domingo, 14 de abril de 2019

SEGUNDO DÍA POR IRLANDA




                                                  Connemara
Las seis de la mañana, no es una hora muy propicia para levantarse, así que querido lector me vas a disculpar pero no hay más remedio que hacerlo, porque a las siete nos espera el desayuno, y a las ocho tenemos que estar en el autobús, camino de Connemara. Condado de Galway.
La maleta y su contenido comienzan a quejarse, hace un rato prácticamente que la hemos abierto, para arrancarle las prendas fundamentales que nos teníamos que poner,  y pronto la hemos  tenido que cerrar porque aquí a este hotel llamado Travelorge no vamos a volver hasta el último día, después de haberle dado la vuelta a la Isla. 


                                               Hotel Travelorge

Una larga cola nos espera en el desayuno, vamos tomando en el bufett libre, lo que diariamente no somos capaces de comer por las mañanas cuando estamos en casa  pero, ¿quién se resiste ante tanta variedad de alimentos con su buena presencia y colorido? 



La mañana se  ha levantado con gran limpieza, el cielo con un azul celeste, pincelado con el adorno de unas plumas blancas nos dan los buenos días, mientras un suave fresquito nos va acariciando, se siente el rodar de las maletas que con la galbana propia de la madrugada se arrastran con cierta pereza. 



Larson, como fiel controlador del grupo, cuya responsabilidad cuelga sobre sus espaldas, después de un saludo mañanero va comprobando la situación de los pasajeros con alguna nota de humor. (Estimado lector por si te has enrolado en este segundo día en el viaje, Larson es nuestro guía)


Alguien falta, y la salida se demora, son momentos para tomarlos con buen humor, a cualquiera se le pueden pegar las sábanas y no por eso nos tenemos que molestar.
 El cielo clareaba con un azul celeste y unas briznas de nubes blancas a modo de peines atusaban adornando el  firmamento, mientras débiles rayos de sol penetraban tímidamente por el parabrisas transformado la cabellera y barba de Larson en un cúmulo de cabellos color castaño.

                                         El cielo clareaba con un azul celeste....

Las carcajadas se dejan sentir mientas Larson va cantando en voz alta el estado de la lista, para comprobar quienes son los que aún no han puestos los pies en el estribo del bús.  
-Encarnación y Ricardo, ¿estáis?, María Encarnación con Ricardo, ¿estáis? Miguel y Asunción... José Medina, estás…., aquí estoy a tu lado para que no se me escape nada.



Un poco de gracejo filtrado mientras se pasa lista, hace que la tensión se relaje y las carcajadas se conviertan en unos acompañantes sin asiento, que van a inundar la estancia.  


Solucionado el problema, estando los cuarenta y seis de abordo en sus respectivos asientos rumbo a Connemara, nos empezamos a abrigar con las informaciones que surgen nítidamente por los altavoces, nos dirigimos en primer lugar para visitar la Abadía de Kylemore, un lugar precioso y poco después nos iremos a almorzar a unos diez minutos de allí, la tarde la pasaremos por Galway, donde conoceremos la bahía, la Catedral, el castillo de Lynch, y sus curiosas callejuelas, finalmente el traslado al hotel en la zona de Galway, alojamiento, cena y descanso.
El panorama que se nos presenta hoy nos llega el “tufillo”,  que va a ser bastante aleccionador.
Mientras Larson habla, nuestra visual contempla el panorama  a la velocidad marcada por  el cuanta kilómetros del  que nos transporta, son imágenes que se suceden vertiginosamente, se van deslizando  como la película que ligeramente va pasando por delante, en una pantalla de cristal, diminutos coches de juguete, circulan alrededor de una rotonda donde los amarillos se mezclan con los verdes formando un enorme círculo, en la lejanía árboles durmiendo el letargo del invierno, con la descarada desnudez que le imprime la estación invernal.


El jefe, llamémosle así, nos presenta un pequeño problema, para otros un gravísimo dilema,  parece que la relación que han mandado desde Madrid, no es correcta la distribución de las habitaciones y si el “diablo” no lo remedia, que por eso es diablo, van a ser ocupadas por parejas que a lo mejor no se han vista en la vida.   

