamos por el Aljibe de Trillo, los niños que ayudaban a sus madres a sacar agua, unían sus voces a los que íbamos en la comparsa.
-Mamá, me voy con mi amiga Placiditas. Y así iba creciendo el grupo.
 Placeta del Comino, Plaza del Salvador, y vuelta a la Cuesta del Chapiz.
(Todavía cuando con frecuencia paso por El Salvador, en mi subconsciente no puedo evitar la estrofa poética de nuestro vate albaicinero, Benítez Carrasco.
"Placeta del Salvador, tres acacias en el aire y mi madre en el balcón").
De esta forma se consiguió durante unos años mantener la tradición, hasta que finalmente desapareció.

                                                      Placeta del Salvador

¡Bonitos recuerdos del pasado! 
Quizás algunos conserven en su memoria los sonidos que salieron de sus gargantas, "la vieja, la vieja, la tía pelleja"..., y las custodien como un grato recuerdo, sin embargo pretendo ir más lejos, simplemente, darles a conocer las tradiciones de nuestra Memoria Histórica a las nuevas generaciones.
   

Aquella malsana diversión desapareció, pero yo no te he traído hasta aquí, querido lector, solamente para recordarte esta “diversión”, sino para explicar cual es realmente el origen de esta tradición, y cómo se desvirtúan las palabras al transformarlas cuando se les colocan prefijos y adquieren otro significado.


     Al comenzar la Cuaresma, se tenía por costumbre, sobre todo en las familias de un nivel medio, comprar una buena “bacalá”, se colgaba en un lugar visible como si fuera un trofeo y no se le tocaba hasta mediada la Cuaresma, ese día se iba a la tienda de comestibles, si no se tenía en la casa una buena herramienta para serrarla milimétricamente por la mitad.



          Tal día como el 2 de marzo, de este año, coincidió exactamente con la mitad de la Cuaresma, iba con mi madre y la “bacalá”, que durante varios días había estado "velando armas" en la pared de la cocina, a la tienda de comestibles de Juan Manuel situada en el Peso de la Harina.
-¿Qué, nos  decía Juan Manuel, eufórico, al entrar en su tienda de comestibles?
 -¡Ya estamos aquí cómo todos los años a serrar, la bacalá!
-Pues sí, es la tradición y hay que cumplir con ella, contestaba mi madre.


       Depositada la “bacalá” sobre la guillotina, levantado el mango, observaba, con los ojos completamente abiertos, como el dependiente dejaba caer lentamente, sobre el cuerpo inmóvil, la ancha y afilada cuchilla y el crepitar de la sal al ir separando una parte de la otra llegaba a mis oídos con tal intensidad, que la saliva crecía en mi boca poniéndose salada.
  Eran muchas las vecinas que ese día hacían lo mismo.
-¿Josefa, vienes de serrar la vieja?



        La vieja no era ni más ni menos que la bacalá, a la que se le llamaba “la vieja”.
Esta costumbre se realizaba ritualmente todos los años, a la mitad de la Cuaresma y por tanto partiendo por la mitad el salado pez.
Las palabras, a veces, por el mal uso, se les cambia el significado, y lo que era serrar, (cortar) por el acto lingüístico de agregarle una sílaba al principio, la  convertimos en "enserrar".
Y de este modo surgió la frase encerrar la vieja, cambiando incluso el verdadero significado de enserrar que no se recoge  en el diccionario, por encerrar.
De ahí,  que la imaginación infantil llegando a extremos inusitados, la trasladara al terreno del juego y a la diversión malsana.
"A encerrar la vieja, que es una tía…."

          Ese día, cuando se cumplía la mitad de la Cuaresma, en la clase sexta de las Escuelas del Ave María, mi maestro D. Fernando Fernández Crespo, gran dominador de la pintura a la acuarela, dedicaba un día entero de la semana al dibujo, a él le debo, en parte, a mi edad de siete años, despertárseme el gusanillo hacia el dibujo, en primer lugar, y después a la pintura.

                                   El 3º de la tercera fila por la izquierda, camisa blanca, ese era yo
                                                                  con mis compañeros de clase y el maestro D. Fernando Fernández Crespo

El día de la Cuaresma, mediado ésta, después de explicarnos el significado, que yo he trasladado anteriormente, dibujábamos del natural, una gran “bacalá”, que traía de su casa, partida por la mitad y que mi maestro colgaba de una guita del encerado.
Por si alguien ignoraba el significado de esta celebración, desconocida en estos tiempos, aquí queda grabada como un recuerdo más, para que pase a engrosar el baúl de las remembranzas albaicineras.