 Las risotadas y el alborozo va animando el estatus ambiental que influye para ir creando un estado de amistad que por momentos se va incrementando. 
Se suceden las casas enlazadas con sus monteras oscuras a modo de sombreros, que le imprimen cierto carácter de seriedad,  alternándose con edificios industriales, gasolineras, enormes extensiones cuajadas de coches como si hubiesen caído del cielo, campos verdes, mientras aparece la  figura de nuestro querido Paulino,  parece existe cierta dificultad al tenerle que asignar habitación. Todo esto va sirviendo de caldo de cultivo para que los lazos de camaradería vayan creciendo. 


Larsón se convierte en un “Juan y Medio” intentando convencer a  los que van individualmente para que formen pareja, pero con poco éxito al respecto.
El verde del campo se entremezcla con los ocres, que hablan de la falta de agua en un lugar donde la constante diaria es la lluvia perenne.  Al fondo, tocando el horizonte puntitos blancos mezclándose con rojos, celestes, y el bullicio interminable de toda clase de vehículos, convierten el panorama en una realidad vital de un paisaje que se manifiesta vivo al amanecer. 



El caminar a estas horas se hace a un ritmo lento, parece como si los cinco millones de habitantes hubiesen cogido esta mañana sus coches, para salir a la carretera.
Irlanda es una isla aparentemente grande, pero si la pudiéramos recortar de un atlas y la colocáramos sobre Estados Unidos, Australia o Canadá veríamos que se nos pierde. 


Las palabras de Larsón se van perdiendo, son léxicos que se difuminan mientras mi mente en esa caminar lento de esta mañana, va entrando en un sopor de sueño perdido, me voy encontrando en el primer momento de la vida con dos carreteras,  dos caminos a elegir en esa carrera que comenzó hace años, la carrera de la existencia.


Había que elegir, uno me pareció largo se perdía en la espesura,  estrecho y sin asfaltar, en los bordes crecían zarzales, grandes nopales con espinas, difícil de transitar, el otro amplio, pero de corta extensión, asfaltado,  y  con verdes praderas,  las márgenes con floridos vergeles, estuve un rato de pie pensando cual debía de tomar.


Caminé largo rato por el dificultoso, dudé si debía haber regresado sobre mis pasos, pero al final resistí, he luchado, he combatido, he salvado dificultades y ahora me alegro de haber triunfado, fuerte y contento ahora viajo por el camino abierto solo me espera otro, el de la eternidad. 


Irlanda y Gran Bretaña siempre han vivido unidas unas veces para bien y otras no tanto. Larson va  hacer un detenido recorrido de la Historia de Irlanda partiendo de la Edad de Piedra, cuando llegan los primeros pobladores, dejándonos esos legados, los monumentos megalíticos, las tumbas redondas que salen por todos sitios en Irlanda .


                                             Monumentos megalíticos
           
Pasarían por la Edad del bronce, metal que se  encuentran en las minas del Sur e incluso exportaban, refinamiento en la construcción de útiles, como vasos, llega la música con instrumentos de metal, y sobre todo  nace la joyería, que les hace ser conocidos por toda Europa. 

                                                    Joyería

Setecientos años antes de Cristo aparecen los Celtas, procedentes de la Europa Continental, llegaron muy bien armados, conforme se extendieron por el país crearon sus centros de poder con un sistema bien estructurado, había unos doscientos reyes desperdigados por toda la isla, permanecieron hasta que llegaron los galos procedentes de Francia,  trajeron como lengua el gaélico, construyeron carreteras  y después llegaron los romanos con el Emperador Agrícola intentaron quedarse, pero el clima fue su mayor enemigo y desistieron, un país lleno de bárbaros e incluso hubo quien dijo que a los irlandeses les gustaba comerse a sus parientes muertos. 



San Patricio trae el cristianismo a Irlanda, aparecen los druidas grandes hechiceros en los que confiaban los reyes, éste es el panorama que se encuentra Patricio cuando llega aquí.



Lersón, (no sé la licenciatura que tiene) lo que sí pude observar es que tiene una habilidad suficiente como para captar la atención de los oyentes, claro, los que permanecían despiertos porque algunos habían tomado ya las de "Villa Diego" y dormían recuperando el sueño perdido.
  Mi querido lector, para que no te vayas a quedar dormido, te dejo unos cuantos vídeos más en este caminar lento y pausado del autobús y podrás seguir escuchado las explicaciones de Larson y el paisaje con el que íbamos tomando nuestro segundo desayuno paisajístico. 
Esta mañana había una competencia entre los vehículos que por la otra vía caminaban a gran velocidad, con la consiguiente envidia de los que marchábamos por la contraria.  



Nuestro guía, todo tranquilo y parsimonioso, sigue con su relato sobre la invasión de los Vikingos y después la de los normandos.



Cortinas de vehículos peinaban la calzada bajo la luz del cielo que había aparecido con un celeste, que se iba transformando en un blanquesino aborregado que caía del cielo. 

                                    Un cielo transformado en un blanquesino aborregado

La carretera pronto se le quitó el nudo que durante un largo rato se le había echado en la garganta, ante la imposibilidad de poder caminar ante el atasco lento que durante un buen rato nos había retrasado en el horario previsto, ahora Atarás con su pie apretando el acelerador hace que nos desplacemos a gran velocidad tragando carretera como el hambriento que ha estado varios días sin introducir en su cuerpo alimento alguno.




Casitas como centinelas esparcidas por el campo, protegidas por otros guardianas firmes como verdaderos soldados al borde de la carretera, campos verdes, y un cielo azul intenso navegando sobre él, veleros blancos que corren al par nuestro.


Larson informa que obligatoriamente y según lo prescrito por las normas de tráfico hay que hacer una paradita, el conductor tiene que descansar, el vehículo también y nuestros cuerpos piden respirar aire del campo y evacuar el líquido que llevamos dentro del cuerpo, así es que un área de servicio nos da la bienvenida.


Caras sonrientes, acompañadas de pasos acelerados se precipitan, para encontrar pronto el refugio apropiado que les aliviará los cuerpos. 


El área de servicio está muy bien equipada, no solo se puede consolar el estómago con un café, sino que hay toda clase de viandas que llevarse a la boca y e incluso souvenir, así como una buena decoración con enormes fotografías de paisajes de Irlanda. 



Pequeños corrillos cambian impresiones y refuerzan los lazos de amistad, hay quien aprovecha para comunicarse con sus más allegados en España
.



Larson nos comunica que el restaurante nos espera a las dos de la tarde y aunque pasaremos por Gaway, donde al final tendremos que venir a pasar la noche, una vez cumplimentado nuestro epigastrio, iremos a la Abadía y el resto se irá desarrollado según el tiempo lo permita.


Estamos cruzando la isla de Este a Oeste. (Foto Irlanda)


Seguimos en dirección a Connemara, región que se  caracteriza por las turberas, carbón vegetal en descomposición, lo extraen  lo dejan secar al sol y sirve como fuente de energía, se utilizaba como elemento de calefacción. Nos encontraremos lagos, montañas, esta región está considerada como la reserva espiritual de Irlanda, se conserva la cultura gaélica y es uno de los sitios preferidos por los irlandeses. 


                                                       Turberas

Es un territorio de belleza salvaje, las tierras son pobres y las condiciones de vida han sido muy duras, la costa está plagada de arrecifes y de pequeños islotes, ha existido mucho pillaje con el naufragio de los barcos, que compensaban los pocos ingresos de la pesca, abundan los pantanos que aportan turba muy utilizada por los habitantes de este región y lagos que llegan hasta el mar, existe la cadena montañosa de los doce picos, en general nos vamos a encontrar con un paisaje solitario, agreste, pero con una belleza que no se deja domesticar fácilmente, con un romanticismo que no se ve en otras partes de Irlanda.




Comenzamos a entrar por las carreteritas estrechas con badenes continuamente, a veces el autobús se clavará de cabeza y nos pondrá los “loliolos” en la boca y los ovarios a otras en la garganta, la montaña rusa de la feria será el juguete más divertido comparado con esta otra que nos vamos a encontrar por aquí, si a esto le unimos las ovejas que incesantemente  nos vamos a encontrar por las carreteritas,  no tienen inconveniente en asentarse plácidamente en medio de ellas, doble complicación. 

Estamos advertidos, así que nadie se asuste ante cualquier circunstancia que se nos presente, y tú mi querido lector tranquilo solo que agárrate bien al brazo de tu butaca por si en en uno de estos baches te pudieras caer del asiento. 