                                         José Medina Villalba





7 comentarios:

  1. Amigo Pepe:Como siempre he disfrutado con la lectura de este correo, que se puede definir sin temor a equivocarse, como un relato costumbrista celebrado tiempo ha, por ese barrio de tus entrañas, y en el que a través de tus relatos, vas plasmando tus experiencias recordadas a lo largo de tu vida. Esta tradición o costumbre afortunadamente desaparecida y en parte mitigada según cuentas, al cambiar la vieja ofendida por una niña disfrazada. No hay duda de que tienes la habilidad de actualizar el reloj del tiempo. trayendo y extrayendo de la memoria, esas vivencias que marcaron una época, un tiempo que tu tan acertadamente revives. Ese recorrido callejero que hacíais en esa fiesta, describe sin pensar esos paseos de tu juventud archivados en el disco duro de tu cerebro, pero dispuestos a salir a la realidad, a la menor ocasión que se le presente.
    En los días de cuaresma y ayuno mi madre, cocinaba el famoso potaje de garbanzos con bacalao y a la vez también se vendían las bulas para poder saltarse la prohibición y quedar eximido de esa tradición, con el dinero que se recogía con estas ventas, se ayudaba a personas que no tenían nada que llevarse a la boca, los niños disfrutábamos recorriendo todas las calles del pueblo, tocando la carraca con aquel sonido característico, avisando de la hora de los oficios. Los altares de la Iglesia tapados con paños negros o morados, y la radio emitiendo un tipo de música que invitaba a la tristeza y al recogimiento personal. En fin amigo Pepe unas fechas que sirvieron para completar un tipo de formación. Desde muy pequeños estábamos en contacto con los acontecimientos básicos de la vida y la muerte,entierros bodas, bautizos, que nos iban empujando a las nuevas etapas, que de una forma incuestionable debíamos afrontar. Con sus pros y sus contras, no reniego de esa etapa que nos tocó vivir, que nos enseño a sangre y fuego que sin esfuerzo y trabajo nada se consigue en la vida. Te agradezco muchísimo amigo Pepe, esa no muy habitual cualidad que tienes de despertar los sueños ya dormidos de nuestra juventud. Un fuerte abrazo de tu amigo Pepe Cuadros.

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    1. Amigo Pepe:
      Aprovechando que aún no ha pasado este halo ambiental, que nos envuelve estos días, intento responder a tu excelso comentario.
      Cuando son las una y media de la mañana y llegan a mis oídos, los toques rasgados de las trompetas, tambores y gigantesca banda de músicos uniformados, que han acompañado a una de las varias procesiones que salen de esta barrio de los "greñuos", (Barrio del Realejo) donde moro, volviendo a leer tu comentario, me he vuelto a llenar de la emoción de aquellos recuerdos de la infancia que todos vivimos: la Cuaresma, las vigilias y ayunos, según "La Santa Madre Iglesia", que tan a rajatabla llevaban nuestras madres, los Vía-Crucis en las iglesias, e incluso por las calles de los barios y de los pueblos, el recorrer los "Monumentos" el Viernes Santo", con las mujeres elegantemente vestidas de mantilla, el olorcillo a las frituras de buñuelos, pestiños, torrijas, que con tanta delicadeza hacían nuestras madres, mientras nosotros, pegados a la orilla del fogón, veíamos echar la masa en el aceite hirviendo y cómo se convertía, en un esponjoso globo flotando orgulloso, había nacido un buñuelo, que después de emborrizado en azúcar nos llevábamos a la boca, aún me viene, en estos momentos, el rico sabor de aquellos buñuelos.
      Son tantos los recuerdos, que los dos nos hemos traído en estos instantes, que nos ha hecho convertirnos en niños.
      Soñar despiertos es maravilloso, pero soñar cómo niños lo es aún más.
      Que el próximo año sigamos saboreando las delicias que nos trae la Semana Santa, querido Pepe. Amén (Que así sea)
      Un fuerte abrazo.

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  2. Mi amigo Pepe en este relato me he muerto literalmente de risa.La vieja ,la tia pelleja...me he visto vestida de ella y llevando esos arapos hasta he podido oler ese olor tan característico....también me he visto dando garrotazos y hartarme de reír.Era un juego divertido ...yo me lo he pasado genial ...y ya me se hasta la canción.Hoy en día de han perdido todas las tradiciones aunque mi madre siempre hacia bacalado en semana santa..disfrazado de albóndigas o con tomate.Como siempre disfruto mucho con tus relatos pero con este me he hartado de reír con la vieja ...pelleja ...jaja..y por supuesto aprendiendo viejas tradiciones...que siempre es un placer leerlas escritas y reparadas por tu.Con la precisión,objetividad que te caracteriza .Me encanta Pepe cada día más enganchada a tus relatos ...siempre aprendo algo importante.Muchas gracias Pepe.

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    1. Querida amiga Raquelilla, siempre viene bien salir de la monotonía que nos impone el quehacer diario. Intento en algunos de mis relatos, traer recuerdos del pasado que hagan a los lectores pasar momentos de relax, si con éste, las carcajadas han invadido la estancia donde te encontrabas, sin que hayan perturbado la estabilidad emocional de tus perritas, es la mejor moneda con la que puedes pagar mis relatos. Un fuerte abrazo.

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  3. Interesante relato que recoge una costumbre propia de una época. Comparto tu acertada descripción de unas costumbres y de un barrio que afortunadamente conserva su embrujo a pesar de la atención insuficiente que recibe para su conservación y mantenimiento. Felicidades por tu descripciones de un paisaje y su paisanaje.

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  4. Interesante relato que recoge una costumbre propia de una época. Comparto tu acertada descripción de unas costumbres y de un barrio que afortunadamente conserva su embrujo a pesar de la atención insuficiente que recibe para su conservación y mantenimiento. Felicidades por tu descripciones de un paisaje y su paisanaje.

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    1. Gracias, Emilio, por tu comentario hacia mi relato. Comparto contigo la opinión sobre un barrio histórico, punto de atracción de todos los que nos visitan, Patrimonio de la Humanidad, reconocido por la Unesco y que no reciba la atención que se merece.

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