Es el lugar donde mejor se conserva la cultura y el idioma gaélico por lo que durante los veranos se suele desplazar gentes para ahondar y empaparse de la cultura y la lengua gaélica que está protegida por el Estado. El gaélico fue hablado por cuatro millones de irlandeses, fue decayendo cuando la burguesía católica empezó a utilizar el inglés porque lo consideraban como idioma más elegante, incluso fue prohibido oficialmente de tal manera que los niños eran castigados si utilizaban la lengua materna en la escuela, quedó simplemente para los campesino que después sufrirían la trágica hambruna.

                                                  Escritura gaélica 

Van pasando escenas y secuencias de árboles desnudos, de casitas que miran desoladas a los transeúntes que pasan.


  Un cielo intensamente azul que es casi una novedad en estos lugares , donde la niebla y la lluvia continua son el lenguaje diario que atmosféricamente por aquí se habla.



Hay silencio en el habitáculo, pero un silencio impuesto por lo que nuestros ojos van descubriendo, cómo nuestro autobús va rozando los postes de la luz que hay al margen de la carretera, o cómo viene disparado a gran velocidad el camión maderero que tiene reforzados los espejos retrovisores, y como el rey de la carretera se va llevan por delante todos  los autobuses que osan quitarle terreno.
Las ovejitas muy pintureras con sus manchas de rojo, azul o verde, deambulan tranquilas por las extensas praderas proclamando, unas que han sido vacunadas, otras que han sido montadas, y alguna tan sumamente montada que hasta el hocico lo tiene ampliamente lleno de rojo.
Rápidamente Larsón para evitar que alguien inocentemente le pregunte  a qué se debe esto, se cura en salud diciendo, que no vaya nadie a preguntarme el por qué. 



El día es sumamente espléndido, un Sol que se derrama a raudales, el cielo con un azul semejante al que nos tiene acostumbrado Andalucía, se sale de los cauces normales en estas tierras, donde la niebla, las nubes y la lluvia es la tónica normal. 





Las mismas casitas desperdigadas por el campo relucen con más intensidad y en sus rostros se puede contemplar el fulgor resplandeciente de sus tejados y fachadas.



También dentro de los que marchamos caminando sobre ruedas, desbordamos a raudales sangre de juventud contenida, porque los años que portamos no es plasma de cuerpos vencidos y oscuros, sino plenos de Sol que desean refrescarse con la visión y el disfrute permanente de un viaje donde el astro luce en abundancia. Un alto resplandor la llanura ilumina, los árboles comienzan a vestirse, los colores van asomando sus cabecitas, plagando de flores los campos y hasta se han vestido de verde intenso para salir de fiesta. ¡Huele a pañales de primavera!  







Carretera, estrecha de balanceo continuo, apenas si cabe el autobús, el ánimo encogido por si en cualquier momento en una de las curvas apareciese un “tiburón”, de esos que marchan velozmente por la familiaridad que tienen sus yantas sobre el asfalto, y nos pueda dar un abrazo cariñosos.
- Lector, no te inmutes pero contempla el vídeo.


                                        Camiones que pasan a escasos centímetros


Había que descansar y reponer un poco de fuerzas para poder continuar hacía la Abadía de Kilemore.
El almuerzo dio crédito a la información que habíamos recibido, como elemento básico, tanto en la sopa  como en los platos siguientes de carne y verdura, toda lozana y majestuosa allí estaría la patata, la rubia  cerveza  sería una buena vaselina para pasar este condumio. 






El local muy acogedor en un ambiente donde la madera es la protagonista, por lo acogedora que es, en una región en la que el jefe absoluto es el frío y la lluvia.





                                             El restaurante donde almorzamos

Nos dirigimos a la Abadía de Kilemore, curvas, estreches y sobresaltos, son los elementos básicos que nos van a seguir acompañando, edulcorados por las informaciones de nuestro guía, nos van a ir dando un avance detallado de lo que vamos a contemplar. 


 La tarde se había vuelto un poco resultona y el frío y el airesillo que cortaba el cutis, hacía que nos abrigáramos caminando hacia el lugar de la entrada, no había amenaza de lluvia pero el cielo se había vestido de oscuro con algunas pinceladas de azul, las nubes habían echado a patadas al sol que a duras penas, de vez en cuando, encontraba resquicios para asomarse.



Larson fue repartiendo las entradas, el camino se iba acortando contemplando el panorama y haciendo alguna parada para seguir tomando contacto e irnos conociendo y al mismo tiempo poder  realizar algunas fotografías.








Tal como se había programado el autobús nos trasladó al jardín misterioso, pasando por un bosque de árboles centenarios cuyos troncos, cargados de años dejaban sobre su piel la señal de las arrugas, que el paso de los años originan sobre cualquier ser viviente.



Enormes gigantes con sus brazos extendidos con ansias de devorar a los que osaran lo más mínimo contra ellos, cogiéndonos como diminutas hormiguitas para elevarnos a las alturas y allí devorarnos mientras nuestras figuras, enanitos del bosque, admirábamos la grandeza  con ojos contemplativos, y nos permitíamos llevarnos tanta corpulencia en nuestros diminutos iphone.




El jardín equiparándose a la corpulencia de los “gigantes”, que hacían guardia en nuestro recorrido no podía ser menos, grandes discos impregnados de verde, geométricamente bien diseñados, permanecía estáticos,  con sus ombligos pintados de diversos colores,  apretados por cinturones oscuros rodeándolos.



No son los jardines recoletos y románticos de los cármenes albaicineros o de la Alhambra, ni de Versalles, están confeccionados para que por las noches los gigantescos árboles, cuando nadie los pueda ver, dejen sus aposentos y emprendan sus paseos por los anchos caminos que los bordean buscando a sus amantes para deleitarse en arrumacos amorosos.




Otro bosque deshilachado de pequeños infantes se encuentra cerca apiñados con su enorme aro, para recreo y divertimento en las horas que el tiempo se lo permita.


El  jardín es una mezcolanza entre huerto y jardín, hay grandes parterres, donde se cultiva hortalizas y otros que hacen de pequeños viveros.




Algunos arbustos se encuentran entre mezclados, para que todo no sea plano, posiblemente podrían ser las perchas donde la floresta cuelgue sus ilusiones.



El regreso en busca de nuevo del autobús, que podría ser el príncipe encantado de este bosque misterioso, hay que irse impregnando del musgo donde los gigantes de la espesura depositan sus enormes pies.


  Las ovejitas que pastan sin abrir la boca por los alrededores.


 Acercarse a oler el perfume que desprende el pequeño pino que es una nimiedad ante tanta grandeza descomunal.

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Después de este recorrido, cada cual a su aire, y todos respirando el oxígeno del bosque desnudo, y del jardín que comienza a florecer, nos dedicamos, unos a echarle un vistazo a la caseta de madera para ver las fotos que hacen referencia a lo que acabamos de disfrutar, mientas otros plácidamente esperan sentados. 




Los comentarios surgen sobre lo observado mientras nos transportan entre barrotes donde poderse asir, y los lazos de amistad se van lentamente reafirmando. 



Algunos prefieren volver andando.



Hay que realizar la segunda parte, la visita a la Abadía, la tarde nos sigue acompañando con una luz ámbar que arrastraba nuestra sombras, un enorme cartel nos indica que la temporada de visita a la Abadía está cerrada. ¡Desilusión! 


 Había que dirigir nuestros pasos hacia la pequeña catedral y al lugar donde reposan los restos de Margaret la esposa del que construyó la Abadía Mitchell Henry,  el camino  cómodo,  el escenario inigualable, entre un bosque espeso donde sigue la tónica de árboles gigantescos, con el rizado de las aguas de un lago, acariciado por el airesillo vespertino son sonrisas que  nos acompañan  a nuestra derecha. 


Hagamos un breve repaso a la historia de la Abadía, antes de llegar a la pequeña catedral y el enterramiento  mausoleo  de Margaret.
La Abadía de Kylemore, es un convento de monjas benedictinas fundado en 1920 sobre la base del castillo de Kylemore, en Connemara, condado de Galway, república de Irlanda. El nombre de Kylemore es originario de las palabras irlandesas Coill Mór, gran madera. 


La Abadía de Kylemore (originalmente, Castillo de Kylemore o Kylemore Castle), fue construida entre 1863 y 1868 como hogar privado para la familia de Mitchell Henry, político y empresario de Mánchester, Inglaterra, que fue también parlamentario por el condado de Galway entre 1871 y 1885. 

                                                      Mitchell Henry


  Después de la muerte de su esposa Margaret en 1875, Mitchell no permaneció mucho tiempo en el castillo. Ambos están enterrados en un pequeño mausoleo cerca de la iglesia en la abadía. 
Tras cambiar de manos en dos ocasiones más, el castillo se transformó finalmente en abadía cuando las monjas benedictinas huyeron de Ypres, Bélgica durante la Primera Guerra Mundial.


Las características arquitectónicas más importantes de la abadía son la iglesia neogótica (construida entre 1877 y 1881), una reproducción en miniatura de la catedral de Norwich, hecha de mármol verde local de Connemara, y el jardín Victoriano amurallado.


La abadía albergaba un internado de mujeres internacional que fue cerrado en el 2010. Las visitas turísticas se limitan a los jardines, unas pocas salas de la abadía, la iglesia neogótica y el mausoleo familiar, además de las áreas destinadas a los turistas, como el restaurante o la tienda de recuerdos.





Continuamos nuestro paseo, deleitándonos en los árboles cuyas ramas sedientas se inclinan a beber el agua del lago, en alguna cascada, o en los que decapitados permanecen en suelo. 





 Los que llegan algo cansados del caminar por el sendero que serpentea por medio del bosque,  no quieren perderse la foto.



El interior de la pequeña catedral es acogedor, muy luminoso, con grandes cristaleras, estilo neogótico con nerviaciones que se entrecruzan en la techumbre, bellas vidrieras  y bellas señoras contemplado lo que allí se encierra.








Al margen, un pequeño cementerio donde  yacen los restos  de personajes  ligados a la Abadía.




Había que deshacer el camino.


 Mientras, el crepúsculo del atardecer se introducía por el entramado del ramaje, dejando destellos luminosos sobre el sendero, los pasos acelerados de los caminantes los íbamos hollando, en tanto las aguas onduladas de la gran charca nos dejaban un adiós que se consumía en un silencio que adormecía.  




La Abadía ha comenzado a acicalarse en su toilet, son las últimas horas en las que el sol a escondidas entre las nubes quiere dejar sus últimos vestigios para que las torres del cenobio cartujano se vaya desmelenando, quitándose el maquillaje que el sol le ha dejado durante el día, y ponerse el camisón que las oscuridades de la noche le van colocando.


 Nosotros nos vamos, pero nos queremos llevar todo el encanto que a estas horas se respira. 


 Prestos a coger el autobús después de haber disfrutado de una tarde en plena Naturaleza, solo nos ha faltado la princesa encantada y el príncipe, que hubieran terminado con el final del cuento vivido por estos lugares.




Caminamos en dirección a Galway, donde nos espera nuestro nuevo hotel la cena y el alojamiento.  


Galway, es una  ciudad que tiene pocos atractivos monumentales, como suele ocurrir en todas las irlandesas, resulta un tanto caótica, la verdad es que tiene una gran animación, sobre todo en invierno por la ocupación de los estudiantes que constituyen una quinta parte de la población y en verano por la cantidad de gente que viene a aprender inglés muchos de ellos españoles, así como muchos turistas que acuden a disfrutar de los encantos de la ciudad. 

                                                    Galway

La historia de esta población está basada en los normandos y en sus relaciones comerciales con España y Portugal, los españoles traían vino y se llevaban arenques, en este trasiego de comercio hubo también intercambio corporal, mestizaje que dio lugar a la belleza de las mujeres que aquí moran, ojos azules y pelo negro.  

                                                La belleza de las irlandesas

La historia de Galway inmensa en una serie de diversas gentes que en el transcurso de los siglos la fueron invadiendo, llegó a su máxima decadencia cuando en el siglo XIX apareció la célebre hambruna.
Pueblo orgulloso que se llegó a comparar con Roma, hasta que llegó Oliverio Cronwel y sus soldados.  Tras la derrota estas familias que tenían el poder se tuvieron que marchar y esto supuso un duro golpe para el comercio principal actividad de Galway.

                                              Oliver Cronwel

Hay un anillo llamado de Claddadh que según la posición que ocupa y la mano que lo porta indica el estado civil de quien lo lleva.


En Galway vamos a ver el Castillo Lynch, residencia del siglo XVIII que perteneció a la familia más antigua de la ciudad que tuvo a su primer alcalde, hoy día pertenece a una entidad bancaria, veremos la calle de las tiendas, el puerto el lugar donde atracaban los barcos españoles y la catedral.





Una escultura de chapas de hierro, Eyre Square, a modo de discos fraccionados con mirada hacia el cielo será el punto de concentración desde donde nos dispersaremos para recorrer las calles de Galway, lugar de concentración para regresar al hotel.


La noche ya había hecho presa en la ciudad, comenzamos a caminar por una ciudad  cuyas calles desprendían sonidos de callejeros tocando instrumentos, guitarras, grupos con violín, guitarra eléctrica, caja de resonancia, 



e incluso pasos de baile sobre una plataforma circular, donde el sudor que chorreaba sobre el cuerpo de un joven, que con gran habilidad interpretaba individualmente una especie de baile de claqué  irlandés, animaron a una de mis compañeras a ponerse a su lado y a acompañarle con una buena sintonía.




Las luminarias de los comercios imprimían una policromía de colores diferentes a la diversidad de comercios y restaurantes resaltando la variedad de tonalidades de las distintas fachadas, convirtiendo la calle en un festival de tonalidades con pigmentaciones diferentes.





Algunos escaparates exhibían los productos típicos de la región, lana, licores productos derivados de las ovejas.



La literatura ocupaba su lugar con el grupo escultórico en bronce, Oscar Wilde  junto a su hermano invitaban a posar en grupo o con cierto desenfado, con un personaje literario conocido mundialmente.




Había que cumplir con el horario, y  prestos a ello pronto nos encontrábamos al pie del autobús, para dirigirnos al hotel que nos esperaba con ganas de llegar, cenar, y poder descansar puesto que el día había sido bastante ajetreado, y nos esperaba un tercer día con una buena levantada.


En el recorrido hacia el hotel, Larson nos contaría una anécdota curiosa que les ocurrió a dos amigos, querido lector sino estás cansado te dejo el vídeo para que te distraigas un poco. 


Las instrucciones para el día siguiente van saliendo a la palestra, siete desayuno, ocho salida para los Acantilados de Moher, llegamos esta noche al hotel, dejamos las maletas, nos lavabos las manos y a cenar.


En perfecto orden vamos recogiendo las llaves de las habitaciones y por esos largos pasillos en los que después te vuelves loco para encontrar tu habitación, tirando de la maleta nos vamos retirando para volver rápidamente al comedor.



Querido lector si me quieres acompañar a cenar te presento los platos, ahora si te gustan o no, te pido por favor que no me preguntes de qué se trata porque ni yo mismo lo sé. 




Entre el calor de las conversaciones, recordando todo el ajetreo del día, cansados, pero satisfechos, vamos dando fin a esta segunda jornada para retirarnos a descansar, hasta el próximo que ya casi lo tenemos encima. 




Aquella noche vagaron por mi mente infinidad de escenas, verdes praderas, abadías convertidas en castillos, gigantes monstruosos convertidos en árboles cuyas ramas me cogían y me apretaban con delicadeza, casas y más casas, que pasaban vertiginosamente, fachadas de edificios transformadas  en una ruleta que giraba como si fuera un abanico de colores, sentía el dulce aliento del cielo soplando sobre mi cuerpo, creí sentir otra brisa que corría con suave rapidez que me traían sucesivos días de satisfacciones, días de dulce ocio y esparcimiento, mientras caía por un abismo en un profundo sueño.

                                      José Medina Villalba.

13 comentarios:

  1. Amigo Pepe:Como siempre, he podido comprobar que tus visitas a otros lugares alejados de nuestra tierra,no se limitan a un paseo visual,sino que adjuntas tanto detalles de costumbres de sus habitantes, parte meteorológico, historia del país, monumentos arquitectónicos, detalles físicos del territorio, costas, lagos y montañas religión que se practica etc. etc.
    Con estos completos reportajes, estas perjudicando a las agencias de viajes, porque para que voy a ir Irlanda,si en cuanto termine tu visita,la voy a conocer a fondo y de paso me ahorro,con tanto madrugar, pasar frío e ir con el corazón encogido por las carreteras,puedo terminar linchado como el dueño del castillo del mismo nombre, es broma te felicito a ti ya todos los acompañantes,por conocer nuevos lugares de esta bendita tierra, que nos han enseñado, que es el centro del universo,aunque acabo de ver en la televisión que la fotografía que han conseguido hacer por vez primera, de un agujero negro, está situado a una distancia de cincuenta millones de años luz de nuestro planeta, así es que de momento te tienes que limitar a lo que hay.
    En tiempo de los romanos esa isla se llamaba Hibernia, me parece un nombre bastante ajustado a su clima; la relación histórica de Irlanda con España viene de lejos, no solo por las creencias, sino que allí naufragaron algunos barcos de la armada invencible,hasta en el siglo veinte, ha habido un primer ministro y presidente de origen español llamado Éamon de Valera, que falleció en 1975.

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  2. Amigo Pepe: Me he confundido de botón y he cortado antes de tiempo,sin darme tiempo a despedirme ni agradecerte y felicitarte por tu detallista trabajo. Esperaremos para ver que nos trae el tercer día de visita, aquí estamos a veintisiete grados de temperatura y sereno. Un fuerte abrazo de tu amigo Pepe Cuadros.

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  3. Antonio Parrilla Muñoz.
    Querido amigo, se te echaba de menos. Gracias por tu invitación a recorrer tan enigmático país …, Irlanda.

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  4. José Medina Villalba.
    Gracias, amigo Antonio, por tu comentario, poco a poco irán saliendo los restantes días. Un abrazo.

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  5. Alfonso Checa Pozo.
    Excelente, y muy bien trabajada la descripción de ese segundo día.No digamos, el reportaje fotográfico y de vídeos .Podría servir para escribir un LIBRO de todo el viaje

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  6. José Medina Villalba.
    Gracias Alfonso. Un abrazo

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  7. Beatriz Valdivia.
    Buenas noches Don José,ha sido un placer acompañarte, en este segundo día de viaje, gracias por tenerme,el
    asiento reservado,maravillosos tus
    comentarios y descripciones de todo
    lo vivido, sería muy bonito verlo al
    natural los grandes árboles,casas
    Jardines,etc. Me encantan tener
    un amigo como,usted Don José Medina
    Buen descanso y feliz Semana Santa
    Un fuerte abrazo

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  8. Para mi siempre es un placer, saber que eres, querida amiga Beatriz, una ferviente seguidora de mis escritos. Siempre tengo asientos reservados para mis amigos que se dignan acompañarme en mis viajes, y por supuesto como preferente siempre el tuyo. Muy agradecido por tu comentario que siempre es un complemento importante para mis textos. Con tu permiso lo copio y lo paso a los comentarios del blog. Un fuerte abrazo.

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  9. Rosario Mochón Ruiz.
    Hola José.
    Que disfruten mucho.
    Es otra de mis pasiones, poder visitar Irlanda.
    Espero conseguirlo.
    Con sus estupendos relatos y vídeos voy a tener un buen aperitivo.
    Muchas gracias.
    Saludos.

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  10. Encarna Segovia Fernandez.
    Hola José Medina Villalba,el segundo día de vuestro viaje por Irlanda, ha sido muy interesante tanto como el primero ,a medida que vamos conociendo cada uno de vuestros momentos del día me parecen interesante,que gracia lo del cambio de habitaciones,todo parece interesante y un país bonito, me alegro que el segundo día también lo pasarías bien otro objetivo cumplido,,seguiré viendo los próximos días,un placer viajar a través de vosotros estando en casa,gracias por compartir viaje con nosotros,un fuerte abrazo hasta el próximo día.

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  11. Angeles Ruiz Rodriguz.
    Estás muy guapo con la gorra... pero ya se, ¡¡¡como se habrán disgustado los sombreros al ver una intrusa en sus dominios...!!! Un abrazo...

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  12. Angeles Ruiz Rodriguz. He leído el 2º día del viaje.. muy gracioso y un poco arriesgado por las carreteras... pero los paisajes y los vídeos geniales... Me he reído con lo compartir habitación... Una aventura inolvidable... Un abrazo..

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  13. Amparo Mora Montes. Querido amigo, como siempre tu espléndido reportaje nos permite recordar, que es volver a vivir, el segundo día en Irlanda. Son tantos comentarios, descripciones, explicaciones sobre la historia de Irlanda y sus pobladores, tanta minuciosidad, fotos, vídeos, hasta el menú de las comidas ... que mi memoria no podría retener con el paso del tiempo.
    El día fue magnifico. Gracias por tu trabajo, nos permite evitar el olvido y nos enriquece. Un abrazo

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